Las miserias locales entorpecen mis planes.
Es hora de volar a Ohio, aunque hoy aclararé (para que nadie me haga lejos de la regional estupidez) que vuelo a lomos de Google Earth. Un potente ojo por el que se puede respirar.
Repiten aquí y allá que Ohio electoralmente es un mini-Estados Unidos, al menos desde 1960, fecha a partir de la cual el presidente elegido siempre gana allí. No es extraño que ambos candidatos se sirvan en sus parábolas de este estado. Últimamente el caricaturesco Joe ‘El fontanero’ quien disfruta llamando socialista a Obama, y entregándose a toda clase de análisis económicos, el ciudadano medio que es el que realmente sabe. Pero también es de Ohio la mujer a la que la policía notifica el embargo de su casa (por impago de la hipoteca), sube con cualquier excusa a su habitación y se pega un tiro. También la maestra jubilada que para hacer frente a una enfermedad tiene que vender todo &c.
Las campañas electorales parten de una situación negativa, no pocas veces la ennegrecen, para prometer toda suerte de bondades. La ventaja de los demócratas, coyuntural pero ventaja, es que hay un deterioro objetivo del que nadie duda. Estratégicamente obliga a que McCain tenga que distanciarse de Bush, y a veces de la anodina Palin. Mientras, Obama sólo tiene que estirar su dedo para señalar los desmanes, y gane ya sólo con poner cara de circunstancia. Irak se ha desvanecido, y ahora manda la empresa que quiere comprar el bueno de Joe, la bajada de impuestos o los ribetes confiscatorios con que quieren ennegrecer a Obama.
Esta situación ventajosa, Obama la cobra con encuestas favorables (Político, votos electorales: 364 a 174). Tal ventaja desborda el júbilo del antiamericanismo, que como toda secta odia a unos más que a otros.
Suele matizarse que son sólo encuestas y que la verdadera será el 4 de noviembre… Sin embargo un nutrido número de periodistas ya lo han nombrado Presidente; y ahora andan indagando quién será su Jefe de Gabinete (una figura política difícil de explicar, el Leo de la tan recomendable serie ‘El ala oeste de la Casa Blanca’). Ya hay nombres, un congresista de Illinois: Emanuel Rahm. Estas especulaciones junto con la advertencia de que la parroquia demócrata no se desmovilice, adelantan una verosímil victoria.
Sobre su importancia se leen ramplonas magnificaciones, que anuncian un fin de era o de época. No será para tanto, y tampoco podrá, por muy espectacular que la victoria fuere, borrar que fue ‘la ola Pelosi’ quien derrotó al movimiento neo conservador hace dos años. Incluso últimamente ellos han teorizado sobre su derrota, pasando del fin de la historia a la vuelta al siglo XIX (¡sin esclavos!).
El reto del Presidente Obama no será la Historia, a la que quiérase o no, ya tiene rendida, sino la eficacia. Entre la República y el Imperio, tendrá que dedicarse más a la primera; lo que no tardarán en observar los conspicuos periodistas de la Historia y de las tablas rasas. Al cabo, mascullarán que a final de cuentas, es americano; con el inconfundible acento del prepotente que goza queriendo ver en sus promesas (change, hope…) un remedo de nuestros inconmovibles principios. Sin tomarse la molestia de investigar quién usó antes la palabra cambio o esperanza para dirigirse al cuerpo electoral, ¿un americano o un europeo?
Obama habrá conseguido, pase lo que pase, gestionar una gran mayoría ya no de composición heterogénea (todas lo son) sino de elementos socialmente inconciliables (por ejemplo: hispanos y afroamericanos). Su discurso puede formar el verdadero melting-pot, cuyo reto será que perdure en el tiempo y no sea sólo la yuxtaposición de todos los americanos hartos. Como estos:

Los rednecks, descendientes de norirlandeses y escoceses, campesinos blancos concentrados en Los Apalaches, a los que ese ‘Even we’ve had enough!’ (¡Incluso nosotros tuvimos bastante!) ponía, hasta ahora, en el campo republicano.
Dayton es un buen sitio para esperar los resultados; sentados en la escalinata de su Ayuntamiento:
