Pax socialis

Febrero 8th, 2010

La paz social ha concluido. La paciencia está colmada. La rendición ha sido amortizada. La contestación sindical siempre fue más virulenta con los compañeros de la izquierda. Por oportunidad o por miedo, los sindicatos suelen avenirse rápido y bien con los partidos de la derecha. Su renuencia a derribar a gobiernos despiadadamente liberales o conservadores es directamente proporcional a la alegría con que hacen lo propio y sin esfuerzo con los camaradas. Hay cambios que sólo puede hacerlos la izquierda. Sólo este gobierno (o cualquier otro de su mismo género) puede hacer que trabajemos hasta los 67 o exigir más años cotizados. Cosas que nunca, por miedo o por interés, hará la derecha.

La paz social se asienta sobre esta clase de tópicos. No es descabellado defender la vigencia de alguno de ellos. Y sobre todo, no es posible negar que funcionan bien electoralmente. El elector, por miedo o por conveniencia, necesita justificar su voto, ya sea con el espejo, con su pareja o con los compañeros de trabajo. El voto nunca es secreto.

La paz social ha soportado los primeros, y nada leves, embates de esta crisis. Puede que extrañara el papel de las fuerzas sindicales, su silencio. El gobierno cumplía sus propios designios y achicaba el espacio del reproche. La brecha entre el trabajador y el sindicato amenaza a la paz social. Las bases transmiten su descontento a los cuadros y éstos comienzan a maniobrar.

Queda preguntarse, y es desazonador hacerlo, si en tiempos de crisis es posible la paz social. ¿Es la paz social un lujo propio de los buenos tiempos?

En este caso, sólo ha sido una prórroga.

El lector de periódicos

Febrero 5th, 2010

Factual ha sido desmantelado. El dinero, la prensa y la libertad. Era un artefacto complejo, pura potencia. Basta ver en lo que se ha convertido para comprobar los límites del lector de periódicos. Siempre al albur de la propiedad, como un colono cualquiera, arando tierra ajena.

La emoción por salvarse

Enero 3rd, 2010

El 2009 ha sido un año de guerras. Continuarán los próximos años y quizá con mayor virulencia. Se sucederán análisis e inevitables recuentos. Desde cualquier sitio muelle como este, las cosas siempre acaban por  ser claras. Muchas veces, lamentablemente claras.

La dureza de la vida en la retaguardia impide lo anterior. Como muestra el rostro de esta niña que recibe por sorpresa a su padre, sargento del ejército del aire procedente de Irak:

Ahora que hablen los observadores.

Sway

Enero 2nd, 2010

Justo al empezar el año he acabado con una tarea pendiente. Dos escasos días para el esparcimiento. En mi cabeza, tan poco propicia al baile, una canción inevitablemente me empuja. Un clásico versionado. Un sala de fiestas neoyorquina, mucho humo, un cóctel de color imposible sobre la mesa, cigarros larguísimos para las chicas y habanos para ellos. Smoking, preferiblemente lazo blanco, y estrictos vestidos de noche. En la pista oigo un susurro tenue: «Other dancers may be on the floor, dear my eyes will see only you, only you have that magic technique, when we sway I go weak»

Sonrío a sabiendas de que para las verdaderas penas que nos asedian no hay remedio. También habrá alegrías. Bienvenido 2010.

***

Ibarra Real

Diciembre 27th, 2009

He decidido mudar de letra. Ventajas de tener la imprenta en casa. Nostalgia sin machas. Con esta tipografía se editó El Quijote en el siglo XVIII, y ahora reverdece en las pantallas. Ante la sustitución del objeto libro, aún pendiente, los ordenadores raptan sus letras.

La relación entre la letra y el texto, un ejemplo:

La heroica ciudad dormía la siesta. El viento Sur, caliente y perezoso, empujaba las nubes blanquecinas que se rasgaban al correr hacia el Norte. En las calles no había más ruido que el rumor estridente de los remolinos de polvo, trapos, pajas y papeles que iban de arroyo en arroyo, de acera en acera, de esquina en esquina revolando y persiguiéndose, como mariposas que se buscan y huyen y que el aire envuelve en sus pliegues invisibles. Cual turbas de pilluelos, aquellas migajas de la basura, aquellas sobras de todo se juntaban en un montón, parábanse como dormidas un momento y brincaban de nuevo sobresaltadas, dispersándose, trepando unas por las paredes hasta los cristales temblorosos de los faroles, otras hasta los carteles de papel mal pegado a las esquinas, y había pluma que llegaba a un tercer piso, y arenilla que se incrustaba para días, o para años, en la vidriera de un escaparate, agarrada a un plomo.

El tipo más moderno de letra, en su redondez y apelotonamiento, pretende aplastar la dificultad y vencer al lector.

Aunque el peligro de toda nostalgia es la regresión. Mientras que el desprecio al pasado entraña, en su forma incruenta, el ridículo.

Cincinnati, OH.

Diciembre 20th, 2009

(Segundo encargo)

Regreso al interior de Estados Unidos, siempre a lomos de Henry James, es inevitable. El interés es saber cómo van las cosas, las últimas noticias las tomo de Pérez Colomé. El recreo se ha acabado.

En Cincinnati a las cuatro de la tarde hace frío, dos o tres grados bajo cero. Las aceras están nevadas y eso que los operarios municipales limpian sin descanso. Hace poco que ha parado de nevar. Esta ciudad se ha fundado sobre la memoria de Lucius Quinctius Cincinnatus, un dictador romano, que salvó a Roma y volvió al arado. Su imagen debería ser el contrafuerte de todo despacho oficial. Ha dado al vigésimo tercer Presidente, Benjamin Harrison.

Las indicaciones han sido claras, pero como siempre sobre el terreno me pierdo. Vengo de la calle Elm, donde me he fotografiado delante de la imponente fachada del Music Hall of Cincinnati, he atravesado el Washington Park, y por fin encuentro el Courtyard Café en Main Street.

Me quito los guantes y oteo en qué mesa se encuentra Rachel Sullivan. Después de los saludos, y pedir un café caliente con galletas (o algo así), mientras ella lo transmite al joven camarero, yo miro alrededor.

—No es un milagro, es un político —me espeta, como contestación a los correos electrónicos cruzados. —Tenía que haber dificultades y las está encontrando, nadie dijo que fuera fácil ni rápido.

Habla del Presidente Obama, y Premio Nobel de la Paz, a la sazón, como pensamos muchos, el primer Presidente del Mundo. Así que yo niego la mayor, es un milagro. Todo el mundo espera que las soluciones provengan de él. Le piden que se olvide de los específicos intereses norteamericanos y administre el mundo. Eso sólo se pide al Papa, y Su Santidad nos bendice: Urbs et orbi.

Sonríe. Una sonrisa amplia y distraída, con la que toma distancia o carrerilla, para recordarme que así sólo se le ve en el extranjero. Antes de que le replique: ¿qué es el extranjero? ¿de qué frontera hablamos?, sus manos se abrazan a la taza de café. Aventuro que ha dejado de pensar en nuestra conversación e intenta recordar si le queda batido en la nevera. Lleva el pelo recogido en una cola alta, atada por una goma disimulada por el propio cabello. Da un coletazo, porque gira bruscamente para volver a la conversación (no tiene que pasarse por el súper).

—Nos preocupa el seguro médico, y lo está consiguiendo.

    Posiblemente sea la reforma estructural más importante en mucho tiempo. Volvería al milagro, pero me quedo en la astucia, o en la audacia, da igual. Las empresas políticas costosas deben hacerse al principio, y así lo ha hecho. Ha tardado un año en conseguir la mayoría de 60 senadores, aunque pueda perderla en el siguente. Con todo, el objetivo está cumplido.

—Está cerrando Guantánamo.

También lo habría hecho McCain. Lo que no desmerece a esta Administración, aunque sí, e inevitablemente a la anterior. Un contraste grotesco.

Nos adentramos en un debate sobre la proporcionalidad de las decisiones políticas. Lo que nos lleva al terreno de las guerras justas, principio proclamado por Obama al recoger el Premio Nobel de la Paz. Ahora soy yo el que se despista, de pronto me doy cuenta que a pesar del frío, a Rachel una vez desprovista de su plumífero, le basta un fino jersey de lana de cuello de pico, azul marino, sobre una camiseta blanca. Aquí atizan el fuego sin cuidado. La miro entregada en la defensa del Presidente, y no digo nada. No quiero acabar hablando de Copenhague.

Me acompaña hasta el taxi. Antes de cerrar la puerta, concluyo: he’s a miracle worker, we know. Sonríe y agita su enguantada mano. Hasta pronto.

Inocentes años treinta

Diciembre 19th, 2009

Escribir por encargo es el privilegio de quienes lo hacen a sueldo. En cierto modo ese es mi trabajo. Estando ya ejercido comienza a resquemarme la trampa de mi propia cháchara. Ellas siempre tienen razón. La pragmática lucidez con que las niñas se desenvuelven. Me desvío como siempre, y de momento, no quiero. Últimamente me han hecho dos encargos, los acepto de buen grado. Empezaré por el primero, la crónica de un cumpleaños. Cuando uno tenía tiempo —y no le daba importancia— la hubiera escrito espontáneamente; y en realidad de eso van los cumpleaños del tiempo.

En el centro, una cena deconstruida, ningún alimento sabe a lo que representa. Minimalismo y delicia. Todos los personajes esparcidos en derredor aventando cuentos y conversaciones insólitas. De lejos no hay duda, es un experimento. Personas que sólo podrán encontrarse en esa mesa, esa noche, esas horas. Sin orden del día. Por delante sólo comida y conversación. Funcionó, no hay reunión que bajo su convocatoria descarrile.

Con tales auspicios la anfitriona consiguió su objetivo: cumplir treinta años. La cosa no es fácil. Al fin y al cabo, sólo se trata de cambiar la primera cifra. Un cambio cada diez años da pereza. A la salida de esa noche, se descubre la velocidad con la que el tiempo pasa. La buena compañía, aunque sea accidental y extraña, hace que las cosas vayan endemoniadamente veloces. Profundidades las justas, pero esta década es la de la rapidez, el primer acto del nudo, y eso se nota desde el comienzo.

En los discursos, con la solemnidad que impone la presencia de autoridades, quedó traslucida la personalidad de la cumpleañera. Detengámonos, no en su contenido, sino en el hecho de que en un cumpleaños haya discursos. Esa es la perfecta marca del grupo. Con los últimos restos de tranquilidad de los veinte, a las tres laudatio respondió la chica de la noche, exhibiéndose tal cual, con una franqueza ya imposible de encontrar. Si la inocencia no estuviera tan desacreditada, no hubiese sido hollada por la mala conciencia de los incapaces de ella y no se hubiera confinado a un frío día de bromas; el discurso-respuesta sólo cabría calificarlo como inocente.   

Apenas nos hemos sentado y tenemos que levantarnos; el rito de la nocturnidad —cada vez más ajeno a mí—. El tópico de que en la noche se confunde todo, se cumplió religiosamente. A salvo queda siempre el cambio de impresiones con N. Transformados todos en personajes danzamos y nos tanteamos, cada uno a su manera.

Como siempre, se hizo tarde prematuramente, no en vano ya había entrado en los treinta. En los inocentes años treinta.

Bárbara confusión

Diciembre 9th, 2009

Puedo estar tranquilo. Sólo se accede a la ciudadanía por la lectura. Aquí mis dos motivos de tranquilidad: primero y segundo.

Distinguir es muy enojoso, pero siempre conveniente. Sobre todo ante extraños sucesos: la confusión de la huelga de hambre de la activista Haidar con el asunto del Sáhara Occidental; y todo ello con cómo se las gastan nuestros vecinos, que descubren que para respetar las más elementales leyes sólo disponen de inconfesables razones. No pienso desenredar esta madeja, ni conjeturar sobre si la situación fue sobrevenida o tramada.

El momento en que se descolonizó el Sáhara no justifica la posterior actuación de la España democrática. A paso sosegado, todos nuestros gobiernos han pasado de defender la autodeterminación (caso en el que este derecho resulta verdaderamente aplicable), a un régimen de autonomía dentro de Marruecos o a extrañas y oscuras soluciones que acaban por arrinconar a nuestros antiguos súbditos. Sin problemas.

La huelga de hambre es un método impropio para alcanzar objetivos en una democracia (el fin no justifica los medios) e inútil para conmover a regímenes autárquicos. A pesar de ello, está sirviendo para que los grupos de presión que legítimamente defienden —se supone— la autonomía o independencia del Sáhara,  alcancen un estéril protagonismo. Ineficaz porque no logran su fin y no aciertan con el medio para alcanzarlo. Y no es difícil. Bastaría con que hiciesen campaña por el partido político español que apoya la causa. Se me objetará que ante la urna hay más prioridades. Responderé que no lo creo cuando se está en disposición de dejar morir libremente a una mujer. Recapitulo: la gravedad de una muerte consentida y justificada es incompatible con el mantenimiento de cualquier otra posición que les impida, aparte o aleje de su evitación.

Cuando un país admite que cumple las leyes bajo condición de que le favorezcan. El otro debe retirar el favor… y por supuesto, hacer que se cumplan.

El ladrón de noviembres

Diciembre 5th, 2009

La única impaciencia es la mía. El ansia por la normalidad. La expulsión de toda molestia. No importan los motivos. Excluyo las frases largas. Aquí estoy. Hace viento sur y últimamente sólo actúo por obligación. ¿Últimamente? Los adverbios sólo dan problemas: –mente. Como las preguntas. Ni en telegrama logro ser sintético. Apenas el sentido escoge a la palabra. Y el punto y seguido es su guillotina. Tal vez la excusa, tal vez el menoscabo.

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En una carta enviada hoy y escrita el lunes, puede que haya redactado una íntima claudicación.

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Me perdería en los antecedentes, basta con que no figure noviembre 09 en Ius et Libertas. Un año con once meses cuestiona muchas cosas. Muchas mañanas al despertar, quería llegar hasta aquí y al final del día, con la escasez, culpabilizaba a las horas robadas; obviando que yo era el ladrón. No hay nada más estúpido —ni más baldío— como robar un mes.

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Ha salido a la calle un nuevo periódico Factual. Me he suscrito porque cada día más, detesto la falacia del gratis total, en la misma medida que el dispendio o la glotonería sin límites. Hasta ahora, no he podido manipularlo, ir de un sitio a otro y leerlo como yo leo los periódicos, rastreando las opiniones. Teniendo en cuenta que los periódicos hoy regalan lavadoras, Factual es un breviario del día, que agradecemos todos aquellos que no queremos comprar en el quiosco una lavadora. Lo importante es que no quiere imitar al hermano mayor (la prensa escrita) y eso, de momento se nota, con el tiempo nos acostumbraremos a verlos como artilugios distintos.

Habría mucho que decir, pero de momento lo mejor es leer. Aunque el editorial de hoy sea demasiado sencillo y no especifique que en realidad, lo que se plantea es si procede la extradición. Este tipo de procedimientos no son baladí, porque la justicia no es en todos los países igual, como tampoco la soberanía.

Leo con verdadero interés las crónicas de Jordi Pérez Colomé, la mejor forma de enterarse de muchas cosas en poco tiempo. No hay nada más sensato que informar sobre el Imperio, ni tampoco nada más extraño cuando la mayor parte de la información internacional sobre Estados Unidos se transmite cuajada de juicios de valor y graves consideraciones de orden moral (paja).

Me ha encantado la cabal despedida (más que un obituario al uso) de Jordi Solé-Tura. Tengo entre mis manos el primer libro de Derecho Constitucional que estudió mi padre ‘Instituciones Políticas y Derecho Constitucional’ de Maurice Duverger, una edición dirigida por «Jorge Solé-Tura» (1970). Y la marca está en la página 526: “C) Las semidictaduras”:

Bajo esta denominación, se clasifican los regímenes intermedios entre la dictadura y la democracia occidental, más próximos a la primera, pero con algunos elementos reales —no sólo de camuflaje de su autoritarismo— de la segunda. América latina proporciona algunos ejemplos de tales regímenes. Su aspecto dictatorial se debe, ya a un sistema de partido dominante, ya a la tutela ejercida por el ejército. Siempre se tropieza con las dos fuerzas de base de la dictadura: el partido o el ejército (…)

***

No fue un desistimiento. Tampoco una baja. Ni el fin de la batalla. Llamémosle atajo. Ustedes no han estado tan mal. Barrunto que bien. Me temo que aquí me tienen. De nuevo. 

Disappointing

Octubre 4th, 2009

La inocencia con que nuestra generación (completa y materialmente satisfecha) hace introspección, obliga a  un mínimo repaso. Los objetivos han sido razonablemente cumplidos. Aunque no suela decirse, todos los tenemos y a quien mejor se rinden cuentas es al tiempo; que con excepción de los niños y viejos, suele dar vértigo.

  Me sentaría esta mañana en cualquier banco a la orilla del Potomac. No es un lugar elegido arbitrariamente, pero no me demoraré en una inservible justificación. Baste indicar que quizá me sienta como un personaje de Salinger (al que no tengo tan leído como quisiera), haciendo tiempo, o esperando, que es lo mismo.

Pensaría en los límites de la elección directa y el asamblearismo. En cómo una idea magnánima se desborda en el cubo de la realidad. Cómo el resultado acaba reducido a un regocijo subjetivo, y tan emocional como el que podría haber provocado el método opuesto. Aunque nadie podrá pasar por alto el ensayo, pero tampoco negarse a ver en él, una atomización ineficaz, si se quiere, un despilfarro de fuerzas, del que será muy difícil, o acaso imposible, extraer un discurso sustancial.

Supongo que por fidelidad con el autor, acabaría, clavado en un andén. Estoy a la suficiente distancia como  para permitirme toda clase de idealizaciones, pero la edad ya no me acompaña, y no puedo evitar referir una cierta decepción.

Un olvido (de tantos) de mi hermano, me permite escuchar a Simon & Garfunkel en Central Park, perfecto para un ataque de nostalgia, y de paso, para no cambiar de costa.

De Lane sólo querría su abrigo y debo confesar, que a quien espera. Nunca escribiré nada de Flaubert, y mi ambición la colmaría el tren embocando la estación.

La parábola de los ajedrecistas

Septiembre 27th, 2009

La imagen de Karpov y Kasparov compitiendo de nuevo, me resulta nostálgica. El recuerdo a aquellos años en los que jugueteaba, más o menos en serio, con las piezas de ajedrez. Entonces, los telediarios informaban sobre los principales torneos (Linares, Jaén es un buen ejemplo), y cada partida era una pequeña epopeya. Una guerra reducida a la estupenda escala de lo incruento.

Aquí el ajedrez sigue gozando del prestigio que tienen los frikies. Y de la desconfianza que suscitan las minorías, que disfrutan con una buena apertura o un ataque contundente. No he desarrollado esa sensibilidad porque mi cabeza no puede anticiparse hasta ese punto. Pero admiro a quienes pueden y lo explican al resto.

La veteranía se impone como un valor absoluto. Experiencia y experto son hijos etimológicos de experientia; lo que anima a que se establezcan lazos indiscutibles entre el transcurso del tiempo y la eficacia. De otro lado, en sociedades en las que la vejez se mide por segundos, es casi imposible ser joven (mucho más si se está en la treintena); y se alimentan estúpidos debates sobre la conveniencia de que sea una cara joven la que presente los telediarios en prime time.

La cruda apelación al valor intrínseco de una u otra condición es ridícula. Sin embargo, es una potente arma para callar la eficacia de los jóvenes inexpertos o la de los experimentados senior. Se supone que el criterio del tiempo es neutral, la antigüedad es algo objetivo; pero no lo es menos, el resultado de su tarea. Veteranos frívolos y pretenciosos, o jóvenes ineptos se benefician, dependiendo de la moda, de ese valor objetivo que fatalmente portan.

La conclusión es desoladora. Nadie quiere poner nota al trabajo real; y en pos de la objetividad, se acuden a otros criterios imparciales, que no seleccionan con eficacia, ni se aproximan a hacerlo.

El ejemplo puesto habla, sin embargo, de dos veteranos que no pudiendo estar en la élite de un deporte que exige juventud; pueden hacer algo que los jóvenes no han logrado, reivindicarlo.

El Derecho Administrativo y las crisis

Septiembre 20th, 2009

Mientras que nuestra sociedad se americaniza (aunque creo que sólo es un espejismo): el triunfo de la hamburguesa, el éxito de los grandes centros comerciales como contenedores idóneos para un tiempo de ocio cada vez más raquítico y supeditado al consumo… El Derecho Administrativo americano, se aproxima al nuestro, como muestra puede leerse al profesor Herrera Guerra (La vocación de universalidad del Derecho Administrativo: el Administrative state para un país que no es administrado por ángeles, RAP núm. 178, enero-abril 2009).

¿Debe el Estado intervenir? Este es el busilis de la discusión, y la cuestión crucial (ontológica) del Derecho Administrativo. Oigamos al eximio juez Oliver Wendell Holmes en Lochener vs. New York (1905): «Nuestra Constitución no intenta abrazar ninguna teoría económica en particular». Principio que ha proclamado también nuestro Tribunal Constitucional, con retórica continental, al establecer la existencia de una constitución económica formal, cito la Sentencia 1/1982, de 28 de enero (FJ 1), porque su ponente fue otro jurista de fuste, Franciso Tomás y Valiente:

En la Constitución Española de 1978, a diferencia de lo que solía ocurrir con las Constituciones liberales del siglo XIX y de forma semejante a lo que sucede en más recientes Constituciones europeas, existen varias normas destinadas a proporcionar el marco jurídico fundamental para la estructura y funcionamiento de la actividad económica; el conjunto de todas ellas compone lo que suele denominarse la constitución económica o constitución económica formal.

Con todo, de lo que realmente estamos hablando es de la intervención económica. Salvo los ácratas, todos repudian el abstencionismo estatal; pensemos en la intervención policial o en materia migratoria, donde los que se alinean con las tesis de la absoluta libertad económica, suelen ser partidarios de una intensidad coactiva apreciable. Cualquier intervención reclama derecho administrativo.

Y en este terreno es necesario advertir que la situación de abstencionismo económico ya se produjo. Es decir, no se trata de un objetivo inédito, de un escenario ajeno al escrutinio histórico. En el clásico manual ‘Administrative Law’, sus autores británicos: Wade y Forsyth, abren fuego bajo el epígrafe ‘The administrative state’, de este modo:

‘Until 1914’, it has been said, ‘a sensible law-abiding Englishman coud pass through life and hardly notice the existence of the state, beyond the post office and the policeman.’ This worthy person could not, however, claim to be a very observant citizen. For by 1914 there were already abundant sings of the profound change in the conception of government which was to mark the twentieth century. The state schoolteacher, the national insurance officer, the labour exchange, the sanitary and factory inspector, with their necessary companion the tax collector, were among the outward and visible signs of this change. The modern administrative state was already taking shape, reflecting the feeling that it was the duty of government to provide remedies for social and economic evils of many kinds. This feeling was the natural consequence of the great constitutional reforms of nineteenth century. The enfranchised population could now make its wants known, and through the ballot box it had acquired the power to make the political system respond.

Ahora aventuro mi propia traducción al pasaje:

‘Hasta agosto de 1914’, se ha dicho que ‘un buen padre de familia inglés podría vivir sin darse cuenta de la existencia del Estado, más allá de la presencia del cartero y del policía’. Sin embargo, este respetable ciudadano no sería un buen observador. Pues, a partir de 1914 había ya abundantes signos de un profundo cambio en la concepción del gobierno que marcaría el siglo veinte. La escuela pública, la seguridad social, la oficina de empleo, los inspectores de sanidad y de trabajo, con su necesario compañero: el inspector de hacienda, constituían una de las más evidentes señales de este cambio. La moderna administración pública, estaba ya tomando forma, y reflejaba la concepción según la cual el deber del gobierno era poner remedio a los males sociales y económicos de todo tipo. Esta concepción era la consecuencia natural de las importantes reformas constitucionales del siglo diecinueve. La concesión del derecho a voto permitió a la población dar a conocer sus necesidades, y mediante la urna habían obtenido el poder para hacer que el sistema político las atendiese.

Así, el sufragio universal y las crisis económico-sociales, están detrás de la intervención económica estatal. Si usásemos el argumento a contrario podríamos llegar a la conclusión de que el abstencionismo económico se despega de la representación política, de la democracia misma. Ésta es un reparto de poder (check and balances), se disemina por la desconfianza histórica que suscita su concentración. Frente a esta dispersión, el abstencionismo es terreno abonado a las concentraciones económicas, como si el poder de esta clase no lo fuera del todo, o acaso quisiera inmunizarse de la democracia, marchar separadamente hasta el colapso, momento en que clamaría la ayuda estatal, cuyo origen no puede ser otro que el tributario.

En resolución, tras esta crisis en la que se imponen las soluciones coyunturales y cortoplacistas, donde discuten los mismos de siempre, sobre las mismas cosas (tantas veces ensayadas). Esperamos un nuevo Derecho administrativo que sirva de armazón a las necesidades de los ciudadanos, que no son otras que recibir los beneficios de la competitividad económica; no ser sacrificados en su ara, bendecidos por los santos dogmatismos de siempre y la ya ridícula seguridad de sus sacerdotes.

Pero es imposible dejar de escribir, que el Derecho Administrativo está siendo acribillado por quienes tienen encomendado velar por el interés general. En 2009 los oprimidos por el Estado, no distinguen entre el cartero y el empleado de Seur, y cuando les roban es muy probable que llamen antes a la centralita 24 horas de su compañía de seguridad, que a la Policía, y tal vez no hayan hecho la mili.

La disidencia española

Septiembre 6th, 2009

La interpretación psicologista, según la cual, todo desplante presupone una frustración propia; se impone inopinadamente sobre las insolubles discrepancias que llevan al abandono. De este modo, el débil cauteriza la herida: “los que se van son traidores”. Los disidentes, persuadidos de que su opinión ni siquiera es atendida, se refugian en los tópicos y no suelen señalar de forma expresa los motivos que les hacen abandonar el grupo. Aluden a que sus ideas persisten y allá donde vayan les acompañarán. Las ideas por sí mismas no se realizan, de ahí que en la democracia sea sumamente importante cómo y quién las lleva a cabo. Faltan más críticos consecuentes.

El artículo del profesor Peces-Barba abre este debate, en los límites de la estricta corrección política. Y la renuncia de Jordi Sevilla ilustra el fenómeno.

Hay algo más, la cabal discrepancia resulta un privilegio. Los que se van, son los que tienen a donde irse. No es difícil pensar, ni tampoco conocer, más casos de incomodidad íntima que sólo se soporta por razones de supervivencia (el político famélico).

La hegemónica interpretación al principio aludida, es comúnmente aceptada y muy difícil de combatir. Sin embargo es mucho más plausible pensar que la frustración (la caída en desgracia) se deba a la inmunidad argumental con que se blinda el discurso oficial. A medio plazo este postulado será ridículo, y podrá comprobarse leyendo las desesperadas defensas que hoy se escriben y los miles de blogs en primer tiempo de saludo.

El disidente es traidor por desobediente. La disciplina suele ser otro poderoso motivo para la contención de la crítica, o para que estas se limiten a juegos de salón. En una sociedad libre, este tipo de obediencia sólo casa con el miedo reverencial, con el caudillismo ideológico.

Por tanto, discreción y disciplina suelen acompañar a la disidencia española. Si esta tiene la calidad de la que de forma incesante se está manifestando en nuestros días, sus efectos, no obstante lo dicho, tardarán en manifestarse, pero serán inevitables. Aunque la gran tribu tenga la tentación de ignorarlos.

Cartas babianas (y XII)

Agosto 25th, 2009

Queridos veraneantes:

 

El verano ha concluido. De hecho, escribo esta carta fuera de Babia, de vuelta a la rutina. Me he procurado un día de respiro, antes de la definitiva vuelta al cole.

Como ya sabes ha sido un verano deliberativo, apartado de cualquier plan que no fuera el libre albedrío, escapando de las nuevas circunstancias de uno mismo, como si se pudiera. Sólo si aparecieras de pronto, no dejaría de contarte, pero no es posible.

No hay mucho: sol, bicicleta, Historia de la Revolución Francesa, bádminton, gimnasia y paseos al atardecer (era la primera vez que paseaba por pasear, abandonando todo escrúpulo utilitario).

No obstante, ayer he tenido un día tonto, muy tonto, y como si mi cuerpo presagiara el desenlace de estas vacaciones de burgués, sólo me pedía que me tendiera en uno de los dos sillones verdes y me dejara hacer por la tele. No pude defenderme, en aquel instante, levantarme era una remota y costosa posibilidad, contemplada únicamente para ir al excusado, y sólo antes de reventar. Inerme como estaba, me puse a ver todos los programas de cotilleos, juzguen por sí mismos:

Una pelea entre la ex de un torero y su actual esposa, matrimonio sobre el que, a su vez, se posan nubarrones que dan mal  fario. En realidad, todo son elucubraciones, insultos (arrojados sin el menor cuidado) y chismorreos que consiguen, sorpréndete, apoltronarme más. Por momentos, no sé si estoy en el salón de mi casa o en una imaginaria sala de interrogatorio en la que de un momento a otro entrará un hombre descomunal; pienso que me han puesto la tele como sucedáneo del suero de la verdad. Cantaré, a cambio de que me devuelvan la facultad deambulatoria, para irme. Mi situación era tan angustiosa que no hallaba en el mando el dos, única salvación posible: los animales.

Ponen un vídeo en el que un invitado dice a una de las periodistas que le preguntan, cosas que sin ser un especialista en Derecho penal, bien servirían para ejemplificar el delito de calumnias. Siempre a salvo de la exceptio veritatis, es decir, que el impávido torero (no puedo dejar de pensar: ¡madre mía!, cómo está el mundo taurino), traiga las pruebas de lo que dice.

Después de horas,  consigo moverme, desentumecidas las piernas salgo desorientado, dando vueltas a lo que me acabo de tragar, con mucha facilidad, es decir, con mucho gusto. Me palpo, dudo de mi integridad, y archivo lo visto como munición para sobrevivir a cualquier conversación.

Al tiempo que te escribo esta última carta estival, aterrizo en una de esas redes sociales. Virtualmente equivale a una visita indiscriminada a amigos y conocidos, a través de un escaparate que algunos de ellos deben de juzgar opaco, a tenor de lo que escriben. También me sucede a mí aquí, así que no hay cuidado. Supongo que cuando se lean dentro de un tiempo, se espantarán; aunque sólo sea por haber pensado tanto y no dejar de hacerse preguntas retóricas. En alguna parte de esto de internet, pondrá en letra pequeña: «virtual no significa invisible». Pero no lo leemos, quizá porque estamos hasta el moño de contenernos, por muy aconsejable que siga siendo en muchos casos.

Con todo, espero que hayas podido ver la foto del perfil de la pequeña. Habrías sonreído satisfecho.

Cuídense.

Cartas babianas (XI)

Agosto 16th, 2009

Queridos veraneantes:

Los meteoros han decidido desmentir aquella teoría mía. Luce el sol, como corresponde a Castilla  en agosto.

He perdido la regularidad en nuestra correspondencia, unilateral, por otra parte; a medida que he implementado mis rutinas veraniegas. He tardado demasiado en acostumbrarme y eso que he decidido que estas vacaciones tuvieran un tono más de retiro que de actividad. Después de tantos ajetreos, algunos hondamente tristes, suponía que me vendría bien detenerme y repasar. A alguien de tendencia conservadora como yo, esto no le resulta muy meritorio.

Este desliz, reclama una aclaración por mi parte; aun cuando tú sepas bien alcance de conservador. Si rescatamos el término del exangüe argot político, adivinarás que cualquier persona no predispuesta a las novedad, aunque no opuesta a ella, es un conservador. Digamos, que alguien reacio al cambio; lo que resulta difícil ya que, socialmente, el cambio se asocia, ridículamente a lo bueno. En su favor, debe decirse, que cuando entraña adaptación no sólo es bueno sino imprescindible. Por consiguiente, alguien que se siente seguro en la estabilidad debe ser tildado de conservador.

Estos días de silencio epistolar me he puesto muy contento con el nacimiento de R. Ya tengo amigos que son padres, y esa circunstancia acaba por interpelar a uno. Supongo que estas preguntas se arremolinan en torno al inminente cambio de década,  aunque creo que sólo es un débil pretexto. En una sociedad dominada por la hipercorrección, buena es la coartada que nos otorga cierta naturalidad.

Desconozco si mis cartas consiguen distraerte, o si las lees con escepticismo o aquejado por tu ilimitada curiosidad. En cualquier caso, ya no dispones de mucho tiempo para responder y así te lo hago saber.

Si hubieras vivido en Francia en la década del noventa del siglo XVIII, ¿hubieras sido girondino  o jacobino? Creo que te habrías escapado de este dilema y que a pesar del severo juicio que nuestros ojos te dispensarían hoy, te hubieras decantado por Lafayette, un héroe y un hombre de orden. No habrías dejado de ser conservador, más partidario de la reforma que de la ruptura. Un hombre de esos, a los que la Historia suele motejar como templados, porque pocos la escriben como Michelet. Templado o no, léelo.

Cuídense.

Cartas babianas (X)

Agosto 12th, 2009

Queridos veraneantes:
El anticiclónico sol de las Azores impide que suba, tome el ordenador y te escriba a diario. Ya se sabe, en este país se toma la pluma o se inviste al teclado cuando hay algo de lo que quejarse, o tiempo para inventarlo.
A pesar de lo que yo podría sospechar, ahí fuera, en el mundo, cada vez hay más personas que escogen trabajar en agosto. Se rebelan contra la costumbre, y del mismo modo que han ido dejando de ir a misa, prefieren disfrutar sus vacaciones en mayo, junio o septiembre. Es como si nadie tuviera hijos o si estos hubieran dejado de guiarse por el curso académico. También puede ser que los hijos hagan por su cuenta las vacaciones, dando descanso a la institución familiar. El caso es que la apariencia de que en verano todo paraba, no la percibo. Sólo quedan fieles al agosto feriado los Tribunales y que dure. En consecuencia el suplicio de trabajar en este época, salvando la envidia de no tener lo que no se tiene porque ya se tuvo o se va a tener, se desvanece y hay quien canta sus ventajas. Las escucho al sol y a pierna suelta.
En estas vacaciones sólo me he traído, por si fuera poco, a Michelet (‘Historia de la Revolución Francesa’) y no me resisto a copiarte aquí, una soflama que los españoles deberíamos haber escrito a Fernando VII, se adelantó el inglés Payne trabajando, en 1791, por la causa revolucionaria:

Acabamos de experimentar que la ausencia del Rey es mejor que su presencia. Ha desertado, abdicado. Jamás devolverá la nación su confianza al perjuro, al fugitivo ¿Qué importa que su fuga se deba a él o a otro? Embustero o idiota, resulta de todos modos indigno. Nos hemos librado de él y él de nosotros; es un simple individuo Luis de Borbón. Francia está segura de que no se deshonrará por su seguridad. La monarquía ha concluido. ¿Qué vale un oficio entregado al azar del nacimiento, que puede ser desempeñado por un idiota? No es nada, una nulidad.

 Después de esto me resulta muy difícil continuar la carta. No puede defenderse con más aplomo la causa republicana; que nunca lucha contra la corona sino contra quien la ciñe. Los buenos reyes sofocan el republicanismo con la misma eficacia, que el pan al hambre.
Contigo no puedo disimular, y en esta última línea te confieso que no tenía ni idea de la Revolución Francesa.
Cuídense.

Cartas babianas (IX)

Agosto 10th, 2009

Queridos veraneantes:

Luce el sol y la jornada será la propia de un día de agosto. Aunque por las noches, como advertencia, ya hiela. En este lugar, los ciclos naturales se retrasan, la primavera tarda en entrar, cuando es una estación de natural tempestuoso. Sin embargo, la acumulación de retraso es tal, que el verano nunca llega del todo.

Ayer no pude franquearte la carta, y no fue ni por falta de tiempo ni de cobertura; más bien sentí la pigricia propia del ocioso, me entretuve con otras cosas. Además, el día pasó muy rápido, la visita de L. y N. hizo que de la una a las ocho no mediara nada. El tiempo pasa rápido cuando uno desearía su lentitud. He aprendido de ellos muchas cosas, que sería imposible desgranar aquí. En resumen, la lucidez es un bien escaso, encontrarla en una pareja de amigos resulta entrañable y digno de admiración.

Mientras que desayunaba mi café americano manchado de leche, mojando galletas ‘María’ de dos en dos, tomé el suplemento de esta semana con la intención de mirar los santos y poco más. Este artículo sobre ‘El arte de pescar pareja’ llamó mi atención, el tema es una de esas serpientes de verano, una metáfora tópica cada día más próxima a la realidad. Aún no he leído a Fromm y su canónico libro ‘El arte de amar’, pero sospecho que todo lo que en este giro se escribe se alimenta de él.

En algún momento uno repara en las capturas perdidas, no obstante es peor pensar en aquellas no emprendidas. Respecto de las primeras, el periodista Miralles dice: “merecería la pena plantearse el porqué de este autoboicoteo, ya que la persona que elige mal una y otra vez se obliga a fracasar inconscientemente. Detrás de este tipo de inercia puede ocultarse el miedo a vivir el amor en toda su intensidad.” Este fragmento constituye un pretexto que todos los singles del mundo deberíamos retener. Nuestra sociedad donde no hay peligro suele inventarse un miedo.

Como no eres muy propenso a seguir mis enlaces, te transcribo la conclusión del artículo para que hagas con ella lo que quieras:

Para atrapar a un compañero con el que compartir nuestra pecera es conveniente aprender a pescar en aguas profundas. Tal vez la captura se demore un tiempo y nos vayamos a casa más de una vez con el corazón vacío, pero el pescador sabio sabe que la pieza más preciada, el amor de nuestra vida, suele llegar cuando menos se espera.

El día acaba de pasar con toda rapidez, hoy la visita de parte de la familia que crece nos ha puesto contentos. Es una alegría ver al pequeño A. despertando en su primer verano y anunciando que esto va muy deprisa; quizá demasiado.

Mañana comienzo el ejercicio, inercia que pretendo arrastrar hasta el invierno o hasta el primer “imponderable” que me desmienta.

Cuídense.

Cartas babianas (VIII)

Agosto 7th, 2009

Queridos veraneantes:

Podría decirse que hoy el tiempo resulta del todo engañoso. En apariencia, luce por momentos el sol, pero en verdad, sólo puede estarse fuera con jersey. Una constatación más de que la clemencia veraniega está en horas bajas.

La lluvia ha respetado a la celebración, algo que los sabios supieron, al ver oculta a Peña Ubiña por la bruma, infalible indicador de que no llovería.

No sé si hay un ensayo sobre las formas de diversión de nuestro tiempo. Si lo hubiera, sería imposible que pudiera pasar por alto este tipo fiestas, que aun siendo vestigio de las romerías (de gaita y tambor), han tendido a la sofisticación (orquestas y discotecas móviles). Son las fiestas de prao, que resisten a duras penas tal denominación. El centro del encuentro social, ha sido ocupado por el alcohol; la música en vivo o enlatada sirve de acompañamiento, pero la disolución del baile académico es evidente. Sabes que agradezco su desaparición, y que por su muerte no me enlutaría, porque conoces muy bien lo torpe que puedo resultar en movimiento. La ventaja personal no me ciega, y lo sitúo como un retroceso social, al fin y al cabo, el baile es un acto reglado que convoca como todos los de su estirpe a la certidumbre. El alcohol vale en sí mismo, es decir, ni siquiera sirve a una supuesta desinhibición; en una palabra, deja de ser medio; tesis que abonan las cantidades consumidas.

Este tipo de fiestas, a las que podría suponerse mayor fecundidad en relaciones individuales, no suelen alcanzar tal objetivo, porque, con carácter general, son  los mismos individuos quienes asisten. La renovación es mínima y casi siempre hay un marcador gregario previo; pertenencia que a su vez, operará como requisito para actuar. En definitiva, la fiesta se convierte en lugar de destino, o mejor, en un predestino condicionado de antemano.

Pasa una hora y media de las doce, y estoy tan despeinado como si hubiera tomado parte en una fiesta que no sea la fiesta ontológica que te he diseccionado.

Cuídense.

Cartas babianas (VII)

Agosto 5th, 2009

Queridos veraneantes:

El día estuvo bien hasta las cinco, momento en que se preparaba una tormenta que aún no ha basculado. Como puede observarse, se cumple mi teoría.

Hoy es víspera de la fiesta patronímica, y en otro momento esta inestabilidad me traería en vilo. Sin embargo, para mí, mañana jamás tendrá derecho a ser fiesta, así será, aunque incurra en desacato. Tampoco te enviaré la carta. Lo que no te importará, porque a estas alturas, no creo que nadie digiera, ni tú tampoco, estas líneas torcidas al ritmo en que se van sucediendo. Quizá un oficinista aletargado o constipado por el aire acondicionado, las use para demorar su quehacer. Habría cumplido mi incierta misión.

En estos pagos, las fiestas no se adaptan al calendario, ni éste forcejea con ellas. Son el día estipulado, caiga quien caiga. La recogida se supone que ha acabado y por tanto, no hay cuidado.

Lo que si noto para consternación de la especie, es que la afluencia de veraneantes se contrae a lo que podríamos llamar la ‘Semana Grande’. Temo por nuestra extinción como categoría, y eso son palabras mayores. ¿Qué haría esta tierra sin veraneantes? ¿y qué haríamos nosotros despojados de esta condición? Por un momento llegué a pensar que que lo seríamos todos, fundando una utopía íntima que como todas, son lastradas por la realidad. De ahí, a desaparecer, o lo que es lo mismo a habitar una semana, lo que exigiría un nuevo bautizo. Porque si en algo se caracteriza nuestro estado, es en la estabilidad, sé muy bien que preferirías inmutabilidad, pero créeme si te digo que no nos conviene.

Cuídense.

Cartas babianas (VI)

Agosto 4th, 2009

Queridos veraneantes:

Es mediodía y hay sol y nubes. Me las prometía más felices. Desde que los veranos se acortaron, no los hay como los del escolar aplicado, urdí una imaginaria hipótesis que creo que se está cumpliendo, lo que no deja de inquietarme.

El mes de agosto, con los años, veintitantos años de observación son buena muestra, había dejado de ser aquel mes garantizado. Se desataba una intempestiva brisa que dificultaba jugar a bádminton; por las noches, el fresco de la montaña se convertía en frío. Así era como mi cabeza reaccionaba contra la privación. No tenía la menor intención de convertirlo en hipótesis empírica, y si lo repetía en público, era para convencerme. Sin embargo, me doy cuenta que la realidad ha convertido a agosto en un mes climatológicamente azaroso.

Resuelto el expediente del tiempo, quiero decirte que en este pueblo está garantizada la continuidad generacional. Como todas las generaciones, nosotros creímos que tras la nuestra, el desierto. Fingíamos no ver a las pequeñas, y en todo caso, después de ellas nada. En cambio las bicis siguen enjambrándose de un lado a otro, y las mismas aventuras de siempre acontecen en el pueblo. En otra carta anterior, hablaba del estado de naturaleza y la playa; quizá sirva para los adultos, pero para los pequeños, la libertad del pueblo es inigualable. Si se lo preguntaras, no cambiarían este verano por nada. Nosotros que ya sabemos lo que es la caducidad, les podríamos decir que esta misma tierra será un lecho de aburrimiento, o una encrucijada imposible entre lo que uno fue y quien es. Están lejos de saberlo. Además, los paralelismos sólo los ensambla la nostalgia, quién sabe realmente lo que piensan de este verano. Es indudable que están mucho más separados del medio físico, tienen móviles, videoconsolas que sirven para todo, ordenadores, películas que ven tantas veces como quieren en cualquier dispositivo de mano; saben que Australia está lejos, pero que pueden pasearse por ella en cuestión de minutos sin moverse. No reciben cartas postales, y por tanto no se exasperan con los retrasos del correo. A sus novietas  les escriben diariamente media docena de sms y les dejan decenas de llamadas perdidas. Por eso, aunque vayan de un lado a otro, siguen en el mundo y su mundo, con toda certeza es que el que acarrean en su bolsillo. Nuestros veranos eran, en realidad, otro mundo, y las novias debían ser otras, o no tenerlas. Escribíamos cartas compulsivamente en las que nos contábamos nuestros veranos y pegábamos la efigie del Rey.

Diríase que el pueblo no se acaba. Pero es mentira, los pueblos se extinguen con uno, y en eso tienen razón los niños; cuando se tapan los ojos son invisibles y cuando duermen todo se detiene. Sólo los padres tienen derecho en pensar en la posteridad, y con moderación, porque aún vivos, pronto, la fortuna y desventura de sus hijos no dependerán de ellos. La diferencia entre el final (inapelable) y la extinción (paulatina).

Fin de la plática.

Cuídense.

Cartas Babianas (V)

Agosto 3rd, 2009

Queridos veraneantes:

Como estaba previsto, el tiempo ha dado hoy su mejor cara, la Castilla, secadero de los asturianos. La culpa de mi estancia aquí, la tiene exclusivamente un campamento Junior, al que mi padre asistía, estas calizas le fascinaron y aquel gusto marcó nuestros gloriosos veraneos. A mí no se me ocurriría hacer una casa en mitad de la sierra madrileña, persiguiendo los magníficos recuerdos de aquellos campamentos de bolsillo. Y no por el paraje que es extraordinario, sino por la persecución. Estoy seguro que no saldría bien.

Además de veraneante (a mucha honra), ahora soy turista interior. Esa nueva clase de turismo que se me antoja soberanamente aburrido, pero que distingue a quienes lo hacen. El turismo interior nació con la emigración rural, pura necesidad, los hijos de los obreros emigrados eran privilegiados, sus camaradas de ciudad no podían escaparse, en un tiempo sin piscinas municipales y sin dinero para bicicletas. Ahora, a base de precios prohibitivos y paquetes cool se ha convertido en un lujo. Nuestra primera industria ha tenido que emanciparse de la idea de sol y playa, e intentarlo con el turismo interior, de menos éxito.

La playa recuerda vagamente al estado de naturaleza, y cada vez más; eso explica su poder de convocatoria por encima de otras consideraciones.

El caso es que he estado secando, y espero poder hacerlo durante los siguientes días. Hasta ahora, estar blanco como la leche, era signo de aplicación y consideración social. Sin embargo, en estos momentos, resultaría sospechoso, y como sabes muy bien, no tengo ninguna inclinación por el A.R., es decir, por empolvarme el rostro e ir a danzar a Viena, como si nada hubiera pasado.

Cuídense.

Cartas babianas (IV)

Agosto 2nd, 2009

Queridos veraneantes:

El mal tiempo se enmienda como pecador contrito, lenta y confusamente.

Tengo una agenda desorganizada, lo cual si nos dejamos llevar por el tópico, traerá cosas buenas. El desprestigio de la organización es incomprensible, cuando tan buenos resultado ha dado. Sin embargo, quienes nos gusta tener un plan y cumplirlo en sus propios términos, somos pasto de toda clase de desconfianzas. Tímidos recelos, porque al cabo, todo paciente quiere ver ordenada la mesa de su cirujano. No obstante, la bohemia tiene sus adeptos y resulta convincentemente seductora. Lo que ya no tengo tan claro es, que exista una correspondencia entre la edad y el atractivo por el desorden. ¿Dónde queda la preferencia por la provisión y la previsión?, tan determinante, según la antropología.

Llegados a este punto, son ya conocidos, para el amable lector de estas cartas estivales, mi más sentido y radical racionalismo. Nadie escoge azarosamente, y cualquier elección responde a criterios, de cuya consistencia sólo puede responder la inteligencia, acaso la experiencia del elector. “Obviedades”, dirás con razón, pero necesarias para alcanzar lo interesante: saber por qué se elige a un desordenado frente a un organizado. Lo que de verdad nos interesa, y sé que no puedes resistirte a las conclusiones de esta investigación, es ver la hoja de los pros y los contras. Nuestra curiosidad, ciega en estos trances, nos empuja a clasificar los ingredientes; conscientes como somos de que el resultado (la elección) una vez consumado, no puede reconstruirse, sin riesgo de hacerlo a base de aventuradas hipótesis psicologistas, que aunque no lo sepas, rechazas tanto como yo.

Puede que este factor (orden/desorden) no sea determinante de ninguna elección, ni tampoco de las de carácter sentimental, más determinadas, si cabe, por criterios de orden material, por no decir estético.

Claro que yo podría explayarme sobre mi criterio en la cuestión. El principio de prudencia impone que sólo lo haga ante una solicitud formal, y con tiento para que mis palabras no sean una red en la que caer atrapado. Con todo, no arrojaría mucha luz al asunto, como siempre. Y más en este fresnedal. 

Cuídense.

Cartas babianas (III)

Agosto 1st, 2009

Queridos veraneantes:

El cambio de mes ha traído la tormenta. Aquí, cuando el tiempo se embosca, no hay esperanza posible: se acaba el verano. En un verano caben mil veranos. En tardes como esta, la influencia de los meteoros en las personas es un tema recurrente y propicio. Si no fuera porque tengo somnolencia, y ganas de cambiar el principio de mis vacaciones (por ceñirme sólo a cambios mínimos), me precipitaría al juicio rápido e intrascendente de siempre, pero no estoy de humor.

Me resistiré a que el sueño sobrevenga, y en ese ejercicio acabaré soñando y es  lo peor que puede suceder, quedar traspuesto y soñar. El despertar, siempre enojoso, se vuelve turbador, porque hasta que transcurran unos minutos creeré que estoy en aquel lugar con aquella compañía. A medida que cobre conciencia y me vea donde realmente estoy, mi mal humor aflora y es incontrolable. Por cortesía me reporto. Olvidaré la siesta.

Estos días volvemos a enredarnos en justificaciones y en vez de ver, a los asesinos tal cual son, pensamos en malditos cumpleaños. No aprendemos y no tengo la seguridad de que estemos convencidos de lo que realmente son. Sin saberlo, estamos venciendo. Devastador.

Vendrán cartas mejores.

Cuídense.

Cartas babianas (II)

Julio 26th, 2009

Queridos veraneantes,

El buen tiempo se adhiere a este lado de la montaña con irremisible voluntad. La mitificación del paso es inevitable. El día es inmejorable. Al igual que uno al descolgar el móvil siente la necesidad, o tiene el escrúpulo de decir dónde está; a mí, al echarte esta carta me ocurre lo mismo. Si resultara pesado, discúlpame y si por el contrario sintieras curiosidad, no pospongas una visita.

Me tienta la cursilería, y escribir como si nadie me leyera: que el tiempo aquí se detiene. Algún despiadado lector, de juicio tan rápido como agudo, me detiene. Eso es la prudencia, tan difícil de hallar exenta. Y sólo cuando se da apartada de las consecuencias de su ausencia, puede tomarse como virtud.

El que no lo escriba no quiere decir que no tenga esa sensación. Me inclino a pensar que se debe al silencio, a oír sólo  un rumor asilvestrado que invita a  quitarse el reloj; aunque no (y es pronto para las confesiones) a desconectar el teléfono. Los ruidos imprimen velocidad.

En la oficina el ruido constante de alguna instalación, seguro que bendecida por AENOR y sus ISOS, nos convierte en la lenta digestión de un depredador supremo. Y esa velocidad impide pensar; hay dos condiciones para que pueda pensarse: la lentitud y la compañía (alguna idea contra la que pensar).

En este lugar, lo difícil es hacer algo sin pensar. Es más, es imposible no estar dándole vueltas a algo, sopesar causas y ponderar efectos. Quien dice poder conseguirlo miente. No considero extraño que haya que mentir para evitar ser un pensador, categoría más escuálida, diría yo, que la de intelectual; pero no por ello menos grave. Todos rehúyen la gravedad, y yo el primero.

En realidad quería hablarte del mes de agosto de 1789, pero la cogitación se ha hecho demasiado larga y el corral (como aquí se conocen los jardines y patios) me llama. Ya habrá tiempo… sobre todo aquí.

Cuídense.

Cartas babianas I

Julio 19th, 2009

Queridos veraneantes,

En los veranos habita el recuerdo, si hubiera que ser más preciso, reside en estas mañanas luminosas y frescas que anticipaban un día fantástico. En altura, el frío y el calor se intercalan y la presencia de uno no descarta la visita del otro. Un matrimonio bien avenido que aturde al turista despistado. No es mi caso, aprendí a andar y a balbucear aquí, por eso, si tuviera que inventariar los sitios a los que pertenezco éste, sin duda, estaría entre ellos. Aunque siempre es preferible hacer inventario de las personas a las que perteneces, y dejar la tierra para pisarla.

La categoría de veraneante, te otorga la suficiente ajenidad como para observar (también ser observado) y no intervenir. En su momento, la imposibilidad de actuar y la marginación que ello suponía, me irritaba. Ahora, me divierte comprobar todo lo que me ha ahorrado la vecindad civil de veraneante.

La palpable constatación de que el mundo ha cambiado, es que yo pueda escribir esta carta. Aunque hay otras evidencias menos halagüeñas, apenas hay ganaderos. La verdadera depauperación del medio rural, de la que no se habla porque su crisis, suele reportar ventajas para el consumidor (lecha más barata). Sin embargo, no encuentro  el menor resquicio de indignación. El destino de este lugar, inextricablemente unido a su nombre, acaso perseguido por él, es la placidez, la resignación y la resistencia.

Juran haber avistado a un oso, y hace tiempo que los jabalíes bajan a hocicar en los contenedores de basura. La civilización los había alejado, a medida de que esta se aparta y se hace invisible (como esta conexión gprs), regresa lo salvaje, nimbado por la romántica (y tan urbana) idea del conservacionismo.

Son las once y media, una bóveda azul rasgada por los reactores nos auspicia, está fresco, y el sol ya es imponente. Todo sigue igual. Aquí, como en ninguna otra parte, un panteísta vería a Dios por doquier.

El que ha cambiado soy yo.

Inauguro esta serie epistolar, aprovechando que pronto empezaré mis primeras vacaciones remuneradas.

Cuidénse.

El mito de la unidad y la transversalidad como problema

Julio 18th, 2009

El anodino tratamiento informativo que se está dispensando a UPyD, nos devuelve estos días un paisaje de luchas intestinas y cabildeos que tratados con amable profesionalidad, engordan el viejo augurio de su inviabilidad. Algo que no debería descartarse, a lomos de un temerario optimismo. No obstante, no hay tanto un peligro, como una amenaza, lo que resulta ventajoso, ya que ese estado admite prevención para que el peligro no acabe por acechar.

El estupor con el que los observadores escudriñan los abandonos –sin justificación ideológica ni política, hasta el momento—se funda en el mito de la unidad del partido. Ningún partido político es uniforme, sus soldaduras son siempre aparentes y efímeras; mientras que las naturales fracturas suele restañarlas la recompensa del poder y en el que no lo tiene, se manifestan toda clase de divisiones. Nuestra historia democrática así lo demuestra y la de todo el mundo lo corrobora, como ejemplo véanse los bandazos del GOP en Estados Unidos.

Por tanto, el asunto tendría mucho interés si se cuestionaran los postulados programáticos del partido, no es así y sólo se escandalizan quienes deben hacerlo: los cínicos. Lo que no quiere decir, que sea inocuo, muy al contrario, desde hace tiempo se sabe que en la arena política no sólo concurren argumentos políticos. No habiendo crisis, en sentido estricto; y repito sería muy interesante que los discrepantes manifestasen concreta y detalladamente su criterio; bueno es crear su apariencia para debilitar a una estructura capaz de superar la barrera electoral y potencialmente decisiva en las siguientes elecciones. Puede que funcione el qui prodest? Aunque no soy partidario de conspiraciones y doy por buena una explicación más sencilla. El escándalo proviene de la ingenuidad, de confundir un nuevo partido de discurso definido, con una corporación de virtuosos, ajenos a las tensiones propias de cualquier organización. Con todo, estas circunstancias se están ventilando públicamente, lo que concuerda con una inequívoca voluntad de regeneración democrática. La coherencia tiene sus riesgos, y uno de ellos es la presunción de que quien se va, tiene nobles razones para hacerlo.

A todo ello contribuye, el irrenunciable discurso de transversalidad de UPyD, que no apareja ninguna ventaja en el terreno electoral (donde la claridad de la etiqueta izquierda/derecha se premia) y que sin embargo ha propiciado ya un cierto reposicionamiento político de los demás operadores. En muchos casos, ha habido un cambio de partido, pero no de ideas. El juego de pares es muy eficaz, por simple, así, cualquier cuestión que se suscite: aborto, privataciones &c.; recibe de antemano una contestación clara y contundente dependiendo de quien proceda. La posición de los dos grandes bloques se adivina, incluso antes del debate. Si hay que empeñarse en un análisis más profundo, cuyas conclusiones dejan de ser unívocas, y las soluciones propuestas son mixtas (al menos, desde la lógica imperante de debate dual); la transversalidad es un problema. Un problema necesario, que con independencia de los réditos electorales que ha dado y  en el futuro pueda dar, ya está influyendo en los demás y dificulta mucho la simplificación, es decir, funciona como potente antídoto a la mistificación de la que aquella siempre adolece.

La consolidación estructural de UPyD supone que la transversalidad ha pasado el Rubicón electoral, como en el resto de Europa: los liberales y verdes en Alemania, Bayrou en Francia o el Partido Liberal Demócrata en Inglaterra. Terceros partidos que han dado estabilidad al sistema, es decir, garantía de prosperidad; lo que deja claro las bajas pasiones de los que aquí se escandalizan.

Mañana mejor

Julio 11th, 2009

La falta de frecuencia en el blog se debe a la correlativa falta de tiempo. Aquel versículo maternal de que ‘hay tiempo para todo’, nunca ha sido cierto, pero proporciona el suero que alimenta al esfuerzo; supongo que su prédica es obligación de todas las madres.

En este semestre me han ocurrido muchas cosas que no he podido anotar.

No me acostumbro a querer verlo y sobre todo escucharlo. Nadie se acostumbra a haber muerto. Supongo que le gustaría leer lo que escribo, y que arrancaría las hojas de este blog para guardarlas como hizo con muchos de mis escritos, que ahora encontramos anotados. Son esta suerte de presunciones las que sustentan a los vivos.

He aprendido a trabajar, en un inmejorable entorno. Y podría derribar todos los tópicos que rodean al funcionariado.

Desprotegido del enrejado que rodea (y embrida) al opositor, he visto como la frivolidad gobierna a toda una generación. Sorprendiéndome, al salir de ese caparazón, de que las chicas que hablan recto son pocas y que las metáforas y tópicos son su perdición.

Formo parte de ese enredo, en medio de un plácido verano, sin letras que protestar y respirando sin melancolía, un aire de optimismo.

A ninguna parte

Junio 20th, 2009

«Si tuviera hambre
no sería cartógrafo de nada»

 
Esta declaración al final del primer poema, coloca filosóficamente a su autor, Moncho Martínez Castro[*]. El arte como ociosidad. No es cierto del todo, porque ha habido muchos poetas hambrientos, y no por serlo. No obstante, estoy de acuerdo, el arte fundamentalmente es una evasión de la realidad, y sus productores gentes acomodadas que pueden emprender fantásticos viajes, con cierta despreocupación. Viajes a nayundes (a ningún sitio).

En los ratos libres, Franz Kafka en la aseguradora, transformaba a Samsa en cucaracha. Aquí, el bancario compone poemas observando al mundo a través de la ventanilla de una cooperativa de crédito. Sospecho que es un mundo lleno de entretelas y cortantes, en el que aparece la muerte y una innecesaria pretensión de superfluidad. Esa melancolía tiene sentido. El cartógrafo mata para siempre, en cada uno de sus trazos la tierra que pisa.

Mientras que el autor toma nayundes como ninguna parte, la misma palabra es traducida por el profesor Neira como en alguna parte (Diccionario de los bables de Asturias, Oviedo, 1989, RIDEA). Puede que ninguna y alguna parte sean el mismo sitio, un confín innombrable o como dice más adelante el poeta, un simple olvido («pensando que en la patria está el olvido»).

***

El suplemento cultural advierte que vuelve a haber demanda de novelas de amor. Las causas se confían a hartazgos supuestos y como siempre, a la eterna descomposición del individualismo. El amor eterno nunca ha dejado de existir, aunque no ha abundado. Lo común no es vivir una novela, sin embargo, no debe minusvalorarse su papel como referente. Ahí tenemos al cine, y cómo algunos seres replicantes se meten en personajes imposibles (de películas reconocibles) para vivir su vida, llenándola de tribulaciones y angustias dignas de la mejor ficción. Con todo, la inestabilidad emocional o la banalización del amor acaban teniendo su coste. Nos lo muestra a la perfección la literatura, un amor imposible sólo es un amor a destiempo.

***

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La ráfaga de frío nos ha vuelto a envolver. En esta ocasión hay una diferencia, todos los mensajes son claros. Es el primer éxito del gobierno de unidad nacional en el País Vasco: ya no cuentan con la munición de la ambigüedad.

 


[*] Cartografía de nayundes. Moncho Martínez Castro. Trea, 2009.

La silenciosa metáfora

Junio 14th, 2009

El silencio sepulcral no debe ser interpretado. Quien calla nada dice. Sin embargo, una gratuita necesidad de respuesta, hace que se acabe de dar a la callada un sentido. Casi siempre despreciativo (no hay mejor desprecio que no hacer aprecio); como las cosas pasan tan deprisa, al silencio se le superpone la rutina y uno se cura fingiendo haber olvidado. Silencio y olvido. Una mezcla demasiado decrépita para un verano sin prórroga.

Un boxeador sonado se levanta a duras penas de la lona, mira alrededor y creer oír un tumulto de gritos, pero en realidad no oye nada, el golpe encajado le ha atolondrado y ni siquiera distingue con claridad al púgil contrario que a duras penas logra contener el juez. Se tambalea y cuando las piernas tientan con no sostenerle, (se boxea con los pies), arrastra su pesada cabeza hasta la esquina y se rearma. No oye a los suyos, pero borrosamente ve como abren la boca y se descoyuntan, y es que boxea con ellos; y eso basta.

No todo es trascendente. A penas hay cosas que lo sean, si es que aceptamos que puede haberlas. Lo enseña el tiempo;  los libros de Historia y cierta poesía:

No temas hacerme daño.
Yo soy fuerte como una niña pequeña.
puedo caerme cien veces y cien me levantaré
sin haber aprendido que es el miedo.
[…]
Y si no me haces promesas ni preguntas
y has logrado no olvidar tu camino de regreso
no habrás de temer ningún daño:
antes de huir te mataré de un disparo
y así despertarás cansado de estar muerto.

(El futuro de la aviación, Lidia Bravo)

Deja de ver luces chispeantes, percibe aunque no con claridad, el rugido estruendoso del pabellón. Sin reticencias, las piernas vuelven a sustentarlo y su barbilla se despega del pecho. Han pasado apenas unos segundos, pero sigue sin haber metáfora que lo aguante.

Insider or outsider, that’s the question

Junio 6th, 2009

El pasado domingo, ‘Negocios’ el suplemento sepia de ‘El País’ publicaba un interesantísimo artículo firmado por Ramón Muñoz sobre el fin de la clase media. Es como leer la propia esquela, o al menos, la esquela de un pasado que recuerdo apacible y estable. La prosperidad, siempre exclusiva y excluyente, ha venido a lomos de la ficción de que las clases han desaparecido, o al menos, que la clase trabajadora, asalariada o proletaria ha promocionado, ya son propietarios. La crisis revela que no es cierto, pero mucho antes, había mileuristas y salarios tan exiguos que no permitían alimentar a una familia.

El panorama que se nos ofrece es desalentador:

«(…) Con bastante aceleración se irá formando un grupo de personas necesarias que contribuirán a la generación de un PIB cuyo volumen total decrecerá en relación al momento actual, personas con una muy alta productividad y una elevada remuneración (razón por la cual su PIB per cápita será mucho más elevado que el actual), y el resto, un resto bastante homogéneo, con empleos temporales cuando sean necesarios, dotados de un subsidio de subsistencia (el nombre poco importa) que cubra sus necesidades mínimas a fin de complementar sus ingresos laborales. La recuperación vendrá por el lado de la productividad, de la eficiencia, de la tecnología necesaria; pero en ese trinomio muy poco factor trabajo es preciso. Pienso que la sociedad post crash será una sociedad de insiders y outsiders: de quienes son necesarios para generar PIB y de quienes son complementarios o innecesarios.»

El ideal liberal de democracia se desvanece, ya que se trataba de extender la autonomía y la libertad, para que fueran muchos más los que puedan decidir de forma informada y sin estar sojuzgados. Para ello, el principal instrumento era la instrucción, pero la verdaderamente buena, la que anticipa al individuo a los problemas que tendrá que encarar es muy escasa y cara. Los insider dirigirán el mundo, sin vínculo alguno con los outsider. El siglo XXI puede estar regido por un despotismo plutocrático (que bien puede ser ilustrado, aunque no necesariamente).

Los frívolos discursos políticos con que nos cuecen, son signo inequívoco de que cuentan más la anécdota, las astracanadas que el mismo gobierno.

«Puede que no sea muy romántico advertir de que, tampoco esta vez, seremos testigos de una revolución, pero es muy probable que la caída del bienestar se acepte con resignación, sin grades algaradas, ante la indiferencia del poder político, que llevará sus pasos hacia la política-espectáculo, muy en la línea de algunas apariciones de Silvio Berlusconi o Nicolas Sarkozy, cuya vida social tiene más protagonismo en los medios de comunicación que las medidas que adoptan como responsables de Gobierno»

También hay ejemplos patrios, que ilustran perfectamente cómo el show ha comenzado.

El bienestar es inviable si se hace a costa de subsidios, de subvenciones, pero es insostenible si se pretende articular como una misión individual, en la que el sujeto debe luchar contra los demás aun cuando esa lucha sea a muerte.

Amén de que los sistemas puramente privados no son siempre eficientes. Un clamoroso ejemplo es el sistema sanitario norteamericano, vinculado a la actividad laboral (con trabajo hay seguro médico y sin él la familia queda desprotegida). El gasto público sanitario per capita en EEUU es el más alto del mundo (6.347 dólares por alma frente al español de 2.260 dólares), pero sólo cubre a un 52% del gasto de los ancianos, un 7% de la población definida como indigente médico y un 100% del personal militar. Esta última cobertura universal, se explica porque el programa sanitario de los Veteranos (militares en situación activa y pasiva), es enteramente público (tanto su financiación como la provisión de los servicios son federales). [Información tomada de Vincenç Navarro, Crisis sanitaria y crisis económica en EEUU: ¿cómo están relacionadas?, Temas para el debate, núm. 174].

Esta es la realidad que seguimos mirando desde trincheras metafísicas, donde las personas y su bienestar quedan al albur de grandes teorías que ocultan perfectamente la falta de valor para enfrentarse a los problemas y liderar soluciones.

La transversalidad es la única esperanza posible que nos queda, antes, de tomar parte, sin consideración alguna, en la encarnizada lucha por ser un insider.

Corner meeting

Junio 3rd, 2009

Martes de Campo. En la Plaza de la Escandalera, al caer la tarde, el profesor y maestro Sosa Wagner toma la calle y la palabra, con el único objeto de persuadir. Convencer a ciudadanos libres sobre las bondades de la opción que representa. Es un hecho insólito, en un país en el que con desparpajo, se ha enlatado la democracia. Los mítines son para los convencidos, como las misas para los creyentes o el horóscopo para el supersticioso; ocupar la calle y exponer a viva voz ideas, sometiéndose luego al interrogatorio del público, repugna a los viejos y grandes partidos. Cuando observaba a mi alrededor, la congregación me recordaba a las reuniones que los candidatos norteamericanos hacen en los salones de las casas, con pastas, café y preguntas indigestas. Parecía un caucus, donde la importancia del voto es la importancia del ciudadano.

Quienes saben que esto regenera la vida política del país, para no tener que cambiar su voto, apostillan que durará poco. Puede ser. No obstante, como escribió Borde y en este trance, tantas veces me repito: «no hay nadie más estúpido que el que no hace nada porque sólo puede hacer un poco.» En todo caso, esto está sucediendo aquí y ahora, y nos compromete.

Don Francisco Sosa Wagner, el domingo y don Fernando Maura, el viernes, esbozaron un programa europeísta, que pasa porque se apruebe el Tratado de Lisboa y nos dotemos de estructuras de Gobierno más estables, y por tanto, mucho más sólidas. Conscientes de que Europa es un sueño que trabajosamente va trasmutando en realidad.

El 7 de junio sabremos cual es la magnitud de nuestra fuerza y será el día en el que se podrá fechar la consolidación. Por eso creo que quienes obvian el fenómeno, es porque en realidad, lo dan por descontado. El domingo es la hora de la prueba.

Nota.- Obama no se presenta a estas elecciones.