Cartas babianas (y XXV)

15 de agosto de 2010

Queridos veraneantes:

Mis vacaciones han concluido. Lo de Cicely ya es oficial, y debo incorporarme. Este verano ha sido raro, no ha servido para muchas cosas, ni siquiera ha cumplido la misión que le corresponde. Es justo abandonarlo en este momento, y empezar con nuevos bríos. En cierto modo, el frío de montaña ya me ha expulsado. La reclusión nunca es buena.

También acaba por este año la serie. Escribir a la vista del verano me ha resultado muy útil. He conseguido fugarme y establecer un relato plausible, incluso para mí. No tengo queja. He sabido por confesión de alguno de mis distinguidos lectores que prefieren detenerse en estas impresiones, más que en mis especulaciones baldías. Lo cierto es que la derrota de Ius et Libertas se aleja de la circunspección teórica, y no sé por qué. Para leer cualquier blog hay que acumular importantes dosis de paciencia, se lo agradezco. No conozco a todos aquellos que visitan esta página, no obstante la deuda contraída sólo puedo enjugarla con la disposición a orientar lo aquí escrito a sus preferencias, si consideran adecuado manifestarlas.

El comentario no es fácil. La máquina da cuenta de números, de minutos y segundos, de lugares, palabras clave, buscadores; y el autor se imagina a lectores inverosímiles. Algunos acceden anhelando encontrar algo que sólo tiene un parecido gráfico con lo que encuentran. Otros sienten curiosidad por lo que se dice, un mínimo interés por ver el desenvolvimiento del continuará, aun sin conocer ni tener nada que ver con el autor, le acompañan en sus episodios, leen dos líneas y deciden si acaban la entrada o se van. Finalmente, los conocidos que esperan ver escrito lo que no se dice. Siempre es así, encuentran el bosquejo de una idea de la que nunca me oirán hablar.

Con todos, acabo este verano.  Habiendo compartido un destino que sin ellos hubiera sido peor. Con la conclusión ácida y pesada de que el verano no es propiamente una estación, sino una edad, un tiempo y unos pasajeros determinados. En su ausencia es otra cosa, posiblemente una carta.

Cuídense.

Cartas babianas (XXIV)

13 de agosto de 2010

Queridos veraneantes:

La temperatura ha bajado, pero sigue haciendo sol. Las visitas se suceden y con ellas toda clase de conversaciones. La casa se convierte en una cantina en la que la gente habla con el aplomo de un ser que está de paso. Mi hermana cumplía años y lo celebramos ateniéndonos al guión, calibrando el eneatipo de cada cual, es lo que tiene ser psicóloga.

Lavarse las manos aquí tiene su dificultad. El jabón no es fácil de aclarar y se pega a la piel. Pese a haber alargado la exposición al agua, se deja finalmente la faena temiendo no haberla cumplido del todo. No hay muchos calvos, lo que podría atribuirse a las facultades del agua.  El aire y el agua son elementos constitutivos de una determinada población. En este caso el aire es seco y el agua dura. Extraigan sus propias conclusiones.

Cuídense.

Cartas babianas (XXIII)

11 de agosto de 2010

Queridos veraneantes:

El paseo de la tarde ha servido para desentumecer. Se presagia que el tiempo está de cambio. No importa, han sido doce días estupendos. En los que por la rareza de este verano no he hecho nada realmente. Escribir nada es detestable, pero las cosas son así.

El viernes cocinaré cordero para la comida del sábado. Un almuerzo para no olvidar que los inviernos existen. Cordero guisado. La correlación entre comer bien y cocinar es evidente. No obstante, la especialización ha separado a ambos individuos, el buen comedor no tiene que cocinar, como tampoco el cocinero que comer bien. Este último supuesto es el más interesante, porque en este caso el cocinero debe adivinar los gustos de los comensales. Las preferencias están arraigadas en la experiencia vital, es decir, forman parte de la cultura. Somos lo que comemos. Por eso no encuentro extraño el buen prestigio que gastan ahora los cocineros. Sobre todo cuando los nuestros alimentan al mundo superando el obstáculo de la cocina de mamá. La aceptación universal no es frecuente, por ejemplo hay escritores muy buenos que son apenas leídos en el extranjero. Ni fácil.

En la minúscula escala en la que yo cocino, el sabor del cordero es de la tierra. Si es tan bueno como prometió el carnicero, lo fundamental es hacer que su sabor sea el predominante. El guiso sólo puede ser un acompañamiento y la garantía de que la carne no seque. La guarnición de patatas restará severidad al almuerzo, permitiendo que el último cocinero sea el comensal. La ensalada se dispondrá al principio pero no se retirará. En cuanto al vino, sin perjuicio de que haya tinto, y desafiando a la ortodoxia será un blanco de Rueda frío. Buen provecho.

Cuídense.

Cartas babianas (XXII)

10 de agosto de 2010

Queridos veraneantes:

Debo comenzar confesando mis pecados, en la entrada anterior había cometido un error ortográfico enmendado (raya), tan importante como para disculparme, y extender de antemano la petición de perdón a los que en el futuro (o incluso en el pasado) vaya o haya podido cometer. La adecuada comunicación exige dar importancia a la ortografía, tanta como a la buena dicción, o si me permiten a un regular y buen cepillado de dientes. En esta faena los programas informáticos suelen prestar buen servicio, pero a veces se cuelan o incluso te impiden directamente escribir como a uno le complace. Tradicionalmente se dice que un buen lector no comete faltas de ortografía. No sé si yo puedo serlo, pero sí sé que he desgastado mis ojos leyendo y en cambio incurro en falta (mea culpa). La relectura y la consulta en caso de dudas es la mejor solución. No se puede escribir bien sin paliativos.

La Administración ha ocupado una parte sustancial de la conversación de hoy. Me parecería útil que se escribiera un pequeño opúsculo —que rehuyera de toda erudición y sutileza técnica— titulado: ¿Qué es la Administración? Un manual de instrucciones para que cualquier lego pudiera hacerse una ligera idea. Sería necesariamente descriptivo, tendría que eludir el prurito regulador (lo que debería ser) que tienta a todo autor. Habría de empezar por la superficie, y dando por supuesto un concepto previo tan enjundioso como el de Estado. Descendería en pocas páginas hasta las tripas para narrar las cosas que hace y que maliciosamente muchos tratan de velar. Finalmente debería retratarse al empleado público manos a la obra. Un informe general que permitiría trazar con mayor claridad las reformas, y definir su papel en nuestro mundo.

La luz de la tarde, tardes cada vez más cortas, dejaba en gris la cara sur del Macizo de Ubiña, reteniendo las nubes que se agolpaban en el cielo de Asturias. Podría ser perfectamente el cartón piedra de un decorado de película de los sesenta, en la que los personajes fingen con pasmosa naturalidad estar al aire libre. A medida que el sol se retira la presencia en el patio exige ligero abrigo. Al verano le queda como mucho una semana, pero tiene pinta de amainar levemente, de abandonarse, sin prisa, a los industriosos brazos de septiembre.

«Es una desgracia del Derecho que las ideas resultan enquistadas en frases y a partir de entonces dejan de ser analizadas durante un largo periodo de tiempo.» (O.W. Holmes)

El peor enemigo del Derecho es el dogmatismo puro, la teoría imposible de aplicar, el movimiento lento y pesado de una máquina de razonar anacrónica.  Añado esto al hilo de lo escrito por el Juez Holmes, porque doy vueltas estos días a la típica discusión jurídica en la que hay que emplear mucho tiempo en desbrozar el terreno, para saber qué norma es aplicable y luego calibrar razonadamente sus efectos. Trataré de acercar mi solución a la realidad, y si, al menos consigo que no la entorpezca podré descansar. Lo demás será trabajo vano.

Cuídense.

Cartas babianas (XXI)

10 de agosto de 2010

Queridos veraneantes:

Los veranos ya no son lo que eran. A las ocho de la tarde el pueblo estaba desierto. Nada que ver con mis recuerdos, aunque la memoria no deja por un momento de distraer sino distorsionar la realidad. Como ya habrán advertido es un verano raro, en el que por fortuna, sigue haciendo calor.

El turismo del interior o el turismo rural o como quieran llamarlo es una de esas mentiras que tratan de neutralziar los efectos perversos de un fin de época. El fin de la productividad de buena parte del medio rural. Será coyuntural, el regreso de la economía real los redimirá. Mientras, reinarán los osos, lobos y jabalíes que tan a raya los puso el campesino.

El campo se ha alejado de los países más ricos. Según va mejorando la renta de una sociedad, ésta confía su alimentación a otros, todo tiene precio. Se aborrecen las tareas del campo y se importan. Me pregunto qué ocurrirá cuando los países que hoy nos alimentan se hagan ricos y no quieran empuñar el azadón o conducir un John Deere. Posiblemente habrá que pagar más a quien quiera hacerlo, y volverá el dinero a este lugar.

El problema de la lentitud de estos cambios es que aplastan a quienes hoy están ganándose la vida en un sector que da sus últimas bocanadas.

La noche es tan oscura que resulta fácil dejar de cerrar la persiana, lo que obliga a despertarse antes de que los gallos canten tres veces. Esta clase de oscuridad es digna de ver. Los cristales de las ventanas convertidos en espejos en los que se refleja la luz del flexo. No se puede distinguir nada, y es un buen final para hoy, fundir en negro.

Cuídense.

Cartas babianas (XX)

8 de agosto de 2010

Queridos veraneantes:

Hoy acabo de tener una típica tarde de verano en Babia: una larga y agradable conversación. Si hubiera un libro de actas, sería muy útil para pasar el invierno. En los inviernos no se tiene la posibilidad, y me temo que tampoco la disposición, de enredarse en una larga charla sin principio, ni tampoco final. Hablas con amigos de tus padres, con niños, y viejos de cosas inimaginables, muy alejadas de uno mismo, por las que de pronto sientes una extraña curiosidad.

Cada uno tienes sus temas de conversación recurrentes, y los míos pueden llegar a ser tan aburridos que me he planteado seriamente abandonarlos, y enmudecer.

Contrariamente a la moda del momento, despotricar contra las redes sociales y hacer chistes con lo de ser amigo del Facebook, defiendo la utilidad de las redes sociales. Te permite saber de amigos a los que no ves, y te gustaría. Pero no sólo sobre si siguen existiendo lo que hasta se podía intuir, sino respecto de sus minuciosidades, puedes llegar a tener la información acerca de si han dormido bien o no, si tienen hambre, o sobre su estado de ánimo. Dato este último difícil de conocer en la realidad, hay personas que disimulan muy bien la tristeza, pero las mismas pueden dejar escrito: “estoy de bajón”.  A pesar de la privacidad, las reservas y los datos que se cuidan dejar tus amigos del Facebook, lo cierto es que suelen explayarse mucho. Y se agradece. No obstante la máquina sigue imponiendo una importante barrera y alimentando el equívoco de que lo virtual ocupa un espacio distinto, un lugar invisible. Cuando en realidad, sólo se trata de un potente administrador de distancias, como lo fue el caballo, el tren, el coche, el avión o incluso el simple sello.

La desconfianza hacia este instrumento no es rara. Una de mis bisabuelas le encantaba escuchar la radio, pero no se ponía ante la televisión, así que la ataran, decía que era cosa del demonio.

Espero que mis amigos del Facebook continúen contándome las cosas que hacen o que piensan, porque yo los seguiré, aunque el tiempo (el verdadero impedimento) haga violenta cualquier interacción, que en algún caso especial me gustaría. Quizá algún día despida a todos los demonios. Cuando así ocurra, se lo contaré.

Cuídense.

Cartas babianas (XIX)

7 de agosto de 2010

Queridos veraneantes:

Una boda vintage perfecta. La excelencia está en el detalle y los novios lo consiguieron en todas las formas que aquellos pudieron revestir. ‘Lo que el viento se llevó’ fue el fondo en la cena, y de acuerdo con su argumento, discurrió nuestra conversación. Las conversaciones de ‘El Club’ son infinitas, un amasijo de lo que fuimos y de lo que seremos. Pero sobre todo son indispensables. Tranquilizadoras en las malas rachas, críticas cuando se hace necesaria la corrección o contención, alegres para curar desastres, pacientes y concienzudas en la escucha. Palabras que circulan con una complicidad difícil de encontrar. A estas alturas, sé que hay cosas que sólo a ellos confiaré.

A los pies de San Pedro los bañistas y a la puerta bastantes curiosos contemplando la entrada y salida de la comitiva nupcial. Un día de verano en agosto. Sin amor no soy nada (…), de la famosa epístola de San Pablo a los Corintios, un texto que a pesar de la repetición no se resiente, salvo declamación inapropiada. No obstante, su exégesis abriría una polémica para la que no estoy preparado, será suficiente con aventurar que su potencia expresiva se debe a que de las cinco palabras, tres tienen un claro carácter negativo (sin, no y nada). Se trata de la consabida hipérbole, en la que las gentes, suelen regodearse.

Cuídense.

Cartas babianas (XVIII)

5 de agosto de 2010

Queridos veraneantes:

He vuelto a cruzar el paso para asistir a la boda de una amiga. Aprovecharé para hacer otras cosas y demoraré mi regreso a Babia. Circunstancia que hizo que me interrogara sobre la idoneidad de continuar escribiendo bajo este adjetivo, es decir, si debía o no interrumpir la serie. Finalmente, tomando en consideración que Babia es además de una comarca un espacio imaginario, al modo de Transilvania; he decidido que estas cartas pueden franquearse en cualquier lugar del mundo.

Solventado. Allí es víspera de fiesta grande (advocación de San Salvador), en el pueblo se nota, aumenta el tráfico y se multiplica la población que si bien, no viene por Navidad, lo hace ahora por costumbre. Se trata de una fiesta de prao con las sofisticaciones del momento, orquestas con pretensiones y una discoteca móvil. Sin faltar una barra bien pertrechada. Se bebe mucho, pero como no tengo datos la comparación es imposible, luego también el exacto conocimiento. Algunos bailan, pero los lugareños de edades no proclives a este tipo de fiestas son expulsados de su propia celebración por desconocidos deseosos de privar. Supongo que la finalidad originaria de estas fiestas, en su vertiente pagana, está en procurar el contacto de los vecinos de los alrededores y evitar con tal rozamiento una indeseable endogamia, o si se quiere mejorar la especie. No siempre se conseguía. Nada que ver con el papel que cumplen estos días, en los que ya no producen rumores sobre posibles matrimonios de la mano izquierda. A estas fiestas confiaban los pueblos sus posibilidades de multiplicación. Al margen de esta finalidad de regulación demográfica, de pura supervivencia de las poblaciones, eran el escenario propicio para solventar viejas y nuevas cuitas entre pueblos vecinos. No obstante, este rasgo tiene vinculación (¿estrecha?) con el anterior. El cortejo reducido a la exhibición del gran macho.

Como sabes bien, me he distanciado de esta fecha por una superposición de acontecimientos el seis de agosto. Fecha de fundación para nuestra raza.

La sucesión de veranos forma un ciclo y en los ciclos suceden las mismas cosas con ligeras variantes. También cierta monotonía, tan necesaria como el aire. Incluso, a un conservador como yo le sigue abrumando la perspectiva de saber a ciencia cierta lo que va a ocurrir. Apenas sin desviación, los mismos actores representarán la misma obra que por etiqueta impone la predisposición a la bulla.

Soy partidario de las fiestas improvisadas, como aquellas aventuras en Torrestío,  lamentablemente nunca estuvo en el calendario oficial y sólo acudían los insensatos que no querían darse el menor alivio.

Muchas (casi todas) de mis amigas están casadas, algunas empiezan a reproducirse, por el pueblo danzan los pequeñuelos de padres que no hace tanto tiempo disputaban las carreras de sacos, y yo me dedico a escribir cartas, como si no fuera un comediante más (perdón por el tópico).

Cuídense y procuren excederse, el telón aún no cae.

Cartas babianas (XVII)

5 de agosto de 2010

Queridos veraneantes:

No he hecho nada de lo que tenía pensado hacer. Si no hubiera lavado el coche al caer la tarde, no hubiera hecho nada de provecho. La mayor pérdida de tiempo es la falta de concentración, andar disipado y no prestar atención a nada concreto. Perder el tiempo es una miseria, puede que común, pero miseria al cabo. Los retorcidos románticos se desgañitan diciendo lo contrario, y predicando el desorden. No los escucho y por eso me revuelvo.

The Straight Story es una gran película. En su día me la regaló mi hermano y acompañó el regalo de tantas prevenciones —los regalos nunca deben justificarse— que me resistí a verla. Desde la oposición me cuesta mucho sentarme tranquilamente a ver una película y casi todas las veo a retales. El expediente estaba aplazado. Hoy, según había sido el día, no pensaba aguantar más de media hora, pero fue imposible, había que llegar hasta Wisconsin. Una road movie que se justifica en una mirada recta (straight).

Cuídense.

Post Scriptum.- La conexión GPRS ha comenzado a dar problemas. Cada conexión a internet tiende a interrumpirse abruptamente o bien a ser tan lenta que resulta inservible.

Cartas babianas (XVI)

4 de agosto de 2010

Queridos veraneantes:

Los puertos en la vertiente leonesa son menos pronunciados que en la asturiana. El puerto es el mismo, pero importa el lado de la ascensión. A la hora de la siesta subí el Puerto Ventana, dos horas de bici con viento de cara. La carretera serpentea por la ladera evitando la pendiente pronunciada, un desnivel medio del seis por ciento que permite ver el paisaje, casi desde el techo. Me he cruzado con más cicloturistas que coches, y el puerto se hace corto. El próximo año, con nueva montura, vendré en bici.

Acabada la hierba, es decir, segada, secada, empacada y en el pajar, la actividad ganadera —la primera industria de Babia— decae asolando la sobremesa que así se prolonga hasta la noche, donde no queda santo sin fiesta que celebrar. Hace cinco o seis años, nuestras mañanas eran inservibles, por las tardes nos juntábamos para tomar algo y planear la noche. En medio, un baño de sol o un indisimulado aburrimiento.

La edad achica el tiempo y los embravecidos destinos disipan al grupo. Todo ello produce cierta confusión a la que contribuye el inexplicable hecho de que el verano ya no huele a verano. La merma de la actividad ganadera la anotamos los veraneantes, pero la padecen los oriundos, a los que vi ganarse muy bien la vida, en los dorados días de la PAC. Cuando no se recoja la hierba, como antes sucedió con las lentejas y las patatas, el paisaje de agosto cambiará y contagiará a julio su condescendiente parsimonia. Quizá en futuras entregas pueda hablar de inmensos campos de soja, sin que se vean decadentes prados en los que su fruto, la hierba, crece se desarrolla y muere sin ser cortada, embalsamada en la propia tierra que la vio crecer y no digerida por el estómago de una vaca impaciente porque los rigores la permitan salir de su hibernación forzada en el establo.

Mañana, a esta hora, sigue siendo un día sin decidir.

Cuídense.

Cartas babianas (XV)

2 de agosto de 2010

Queridos veraneantes:

Lunes. Cielo azul y frío de montaña. El desmayo de la señora de ayer se debió a una perniciosa combinación de algún medicamento con vermut rojo. Es probable que a la hora del aperitivo la buena mujer olvidara sino sus afecciones sí la toma de la mañana. Se suele restar importancia al prospecto y seguro que en el de aquel medicamente se contraindicaba expresamente su uso junto al de bebidas alcohólicas. Pero la señora en cuestión seguirá haciéndolo hasta que el cuerpo deje de aguantarlo, sino para qué demonios sirve la vejez.

Los periódicos en estas fechas son pasto de historias increíbles. La última cuenta que una de los ministros mejor valorados va a ser devuelta a galeras, de donde precisamente fue rescatada hace años. Los ejércitos de votantes estarán entusiasmados, me imagino que casi tanto como la propia interesada. Esta política circular exige sumisión, cosa muy distinta a la disciplina. Trataré de ensayar esta distinción. El sumiso es visto por el jefe como alguien que no rechistará, con lo cual, como un potencial receptor de la más alocada orden. Sin embargo, al disciplinado no se le da cualquier orden, es más, infunde respeto a su jefe hasta el punto que se cuidará de hacerle determinados encargos.

Podría considerarse igual de sorprendente el asunto de la prohibición de los toros en Cataluña, por motivos éticos. Como fueron los nacionalistas quienes impulsaron y votaron afirmativamente la proscripción taurina, debe cursarse una advertencia capital: no son autoridad moral. Si acaso, unos aduaneros que indican quién, y sobre todo quién no, puede pasar a ser uno de ellos. No me creo que sea ese el motivo. Si lo fuese deberían todos los diputados de Cataluña ponerse a  trabajar sin descanso para prohibir todo aquello que quebranta la ética.

El sueño se apodera de mí, debo acabar. Y me voy mientras, Luis XVI declara ante la convención. Conocemos el desenlace, pero ello no la hace menos terrible, éticamente hablando.

Cuídense.

Cartas babianas (XIV)

1 de agosto de 2010

Queridos veraneantes:

Hoy he tenido que cruzar la frontera. Teóricamente los límites de las vacaciones deben ser intangibles, por eso se escogen lugares remotos, con una única fecha de regreso posible. La proximidad física al lugar de origen está reñida con el concepto puro de vacación. La desconexión no es total y siempre está la salvaguarda del retorno, un torero que da capotazos cerca del callejón o un nadador que no se separa de la orilla. Sin riesgos. Con todo, tiene ventajas, se pueden solventar los asuntillos domésticos sobre la marcha y regresar al descanso. En apenas dos horas y media hice y deshice el camino, como siempre ocurre con esta línea asistí al anodino cambio de estación.

Resuelta la minucia, no podía dejar otro cabo suelto, así que pensé en todas las cosas que podrían acecharme hasta mi regreso. Como si fuera necesario, deambulé por las estancias sugiriendo a las paredes que me informaran sobre mis asuntos pendientes. Para irme tranquilo, recogí un libro, una mochila vacía y una tabla con ejercicios. Objetos que en ese momento me parecieron suficientes para traer a la isla desierta. Desgraciadamente no soy un superviviente y por eso no acabo de respetar del todo mis propias vacaciones.

En el vermut del domingo (sin afeitar), mientras que ojeábamos la prensa local, para cerciorarnos de que lo que más une a los españoles son sus mismas miserias; de pronto, una señora se desvaneció y por unos instantes, hasta que recobró el conocimiento, el ambiente se espesó. No fue necesario el auxilio médico, ni el sonido escandaloso del rotativo de la ambulancia, el incidente se resolvió por sí. Lo que no resulta nada extraño, porque es de este modo como acontece la historia por aquí.

He visto un poco de ‘Descalzos por el parque’, que recrea el ambiente de los años 60, tan distinto al tiempo actual donde cualquier estrechez se vive como una desgracia en la que no hay lugar para las bromas. Deberían programar toda la batería de cine optimista que haya en el mercado, al poder ser anterior al 73 y posterior al 45.

De momento el verano sigue. Así que hagan el favor de cuidarse.

Cartas babianas (XIII)

31 de julio de 2010

Queridos veraneantes:

Este es un verano de viajes. Pero sin moverse. El siguiente será profesional, me iré con los pleitos a otra parte, que llamaremos Cicely.

Aquí al otro lado de la montaña hace calor, un calor seco y sano que se puede combatir con facilidad. Vuelvo a la casa y disfruto del primer día de desorden, del equipaje excesivo por deshacer, de los cajones y ventanas abiertas. El principio de todo buen verano se ha de parecer a un campamento. Y en los campamentos las primeras horas son fundamentales, se tantea a los extraños y uno se tiene que colocar con la mayor rapidez posible. Volvería a ir a aquellos campamentos y quizá, me quedaría en ellos.

No hay ruido, sólo sonidos que no puedo identificar que hacen descansar la cabeza. E insisto, son las ocho y media y hace un calor seco, aunque pronto refrescará.

Este será un verano distinto, y sin repasar lo que escribí al comienzo del anterior, diré que muchas cosas han de cambiar. Supongo que por conveniencia al capitalismo, las vidas siguen su curso de septiembre a septiembre. Por eso en su antesala deben formularse todos los propósitos. El año nuevo sólo es una fiesta pagana, fugaz y fría, en la que nadie puede pararse a pensar. Los iré anotando poco a poco.

Este invierno ha sido largo y duro, pero sobre todo largo. El tiempo puede a todo. Lo sabemos bien. No obstante, por muy frágiles que nos haga el tiempo, aún podemos caminar en pantalones cortos e ir de un sitio a otro sin gobierno de ninguna clase. Un verano es una parcela mínima de acracia, incluso cuando las cosas estén en su lugar: la mesa puesta, todos de nuevo juntos, y envalentonados en las apacibles sobremesas. También es nostalgia y restos que me empujan a abrazar las piedras de la casa antes de irme a dormir.

Cuídense.

26 de julio de 2010

La ventaja de esta apartada ciudad de provincias son sus escapatorias. Apenas a ocho kilómetros, en camino franco, estás en el campo. Lo que resulta muy conveniente al aficionado a la bici de montaña —ciclista amedrentado por los coches—.

Respiren porque no voy a perorar sobre el mito del buen salvaje, no existe.

Lo bueno del camino elegido es que nunca se acaba, entiéndame, siempre queda otra etapa más que posponer para la próxima. La medida del pedaleo exagera, por comparación, las distancias. Hoy he decidido parar en un pueblo a cuarenta y cinco kilómetros del principio. Como cualquier final, éste es arbitrario y desde él —como en los anteriores— no puedo saber cómo continuará. Los pliegues de la ladera impiden adelantarse al trazado. Cualquier recodo de la antigua vía estrecha resulta una pequeña conquista, el placer mudo del descubridor.

Cinco horas a solas en las que sospecho que viajo con todos los fantasmas de los que uno no debe librarse nunca. Sin embargo, quien da pedales soy yo. Y la soledad un gran tresillo que ve la televisión conmigo, cada noche.

Fútbol por compasión

17 de julio de 2010

Íbamos a ser el país que fuera nuestra selección. La maldición suiza nos alertó, y el pesimismo no cedió ni un milímetro. La potente metáfora deportiva desplegaba sus efectos. El caso es que ganamos, y en buena lógica, ya somos un país victorioso. Una potencia mundial de la industria deportiva: tenis, ciclismo, fútbol, baloncesto &c.

Hace tiempo, cuando éramos un país derrotado, alguien dijo que lo nuestro no eran los deportes de equipo. Cada español era un gladiador, luchaba contra todos, incapaz de la solidaridad, es decir, de la disciplina que exige el equipo. Aquel diagnóstico era el pretexto del mal perdedor, que es en potencia todo hombre. Creo que ahora sabemos perder, empezamos a apreciar la importancia de una buena derrota, o lo que es lo mismo no despreciamos al adversario —lo que sí es muy español—.

Seguiría molestándoles con mis impresiones acerca del exacerbado elitismo con el que se menosprecia el gusto por el fútbol, o por todo lo que no sea una buena partida de ajedrez, una exquisita aria o una productiva lectura de Hegel —si pudiera ser, inédita—. Pero ya lo ha escrito el maestro Azúa, así que con él les dejo:

La disputa llega hasta el día de hoy. No hace muchas semanas y con motivo del Mundial de Fútbol, uno de los últimos marxistas supervivientes, Terry Eagleton, publicaba un artículo que parecía escrito hace 40 años. En él acusaba a los aficionados al fútbol (“el populacho”, los llama) de haber sido devorados por el fascismo y al espectáculo mismo lo tachaba de “opio del pueblo”, como en vida de Engels. Daba risa, pero esa era la posición de la izquierda en la época de Adorno, cuyos artículos sobre música también nos hacen sonreír, sobre todo cuando se refieren a la música popular, el jazz o la “música de cine”.

Frente a esta posición reaccionaria, Benjamin no tenía la menor duda sobre lo inevitable de un arte popular y democrático en una sociedad tecnificada. Evidentemente él lo imaginaba en la senda del constructivismo ruso y el teatro de Brecht, pero también en la del cine de Hollywood donde Brecht ejercería de guionista. Yo creo que si Benjamin viviera en la actualidad, antes tomaría la senda de Zizek y sus análisis sobre las series de televisión que la de Eagleton y su episcopal excomunión de las masas.

29-S

15 de junio de 2010

Es pacífico que hay que tomar medidas con rapidez. Nadie ha contradicho que la única forma de restar la deuda es ahorrar e ingresar más, sin que la disyunción pueda ser alternativa. En ninguna parte se ha cuestionado el mal estado de la economía, ni tampoco los efectos perversos del paro. No hay voz discordante que aporte soluciones inmediatas a nuestros problemas urgentes. Ningún individuo se muestra esperanzado, y en caso de que los haya se esconden, temerosos de que el porvenir les enmiende la plana.

Se me dirá que hay matices y que en fin, caben otras posibilidades. Para los matices y la imaginación no hay tiempo. No nos importa quién lo haya perdido, si ya nos están pidiendo cuentas. Estas voces atipladas son incompatibles con las soluciones. Hay que desoírlas. Quizá.

Pues bien, en medio de esta situación ya está convocada la huelga general. Era cuestión de tiempo. Hubiera sido mejor haber interrumpido antes, aquella luna de miel, para que todo el mundo se muestre tal cual es.

a.c.

13 de junio de 2010

En el café del jueves comentábamos que nada volverá a ser como antes. Antes de la crisis. Las anteriores azotaron a nuestros padres, y esta repercute directamente sobre nosotros. Las explicaciones que tratamos de darnos son plausibles, pero no definitivas. Seguimos concentrándonos en el diagnóstico, en afilar con ingenio cuál ha sido la última causa que ha desatado el desastre. Esta conducta convoca al pesimismo (es imposible zafarse del análisis psicológico), asusta y paraliza. Por lo general, y también antes de la crisis (a.c.) consumíamos varios minutos del día despotricando. Diríase que somos un país que prefiere el malditismo de la tormenta. Nuestra literatura más reciente instruye bien sobre el particular. Quizá deberíamos leer (o releer) Los episodios nacionales, o estudiar atentamente nuestro siglo XIX, en el que algunos valientes combatieron contra el ‘¡viva las cadenas!’ Como nuestra maldición prescribe, fracasaron. La Transición política podría haber sido una tardía victoria. Pero ya hay depredadores ocupándose de ella.

***

Me extraña y subleva que dentro de los poetas elegidos no esté Lidia Bravo. Sigue escribiéndose sobre la poesía y los poetas con ese cariz ñoño que da repelús. Si todos los poetas del mundo fueran así, es decir, sin en vez de decir: «hoy llueve», dicen «está diluviando», nadie podría quererles ni mucho menos vivir con ellos. Quizá deba alegrarme de no encontrarla entre aquellos e imaginarla sin raros poses. Despeinada y en zapatillas después de haber escrito:

GÉNESIS

Todos los peces llevan mares en la boca

y qué es el mar sino una boca abierta

y una noche que quiere ser de agua

para que el día en ella se sumerja y todo sea al fin,

como fue en un principio, una voz sola.

Sí y no, tú y yo, todo y nada, luz y sombra.

Ruling

12 de junio de 2010

El cansancio acentúa lo mejor de él. Se hunde en la silla con la convicción de que permanecerá lo justo. Ver y oír. Abandona la sala escrutando unas notas, llega al despacho y sin sentarse, repasa unos papeles extendidos por su mesa. Le informan sobre todos los pormenores del mundo. El destino lo ha puesto ahí, no puede remediar pensarlo, y mucho. De no estar en ese gran despacho, ¿dónde estaría? ¿qué habría sido de él? Son preguntas eléctricas que a todos, en un mal momento, nos carcomen. Es la hora y tiene que poner una conferencia con el extranjero; hay que esperar porque aún no está listo el intérprete. En esa soledad ridícula, en la que el silencio siempre vence, vuelve a dar vueltas a cualquier asunto de mal aspecto. Por fin oye la respiración del intérprete que nervioso se confunde de canal y dice I’m ready. Inmediatamente después ya escucha al telefoneado. Las bromas, los circunloquios, el asunto, unas últimas preguntas sobre la familia y llega el momento de colgar. Este tipo de conversación in translation, levanta dolor de cabeza y amodorra.

Le ha dado vueltas durante mucho tiempo. Desde ayer sabe que debe dar la orden. Nunca lo hubiera querido así. En la sala contigua le esperan, aunque él sopecha que le acechan, que son esos cuervos quienes verdaderamente lo han decidido. Se recuesta en la nostalgia de un recuerdo alegre: su destino no era éste, estaba hecho para hacer lo imposible. Envuelto en este desorden nadie podrá reconocerle nunca. Confundirse en la Historia es un cruel y desproporcionado castigo, además, le resulta insoportable. Hace tiempo que en su trabajo no se distingue bien la línea entre la verdad y la mentira. Cuando suba a la tribuna dirá verdades piadosas, su saliva se espesará y su lengua crecerá por momentos hasta ocupar toda la boca. Tendrá que dejar de hablar y peor, de respirar. En la apariencia de las televisiones, se verá a un hombre con postura grave que dice cosas impropias de él. No admitirá preguntas, está demasiado turbado para disimular; es la forma en que sus cuervos lo protegen. Volverá malhumorado, no dormirá bien y comprenderá con la exasperante dureza de lo real, que el fracaso tendría que haber estado entre sus planes, para que el primero no fuera el último.

Noches

30 de mayo de 2010

El grupo se derrite. En la madrugada de la sobremesa (y sin cenar) quedamos cinco. Sin quererlo, las vicisitudes sentimentales de la última en llegar ocupan la conversación. A esas horas las opiniones giran sin adulteración, todo se ve claro y simple. La confianza sólo se desvanece una vez. Las nuevas oportunidades, como el arrepentimiento, son el último resquicio de quien lo ha perdido todo. Y concedidas, el precario salvoconducto para una vida en vilo, esperando que la amenaza se vuelva peligro, y confirme aquella vieja sospecha.

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Antes era una droguería. Una droguería en la que siempre se hablaba de política. Conserva su nombre, pero hoy es un bar. Vuelvo a mi pueblo por unas horas y es raro. Mi esencial distancia hacia las cosas, hacia los lugares, hace que mecánicamente entre y salga como si fuera la primera vez o como si nunca me hubiera ido, como si todo acabara de empezar.

La música en directo consigue acallar el rumor del bar. En el escenario Stormy Mondays. La perfecta coartada para apagar tarde la luz.

Five per cent

29 de mayo de 2010

El ajuste se ha aprobado. No podría haber sido de otra forma, sin embargo las cosas parecen, sólo parecen, estar más claras y el horizonte de un Gobierno en minoría son las elecciones. Elecciones o huelga general, aunque no sería de extrañar que ambas opciones sucedieran; desde hace un tiempo, todo es posible.

Ahora que el cinco por ciento será nuestra contribución, recuerdo que Tatu y su generación trabajó con orgullo una hora más para ayudar en la posguerra.

Para que estos esfuerzos no sean inútiles y podamos pasar por alto el denso desprecio con que la generalidad celebra nuestra suerte; conviene que otras medidas se pongan en marcha.

Ni una mala palabra más sobre el asunto.

Bucle

23 de mayo de 2010

El mejor ansiolítico es madrugar un día soleado. Hacer muchas cosas y acabarlas antes del mediodía. El parque está lleno y la gente camina apresuradamente al bosque. El bonancible tiempo recoloca todo. En ese orden cósmico cabe que uno se pregunte por su lugar o que confíe dándolo por supuesto.

Había abandonado la lectura de novelas entretenidas, y ahora que tengo entre las manos Contrarreloj de Eugenio Fuentes, lo lamento. Como haber tardado tanto (desordenado y perdido tiempo) en acopiar el valor suficiente para releer a Lidia Bravo. Hacerlo en alta voz y estremecerme, como si nunca me lo hubiera escuchado: Hay alguien en mí que no soy yo.

Y entre sus páginas encuentro una de mis perecederas cuartillas, titulada ‘Materia’, probablemente escrita en 2007, que inserto sin más.

A veces, ante el espejo desaparecemos abrumados por la física de devolución del azogue. Nos tememos a nosotros mismos y fingimos que hay algo más, y realmente más importante. Pero no.

La distancia entre la nariz afilada y el espejo sólo puede medirse en mitos digeridos y en alguna que otra superchería más obvia que encubierta. No cuentan las evidencias, ni los millones de muertos que pueblan nuestras tierras, ni el atormentado silencio de ida y vuelta. No se nos desvela nuestra propia descomposición, tan lenta como ineluctable. Nos aferremos a su negación comportándonos como criaturas de una creación inverosímil.

Regresemos al matinal espejo donde todo es incipiente y la rutina un deus ex machina que nos salva de un precario par de narices, interpuesto, pero no invisible.

Al aparato

11 de mayo de 2010

Este es uno de los mejores artículos escritos en mucho tiempo. Félix de Azúa ha influido en mí como ningún otro, y este tipo de acompañamientos son imprescindibles en una sociedad democrática. Un ecosistema en el que conviene saber estar solo para sobrevivir dignamente. Así que comprendo sus motivos, es decir, sus fines.

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La foto del presidente al teléfono es un clásico. Creo recordar la de Kennedy en plena crisis de los misiles. Ahora, Facebook me trae la llamada en la que Obama propone a la señora Kagan ser magistrada del Tribunal Supremo. Mientras escucha el agradecimiento, su rostro relajado trasluce las horas de escrutinio a las que su equipo ha sometido a la candidata. En la mano libre sostiene un folio, podría ser el guión de la charla o unas notas breves y deslavazadas. Está en su residencia y parece tranquilo. El lugar y el estado en el que conviene gobernar, lejos del envaramiento institucional, del murmullo de los consejeros y de la constante presión de los medios de comunicación. La mesa limpia y reluciente, él sin corbata; pongamos que es domingo, su mujer y las niñas le esperan para cenar, mientras, cumple con su trabajo y nomina a una Juez para el Supremo. Prudentemente la imagen circula un par de días después, y los ciudadanos la cosen al álbum de los presidentes al aparato.

A pesar de la revolución tecnológica —este presidente es el primero con BlackBerry— el teléfono sigue siendo la mejor herramienta comunicativa. La voz trasluce el estado de ánimo que tan bien oculta el papel, o un perecedero diálogo por internet con su irresistible apariencia de directo. Así trabaja un presidente.

Hoja en blanco

9 de mayo de 2010

Hace mucho frío. Al atardecer el viento lo amontona y en el barrio las hojas no dejan de moverse. En el parque, los bancos vacíos extrañan los arrumacos y las declaraciones de amor eterno. En este asalto a la primavera, habrá, cuando se haga el recuento, muchas bajas. La prisa por poblar las calles desiertas hace que esperar sea un temido estado de ánimo.

La primavera es una estación sobrevalorada. Uno de los mayores tópicos poéticos, que como todos, ha sido desmantelado por la ciencia. Aunque este año ha sido devastada por la crisis económica. Sin embargo, lamentablemente nuestra crisis no sólo es económica.

Cogida

1 de mayo de 2010

La grave cogida de José Tomás estaba fatalmente pronosticada. En su toreo no hay alivio posible. Mientras que los detractores se indignan con el sufrimiento y tortura del animal, consienten que un hombre esté dispuesto a morir en público. Se  admite la disposición de la propia vida y aun la colaboración en ello. No es la única exposición a la muerte pública, pero su tolerancia podría chocar con la oposición social y jurídica al suicidio. Con todo, reprochar al torero temeridad es tanto como negar su propia existencia. La valentía está estrechamente vinculada a la posibilidad de desaparecer. Sólo se aplaude a los valientes y esperamos volver a hacerlo pronto con el último de ellos. Admirando a quien sabe correr su suerte.

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La crisis no era una alucinación. Tampoco un presagio electoral de mal agüero. Ni una circunstancia efímera y exógena. Pero ésta, como todas las demás no tiene responsables. No vale la pena buscarlos. Sin embargo, todas las crisis del mundo acaban por atribuirse, con toda lógica, a quien está al mando. La pertinacia con que ese patrón se cumple («es la economía, estúpido»), nos permite aventurar lo que vendrá.

Como el determinismo es un suero muy conveniente, nos agarramos con toda fuerza al pecio de los ciclos. De las vacas flacas que con el tiempo engordan. Vendrán tiempos mejores, en los que adheridos al lujo de la melancolía pensaremos que cualquier tiempo pasado fue mejor.

Por el momento sólo nos suministran suero.

13 de abril de 2010

Los días son tan largos que lo que pasa por la mañana parece haber sucedido ayer.

Engaños

9 de abril de 2010

La temperatura de la mañana engaña. Y en las ciudades del interior, como esta, la luz ligeramente claudicante de la tarde también lo hace. La distancia quebrada tecnológicamente es igual de engañosa, tanto como la que miden los minutos en que a pie, se llega a alguna parte.

Resulta fácil sucumbir al engaño, sentirse embaucado por su verdad medio torcida. No abrigarse cuando realmente hace frío o pensar que es pronto todavía o que mis diez minutos de paseo podrían servir de medida a alguien más que no sea yo.

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El embotellamiento del viernes visto desde la acera. El inconfundible nerviosismo de los conductores. Los peatones rebosando entre los coches que ocupan los pasos de cebra. El congénito incivismo del claxon asordante. Los insultos, los acelerones intemperantes. Todo reducido a un tranquilo espectáculo. Como si las semanas fueran las rachas de un jugador empedernido, y su desdicha un simple amago.

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La insistente ocultación con que el mundo se nos revela.

Historia Universal (I)

2 de abril de 2010

Abrir una casa es costoso y lento, al menos, abrir la mía así ha sido. Y en realidad, la única historia universal que cuenta es la de los tuyos. Todas están hechas de repeticiones y de impulsos; y todas admiten mal el descafeinado complemento del nombre (Historia Universal de…), que las hace inviables. Se trata de un capítulo más que corresponderá interpretar al historiador de turno. Tendrá tal sobreabundancia de fuentes que le ocultarán los hechos, y no dará con las causas. El rastro que dejamos (la obsesión de la muesca) no es más que la deliberada preconstitución de pruebas para que nadie pueda hallar nuestra inocencia o acaso nuestra culpabilidad.

A ningún folleto de instrucciones de IKEA le falta una palabra ni le sobra un gráfico. Permite compensar la torpeza con la claridad del ejemplo y al mañoso le ahorra largas y confusas explicaciones. Así he logrado establecerme.

Ahora vendrán tiempos de más tranquilidad y las expediciones por el nuevo barrio. Serán debidamente anotadas.

Lemas

30 de marzo de 2010

Ya tengo las citas. Retratan mis contradicciones a la perfección y el frontispicio debe ser una señal de peligro antes que nada. Mis fuentes escasas y deslavazadas, justo como no deben ser, al fin de cuentas un desordenado. Si tuviera que comparecer ante un tribunal, me pregunto cómo podría justificar a Edmund Burke frente a mis admirados revolucionarios. O la ausencia de mis favoritos Unamuno, Clarín o Kafka por un nada leído Beckett. Escoger una divisa, o dos, es peligroso si se prescinde de los clásicos. También podría haberme decidido por un Pecio del maestro Sánchez Ferlosio y como el Hacedor descansar al séptimo día. Lo que nos lleva al caudaloso manantial de citas bíblicas, que bien podrían haber servido.

Cena en noche menguante

28 de marzo de 2010

Hacen menguar (o crecer) los días por las noches. Se supone que se trata de aprovechar la luz del sol y ahorrar. Una tímida manipulación de la naturaleza, de la que somos sus primeras víctimas. Cuando aún jugábamos con el margen de la hora prudencial, nuestra rusa favorita nos advirtió de las horas y así con económica precipitación regresamos a la adulterada madrugada.

Hay diferentes teorías sobre el número apropiado de comensales para una cena, distinto, obvio es, del idóneo para los almuerzos. Quienes defienden las formaciones reducidas argumentan que mayor número sólo consigue fragmentar el diálogo. A lo que con la prudencia del inexperto añadiría, que suelen dejar descolgado a alguno de los comensales. La cena de ayer fue la demostración de que una conversación puede ser útil. Conseguimos cenar y cumplir el precepto religioso. Comimos y escrutamos la dificultad de los amores transoceánicos. Sólo se puede saber hasta qué punto el mundo ha cambiado, cuando te lo cuenta inteligentemente una rusa.

La noche acabó en un bar, echando de menos las ausencias y tramando el siguiente plan.

26 de marzo de 2010

Hoy es un día ventoso. Nuestra misión en la ciudad no ha concluido y forzosamente continuará mañana. La semana de descanso será una mudanza. La inseguridad, acaso cualquier otra circunstancia inconfesa, se ha producido con una reiteración que nunca hubo de ser tolerada. Estamos hechos de materiales perecederos, solemos confundir el aplazamiento, con dar tiempo al tiempo. Y eso que lo primero es una táctica y lo segundo una estrategia. Las lecciones más valiosas siempre son demoledoras.

Ayer tampoco he escrito. Aunque los comentarios mantienen vivo el pacto del prospecto.

24 de marzo de 2010

Ayer he faltado al compromiso de escribir unas líneas diarias. En mi etapa de opositor procuré no faltar nunca al preparador, porque temía que podría acostumbrarme a la ausencia y acabaría por espaciar aquellas tres citas semanales. Sin querer escribo este prospecto, carente de todo interés, para evitar el fantasma de la flaqueza. A estas horas, sin su fuerza.