La promoción es la unidad de destino del funcionario. Surge entonces el corporativismo como problema, la saña social con que se les critica y aborrece. Existen toneladas de literatura y prosa periodística contra el «aparato», en muchos casos, sus razones son más que atendibles. Como desestimables son muchas de las caricaturas y generalizaciones que profesan los críticos. Es una cuestión de fe, séase anarquista o neoliberal, el adelgazamiento del Estado es la racional conclusión a que se llega después de observar cómo trabaja su infantería.
Sobre este asunto, asistí en una ventanilla universitaria a una genial contestación de una alumna a la que no acaban de notificar la ampliación de matrícula. Puede comprenderse la demora, porque no es habitual que alumnos cursen en un año, dos; con todo, no se justificaba que minutos antes de los exámenes nadie pudiera decirle nada a ciencia cierta. Pues bien, la funcionaria comentó algo de una diligencia. A lo que la molesta administrada añadió: «diligencia del Oeste». Sin torcer el gesto, aquel acto administrativo se notificó después de los exámenes.
Conviene insistir en la importancia de la promoción y también del cuerpo. No como entidades metafísicas, sino como el humano marco en el que se desempeña el trabajo. Así todo, tal magnitud admite el detalle, en eso consiste en esencia el Tridente. Una red tejida a mazazos en el último (y más grave) tramo de oposición. Por eso las celebraciones son un auténtico desquite. A pesar de que las nuestras se hacen sin la pieza cazada, en Roma, certus an, incertus quando.
El homenaje ha sido en un lugar recóndito más que remoto: el Occidente asturiano. A los extranjeros, Asturias no suele parecerles lo suficientemente grande como para tener Oriente u Occidente, demarcaciones más dignas de interminables continentes que de perdidas regiones. Si realmente los tenemos, es por su necesario papel de contrapunto. En su defecto, no habría centro de gravedad que nos sujetara. Ni mares remansados en una bahía compartida, ni montañas redondeadas, ni robles impermeables, ni agua que encienda la fragua, ni filo que corte, ni casas abiertas con humos que sobrevivan.
Como allí las líneas son muy importantes, acataremos los deslindes e imploraremos que la fiesta inicial de confraternización sea premonitoria de buenos tiempos.