Dinner en el ‘Blue Sky Grill’ (y II)

La chica de la otra mesa se llama Rachel Sullivan, hemos vuelto a coincidir, ahora con un sándwich vegetal, el mío sin mayonesa, y en la barra. La euforia colectiva disimula el agotamiento individual que causa la masa enfervorecida. Comprensiblemente sus ojos brillan, porque aquí todo tiene proporciones históricas.Antes de que me arrolle con su entusiasmo, le hago ver que el nominado aludió a Ohio en dos ocasiones. La primera para referirse hipotéticamente a una mujer, que al borde del retiro, queda arruinada al diagnosticarle una enfermedad, tras una vida entera de trabajo. Por segunda vez, al ejemplificar «La realidad de la propiedad de las armas es diferente para los cazadores del rural Ohio que para aquellos acosados por bandas violentas en Cleveland, pero que nadie me diga que no podemos mantener la Segunda Enmienda mientras que quitamos los AK 47 a los criminales». Sonríe, y cita esos dos aspectos como motivos que engrosan la larga lista de causas para el cambio. No son menores, la falta de un sistema de seguridad social y la facilidad con que los criminales se hacen con armas de fuego.

Sobre el primero se ha hablado mucho, y cuesta creer como la primera potencia del mundo no disponga de un sistema de protección eficaz. Al tiempo que alberga los hospitales más especializados y sofisticados del mundo.

El sueño americano consiste en retribuir el esfuerzo individual, pero en la lectura demócrata, implica también el auxilio estatal en algunos casos de necesidad. Frente al modelo republicano de la ‘sociedad de propietarios’, que supone «you’re on your own» (arréglatelas como puedas). Esa retórica me resulta totalmente ajena por mi escasa propensión a las ensoñaciones, en cambio, admiro el grado de identificación de la gente con ese ideal. Aunque en el papel sea mucho más prosaico: la igualdad de oportunidades.

Estas observaciones se desvanecen cuando es de nuevo,  un negro quien sueña. En un país que abolió la esclavitud en 1863, con un retraso de treinta años respecto a Gran Bretaña, con el pretexto económico de la acuciante necesidad de mano de obra barata para el algodón, hasta el punto que allí la democracia advino antes que el industrialismo.

Además de estas consideraciones nacionales, Barack Obama fijó un objetivo ambicioso que no puede despacharse con desdén, a saber, «And for the sake of our economy, our security, and the future of our planet, I will set a clear goal as President: in ten years, we will finally end our dependence on oil from the Middle East». Es decir, comienza una cuenta atrás para eliminar la dependencia de Oriente Próximo. Con menos abundancia de dinero, más o menos fácil, cabe pensar que no habrá tantos fondos para el terrorismo. Y en todo caso quedarán cercenadas las puertas a la extorsión. Tal objetivo decenal merece la reelección.

Consigo sortear el fervor partidario de Rachel y del grupo que ya se concentra en torno al extranjero; y me pregunto si asistiremos a una ola de neoprogresistas. En otras palabras, si el reaccionario posmodernismo se encarna ahora en los demócratas. Los indicios que hubo en las primarias, con la frívola disposición al diálogo con líderes de todo pelaje de la que hizo gala Obama, se han desvanecido. Y el propio candidato apela a Roosvelt como ejemplo de coraje en la defensa, ya no sólo de los norteamericanos, si no de la libertad. Si bien aquella se detuvo en los Pirineos en mala hora.

Los demócratas han sido audaces, y su ‘yes we can’ ha provocado un volantazo en la campaña republicana, donde McCain ha anunciado precisamente en Dayton, Ohio, que su vicepresidenta será la conservadora Palin, a la sazón, gobernadora de Alaska. Por una parte compensa la ausencia de Hillary Clinton en la candidatura demócrata y por otra la reputación de independiente y liberal del candidato republicano. Con esta fama McCain corre la misma suerte que azota a nuestro Rajoy, a quien desde su flanco derecho quieren erigir en baluarte de una moderación impropia tan infundada como mal intencionada. Además hay una tercera variante, la juventud de la vicepresidenta puede sugerir una macabra desconfianza en la viabilidad de McCain (¡larga vida para él!). Auguro que el humor negro se cebará con el ticket republicano.

El volantazo se ve con más claridad si como informa Jonathan Martin, se pensó en el senador Lieberman, quien ya fuera en la fórmula electoral de Al Gore. La inexperiencia de la gobernadora permitirá neutralizar la misma crítica que se lanza contra Obama.

Rachel se va convencida de que se obrará el cambio.

Uno se convierte en partidario sólo para alejar la más leve posibilidad de que efectivamente McCain-Palin puedan parecerse a la actual administración.

Un comentario a “Dinner en el ‘Blue Sky Grill’ (y II)”

  1. [...] quito los guantes y oteo en qué mesa se encuentra Rachel Sullivan. Después de los saludos, y pedir un café caliente con galletas (o algo así), mientras ella lo [...]

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