Estoy haciendo tiempo en el Blue Sky Grill, el restaurante del Pepsi Center, Denver, Colorado. He pedido carpaccio de búfalo y unos nachos, bebo cerveza por no haberme atrevido a pronunciar ‘Coca-Cola’. Intento poner en orden la información de que dispongo sobre la Convención Demócrata. De este modo, me libro del equívoco que azota a la ribera atlántica desde la que escribo habitualmente; no es otro que ver esta asamblea como la coronación de Obama. Sin embargo, aquí todo se ve de distinto modo. El termómetro del aparcamiento marca una temperatura de 84º. Todo parece más grande. A mi lado, una delegada de Ohio relee los periódicos, es muy agradable comprobar que las activistas políticas existen y se afanan en mantener el canon moderno de belleza. Otro contraste, en la otra orilla, el desaliño suele aparejar un cierto prestigio político. Algunas chicas cultivan una estética hortera que les diferencie de las pijas del otro lado, eso sí, hasta que son ministras. Desgraciadamente, no llegan todas y a las demás la política las condena a una estética deprimente y descuidada.
No puedo entretenerme en la descripción de la grada, un interesante mosaico. Han ocurrido muchas cosas, Barack Obama ha elegido como Vicepresidente a Joe Biden, y el Presidente Clinton ha hablado. El senador Biden contrarresta los principios de bisoñez que asomaron al comienzo de la campaña de Obama. Por cierto, nada parecida a la de los pagos patrios, a este efecto no debe confundirse la titubeante inexperiencia con el incansable despacho a la ligera de todos los asuntos. Aporta autoridad moral, es decir, el reconocimiento por ambos partidos de que se trata de un hombre con criterio. Allí tan escasos como aquí. Lo demostraba el otro día en The New York Times Jeffrey Rosen, narrando el ecuánime papel que desempeñó como Presidente del Comité Judicial del Senado en la designación de jueces no precisamente de perfil liberal. En su discurso ante la Convención, habló sin ambages del mundo, y del negligente papel que los neocon han tenido respecto a Rusia. Por mucho que ahora, en sesudos e interesantes ensayos quieran explicar la nueva dialéctica democracia/autarquía (que sustituye a la del capitalismo/comunismo); sus teorías se hicieron carne invadiendo Irak y contemporizando con Rusia y la inmundicia moral de su actuación en Chechenia. El candidato a Vicepresidente se compromete con la reconstrucción de Georgia, lo que para cualquier partidario de la democracia debiera ser una alegría. Sería aconsejable que al respecto, la desvalida Europa y también Estados Unidos recordaran la alegría con que reconocieron Kosovo.
La designación de Biden hizo que los republicanos publicaran un vídeo propagandístico en el que aquel criticaba a Obama. Una utilización demagógica y penosa de unas diferencias que también y no sin menor intensidad cobija el GOP (Great Old Party, el Partido Republicano). Como reacción apareció entre los demócratas, el sonsonete ‘Mc Cain is more the same’, vinculándolo a la desastrosa administración Bush, como forma abreviada y eficaz de atacarle. Debería prohibirse la utilización en la publicidad propia de los adversarios, limitando así, los riesgos de esta ponzoñosa propaganda que con tanta diligencia copiamos.
Pero esta crítica, según la cual se parifica a Mc Cain con Bush, demuestra lo apretado de la situación electoral. Al escribir esto, Gallup sólo da un punto de ventaja a Barack Obama, pero como este señor lo explica todo, muestra los puntos más fuertes, por comparación, del candidato demócrata, a saber: conecta mejor con las necesidades del electorado, en unir a los dos partidos, en valores compartidos y en anteponer los intereses del país a los del partido. Pierde en eficacia y liderazgo, amén de que un 80% ve a Mc Cain como un buen comandante en jefe, mientras que sólo un 53% opina lo mismo de Obama.
Se cita como factor que aprieta más los sondeos que muchos partidarios de Hillary votarán a Mc Cain. Como especulación puede estar bien, pero al igual que el periodista Simon, no creo que ocurra tal cosa, sobre todo cuando ya se sabe que el senador Mc Cain apoyó nueve de cada diez propuestas de la administración Bush, o votó 49 veces contra el incremento del salario mínimo.
Otra particularidad grata es que nadie escatima elogios al rival, así Bill Clinton le dedicó estás palabras más allá del protocolo: «The Republicans will nominate a good man who served our country heroically and suffered terribly in Vietnam. He loves our country every bit as much as we all do. As a Senator, he has shown his independence on several issues.»
Bill Clinton en su discurso, plagado de referencias al papel en el mundo de Estados Unidos y al refortalecimiento de los mecanismos de cooperación multilateral, dejó sentado, algo que no percibimos, allí, las cosas internas no van nada bien. Asevera el Presidente Clinton: «Barack Obama sabe que América no puede ser fuerte en el exterior sino lo es en casa. A todo el mundo siempre le ha impresionado más el poder de nuestro ejemplo que el ejemplo de nuestro poder.» Un juego de palabras que encierra como valor la disuasión frente a la fuerza meramente preventiva.
Biden acabó su discurso con una variación al habitual: “Que Dios os bendiga y bendiga a América”, por «May God bless America and protect our troops.»
El país vota en guerra.

¡Que las barbas de Abraham nos protejan! ¿Nuestro hombre está en Denver? Al menos Dios sí.
Muy interesante blog! Hace poco leí un reportaje sobre el mismo tema en un portal colombiano dedicado a proveer información electoral y sobre los candidatos en Colombia, especialmente lo relacionado con las elecciones 2010 en Colombia y con los candidatos al congreso y a la presidencia.