Gore Vidal, D.C. (después de Cristo)

 Después de haber leído muchas memorias,  de políticos, periodistas y escritores, he concluido que el género es una suerte de obsesión por aclarar para la posteridad quien fue verdaderamente uno. Casi siempre estos autores han sido objeto de estudios, y muchos de ellos cuentan con biografías o aparecen aludidos por otros, de ahí el ahínco con el que quieren fijarse. Un vano intento de querer colocar al personaje, creyendo que prevalecerá su última palabra. En cualquier caso es interesante el juicio ético que hacen de su propia vida; porque aunque uno no conozca los detalles polémicos de la biografía del memorialista, pronto advierte cuando éste rememora uno de esos aspectos escabrosos. Más que un ajuste de cuentas, las memorias pretenden ofrecer una justificación a lo hecho; desde una perspectiva histórica (omnisciente) es más fácil articular una sólida cadena de motivos y causas. Sin que con ello quiera decir que las memorias son una expiación. En fin,  en ellas el lector puede ver los cosidos, y eso a mi juicio las hace sumamente interesantes.

Acabo de terminar ‘Navegación a la vista’ el segundo volumen de las memorias de Gore Vidal, un escritor que me atrae por el conocimiento directo que tiene de la política norteamericana, amén de dominar su historia. Si conocer es comparar habremos de dar por buenas las conclusiones del autor sobre la actual clase política, en contraste con la de los primeros tiempos de la República. En sus recuerdos aparecen personajes tan importantes como Truman Capote, Tennessee Williams o los hermanos Kennedy; a los que desnuda escribiendo con toda naturalidad lo que piensa sobre sus vidas e incluso sobre sus muertes. Parte de que su generación está hecha por el cine, como la nuestra por internet. Así cuenta la película de su vida, sobre todo sus idas y venidas, divorcios y segundos y terceros matrimonios de sus padres, hermanastros, y su homosexualidad. Tema sobre el que aplicó la normalidad, negando que su identidad derivase de sus prácticas sexuales, lo que claramente contrasta con la tendencia actual de considerar que la condición gay del sujeto le hace automáticamente portador de una serie, generalmente de ‘virtudes’, que quien no lo sea nunca podrá tener.

Después de ‘Navegación a la vista’ se concluye que la fama de provocador de Gore Vidal es exagerada, incluso no existiría sin esa desmedida predisposición a ser escandalizados, propia de timoratos.

Cito el último párrafo de una carta al director que nuestro autor envió el 7 de julio de 1977 a The New York Times (periódico que lo silenció durante años), para que puedan verlo al natural:

«Dejando a un lado estas objeciones, agradezco a su empleado que haya demostrado tan a la perfección y en una sola frase muchas de las razones por las que The New York Times será eternamente un mal periódico, destinado a defender a figuras tan cuestionables como Judith Miller» (El subrayado es mío)

Bookmark/share via AddInto

Los comentarios están cerrados.