De causas y cálculos. El imponderable voto vergonzante

 Últimamente en las encuestas el empate se deshace a favor de Barack Obama. La pregunta que se hacen unos y otros es si la ventaja será suficiente. La respuesta podría ser diferente, si se analizan las causas (en el supuesto de que puedan aislarse) o si por el contrario se discute el cálculo.

La principal causa que pacíficamente se admite como justificación del despegue del candidato demócrata, es la crisis financiera. Más bien la fallida gestión de la Administración republicana, la doctrina de la desregularización; que ahora paga el Presidente Bush con una exigua aprobación del 25%. El desastre le acompañará para siempre, del mismo modo que la crisis de los rehenes pudo con Carter. La fácil asociación al Partido Republicano dificulta que su candidato pueda proponer algo concreto. De ahí que sea la candidata a Vicepresidente quien se encargue del trazo grueso (exabruptos incluidos) o se aproveche de su telegenia, guiñando el ojo a los votantes.

En esta situación, los demócratas despliegan una batería de datos para armar sus propuestas, reducción de impuestos a rentas inferiores a 120.000$ al año (sorprende la clase media estadounidense con una renta mensual aproximada de 7200€ al mes). También para hablar de Irak, retirada paulatina en dieciséis meses, reducción del actual contingente militar de 400.000 efectivos y del coste estimado en 10.000 millones de dólares. Ante esta ofensiva, la única cifra que esgrimió Palin en el debate con Biden, fue su exención fiscal de 5.000$ para financiar el pago de seguros médicos. Una propuesta tan lineal como injusta, ya que no a todos los enfermos cunde una cobertura sanitaria de esas características. Además  de transmitir un mensaje muy inquietante, el cambio climático no sólo se debe a causas humanas sino a otras, que no descifró y que deben de ser escatológicas, tan aficionada como es a hipostasiar.

Por eso los muertos ya debidamente enterrados vuelven: Ayers, el reverendo Wringh respecto de Obama o el caso de los cinco de Keating en relación a McCain (quien fue declarado libre de cualquier cargo de corrupción por el Comité de Ética del Senado).

Sin embargo la suficiencia de la ventaja que arrojan las encuestas (Gallup y Politico), se pone entredicho. El factor racial emerge y con él, el voto vergonzante, aquel ciudadano que nunca votará por un negro. En Estados Unidos el fenómeno se conoce con el nombre de ‘Efecto Bradley’, por el exalcalde de Los Ángeles que perdió las elecciones a Gobernador cuando las encuestas le daban como ganador. O el caso de Wilder que fue elegido en 1989 Gobernador de Virginia por un estrecho margen, cuando las encuestas le daban una amplia mayoría. Puede decirse que la mengua electoral respecto a los sondeos se acrecienta cuando los candidatos son negros; algunos se atreven a medir esa pérdida en una horquilla de uno a cinco puntos. Según estas cuentas, hoy Obama con una ventaja de ocho superaría al voto vergonzante.

Es muy gráfica la conclusión de la encuestadora demócrata Celinda Lake: «los blancos entrevistados por negros son más partidarios de Obama en un tres o cinco por ciento que los blancos entrevistados por blancos».

Otros sostienen que estas prevenciones no pueden traerse a esta elección, forman parte del pasado y que con los datos en la mano no se aprecia una desviación tan grande.

Las conclusiones ahora tienen sus riesgos, ya que si pierde Obama se acudirá inevitablemente como explicación a la raza. Será difícil saber cuánto pesa allí y ahora ser negro. Intuyo que mucho, no sólo por razones históricas o porque en los sesenta hubo que escoltar militarmente a los negros para que pudieran ir en paz a la Universidad; o porque los últimos del Katrina  eran precisamente negros. Sino porque son legión los que asistidos por interpretaciones psicologistas piensan que un negro (una mujer o un hispano) gobernarán de modo diferente (y mejor).

Además,  comparto la opinión del Gobernador Wilder: «Racism has not gone away nor will it ever».

Fuera de toda clase de especulaciones, en Ohio (Estado clave con veinte votos electorales muy disputados), el nuevo sistema de registro y votación anticipada no ha tenido mucho éxito, un mal indicador para la campaña demócrata. Podría confirmar la larvada acción del voto vergonzante, ya que en dicho Estado según la encuesta de Politico, Barack Obama lleva una ventaja de tres puntos y medio a McCain (Bush en 2004 sólo ganó por dos puntos).

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