Twitter, es piar o hablar nerviosamente. Una elegante metáfora para designar a esta apocopada forma de comunicación en internet. Muy similar a los SMS. Limitarme a 140 caracteres, haciéndolo sin perversión, es un reto para un redactor de frases largas y muchas veces ininteligibles. Pero no negaré que sobre todo es una necesidad, en un mes sin tiempo para mis habituales periodos kilométricos.
El artilugio lo he introducido como complemento de Ius et Libertas (parte superior derecha); bajo el rótulo ‘Sucinto a veces, somero otras’, que es un mea culpa por haber utilizado indistintamente estas dos palabras. Y el asunto es grave. Sucinto: breve y compendioso (que engloba resumidamente muchas cosas). Somero: ligero, superficial, hecho con poca meditación o profundidad.
A lo largo del día, cuando tenga tiempo para piar, irrumpiré en dos líneas. Lo agradecerán. Y yo me moveré sin caracolear, como quien estira las piernas para proseguir el viaje.
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Republican National Convention (RNC).- El discurso, leído, de McCain tiene una fuerza arrolladora en asuntos de seguridad y defensa. Sabe bien de lo que habla, hasta este punto, tomen nota los militaristas de toda laya y latitud, porque habla el candidato republicano: «Odio la guerra. Es inimaginablemente terrible». Esta afirmación no es tópica en su partido. En su aceptación ha tomado dos rasgos que el público ha podido con facilidad asignar a Obama, el cambio y la esperanza. La exuberancia retórica de los políticos norteamericanos, me resulta demasiado artificiosa, pero admiro su elaborada prosa incomparablemente mejor a la patria, plagada de anáforas y tics busca-aplausos. Cambio, porque no quiere vincularse a la actual administración y porque sostiene que cambiará Washington y que Washington no le cambiará. Esperanza a raudales: «We never hide from history. We make history» Son sus últimas frases antes de la bendición final. A su edad es demasiado tarde para cambios, después de su larga vida de Senador, fiel en un 95% a las propuestas de Bush. En cuanto a la esperanza, cabe hacerle el mismo reproche que al candidato demócrata: dennos hechos.
Sus anuncios son claros, menos impuestos (sin especificar los beneficiarios de tales recortes, a diferencia de la campaña de Obama: «se recortarán los impuestos al 95% de las familias trabajadoras»), seguros sanitarios privados, libre elección de sistema educativo, menos Estado, reducción del gasto público y menos burocracia (entre otros).
Ha sido menos concreto que el discurso de aceptación de Barak Obama, como botón, el demócrata habla de independencia energética en una década, explotando el gas natural norteamericano, desarrollando las energías renovables y apostando decididamente por la energía nuclear. McCain está de acuerdo con todo eso, no fija fecha, y añade la perforación de las reservas petrolíferas porque lo considera necesario, tachando de irrealista la propuesta de Obama. Faltan los datos, uno nada desdeñable es el horizonte cronológico.
Es un discurso respaldado por una vida, por toda una trayectoria, algo a lo que ningún elector se va a sustraer. Lieberman dice de él que es un inconformista, y se desentiende del candidato demócrata sentenciando: «El Senador Obama es un talentoso y elocuente joven que puede hacer cosas grandes para el país en los años venideros, pero la elocuencia no sustituye a la experiencia, no en estos tiempos peligrosos». Aquí está el motivo confeso de su apoyo, el recelo generacional.
Pero la edad cuenta en esta campaña, cada fórmula electoral está compensada. Y la edad del candidato republicano dispara el protagonismo de su Vicepresidenta, la gobernadora Palin. En su discurso estableció con desparpajo su ideario, jactándose de no ser una criatura de Washington y exponiendo con claridad la suma de sus principios. A pesar de su filiación abiertamente declarada a a la Asociación Nacional del Rifle, no dice nada de la libre tenencia de armas ni de su vinculación a la alta tasa de asesinatos. La energía desplegada en la tribuna respondía a todas las polémicas que se ciernen sobre ella. Seguramente que Biden le recuerde en sus debates que puede que no estén de acuerdo en materia de aborto, pero sí en reducir los embarazos no deseados. Veremos que responde. De momento, Gallup mide el impacto de su discurso, dando entre tanto una ventaja de siete puntos a Obama.
En los discursos republicanos Dios aparece a cada paso, para bendecir o para crearnos a todos. Aquí es donde el Atlántico se hace infinito. La sospecha de que un ser anteponga la fe a la ciencia, es decir, el Dios del Génesis al Darwin de las especies, arrincona cualquier comprensión y pospone el debate político al epistemológico. El consenso en éste es presupuesto necesario para cualquier ulterior pelea. La desacomplejada Palin tiene el peligro del visionario, además del riesgo de ser joven al lado de un viejo, al que a pesar de sus rezos, cuesta verle como un pedazo de barro en manos de Dios.
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La película sobre Ernesto Guevara de la Serna. Los mitos deben confrontarse con los hechos, y un buen ejercicio es atender a la acumulación de pruebas que se exponen en este documental. Sobre todo en un tiempo en que tratamos de inventariar las aniquilaciones sistemáticas del adversario. Sólo con cierta prevención nos podremos librar de las salpicaduras, ahora que podemos estar informados.
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En un lugar de Irlanda. Una excursión de españoles (?):
Guía irlandés -dirigiéndose a una chica-: ¿De dónde eres?
Chica 1: Del País Vasco
Guía irlandés: ¿española, no?
Chica 1: No, el País Vasco no es España
Guía irlandés -dirigiéndose a un chico-: Bueno, y tú ¿de dónde eres?
Chico: De Barcelona
Guía irlandés: De España ¿no?
Chico: No, no, de Cataluña
Guía irlandés: ¿no hay nadie aquí de España?
Chica 2: Sí, yo soy española. De una pequeña región del norte llamada Asturias.
La Chica 2 es mi enviada especial, quien atónita comprobó lo infecciosa que resulta la palabra España para dos mozalbetes, que sin embargo no hacen ascos a una generosa beca del Ministerio.
La pamplina de la desafección, mentada por el presidente de la Generalidad de Cataluña, no es un riesgo, es un hecho. Esta mentira ha sido el precio (muy alto) de la Transición política. Por ahora los grandes y viejos partidos de este país no quieren pagarlo. Si es una cuestión generacional, el arreglo corresponderá a la nuestra, a los nacidos más o menos con la Constitución. Conozco bien a mis padres y no creo que lo sea. Así que espero que en los próximos tiempos electorales, comience la lenta expulsión de esta sarta de mentiras; que bien colocadas convierten una agradable excursión a un castillo irlandés en una astracanada.
Que quede bien claro, prefiero que me confundan con un guitarrista de flamenco tocado con montera y harto de paellas que con estas personitas. ¡Olé!