La televisión formal (en la distinción de Gustavo Bueno), hace que sin previo aviso lo remoto acontezca en tu propio salón. Ayer, rocé las dos de la madrugada para ver y oír como ‘The Police’ tocaba ‘Every breath you take’, una canción que importamos de la discoteca de mi hermano-primo Alejandro; la primera vez que me abandoné a una letra incomprensible, mecido por una nana eficaz. Esa canción podría ser el título de un ensayo sobre una generación sin marcas, que vivió emplazada entre otros movimientos pretendidamente más transgresores, de los que sólo quedó una efímera estética.
Veo a los tres músicos sobre el escenario con el privilegio televisivo del primer plano, y sigo preguntándome por su sobriedad en una década sobrecargada y excesiva. Es más fácil imaginárselos tocando en tu salón que ante una multitud festivalera, porque lo cierto es que no hay show, podrían fundirse todas las luces del escenario y nada cambiaría. Por eso esta canción (y las demás) les sobrevivirá, siempre que la arqueología halle una grabación.
Los intérpretes se apartan majestuosamente, y el bajo dicta imperturbable los movimientos del diafragma del enamorado. Tan importante como la letra es el espacio en el que sólo oímos su respiración, para inmediatamente comprender que decir respiración es decir todo, proclamarlo hasta la extenuación: ‘you belong to me’.
El marcado y constante ritmo nos descubre que este tipo de declaraciones se hacen en la soledad de la desesperación, cuando la distancia, la huída se han cobrado definitivamente la oportunidad; las cosas que nunca se dicen, que se postergan suelen acabar en una canción, un poema o un silencio. El recuerdo nos devuelve encarecido lo irrisorio, nadie se lamenta por aparatosos valores universales, sino más bien, por un movimiento, una palabra, un juego… la rutina a la que tantas veces desprecia la inconsciencia.
Quizá el amor sea sólo su rastro, es decir, la nostalgia. A pesar de la empírica comprobación de que sólo se valora lo que no se tiene, el bajo policial se aferra como náufrago a un pecio, a la esperanza de que ‘I’ll be watching you’, cuando ya es demasiado tarde.
Me conjuro para que cuando llegue el momento sepa sobresaltarme cada vez que tú respires, y la canción sea simplemente nuestra nana.
Una canción preciosa. Gracias Pablo, por colgar el video. Que tiempos aquellos. Alejandro.