La pobreza del panorama argumentativo hace que en los últimos tiempos haya proliferado la argumentación ad personam. El resultado es tan penoso como fijar la atención en la forma de sonreír de Rosa Díez, en la indumentaria de la Ministra de Defensa o en el posado de la portavoz parlamentaria Soraya Sáez de Santamaría. Sin que en la invectiva, importe su discurso o actuación política. Cosificación. Es muy llamativo que las presas escogidas por los anodinos, sean mujeres. Aunque también se lanzan contra hombres, la desproporción es manifiesta como ilustró bien aquella vieja polémica de las fotos ‘Vogue’. Es el triunfo de la banalidad, y en cierta medida una contaminación frívola de las páginas y secciones de opinión, a las que sólo la actividad argumentativa hace dignas. El caso es que se cuelan en el debate y obligan a que sus víctimas respondan de sus ropas o de su forma de reír. La respuesta (lógica, tras el ataque), es la última confirmación de la obediencia a la fruslería. Los agraviados deberían dejar que el dicterio siguiera su curso, la desintegración. Los consumidores exigir calidad, o gratuidad. Aunque cada vez se envuelvan menos bocadillos de chorizo.
En algunas ciudades los autobuses alertan sobre la existencia de Dios, mientras que otros proclaman su inexistencia. El ateísmo, desde la perspectiva cristiana quedó resuelto para siempre por Pablo de Tarso, la fe es una gracia, se tiene o no se tiene. Sin embargo la fe no ha recibido un trato tan categórico por el ateísmo, y debería. Muchos ateos se empeñan en hacer proselitismo, en crear comunidades de base atea, en instar expedientes de apostasía o en jugar a los herejes. Todo con cierta superioridad, no hay pruebas, luego el creyente, el visionario, es un ser irracional. La casuística sirve aquí para no aceptar el argumento. Si bien, debería tomarse por buena la escalera del Santo Padre Benedicto XVI, aceptemos que el catolicismo es una religión superior ontológicamente a todas las demás. Y adviértase que el siguiente peldaño es el ateísmo, mucho más ingrato y por supuesto inclemente, lo que justifica el número de unos y otros. También la impotencia de la razón frente a la gracia.
En ambos casos, no hay consenso en las leyes que deben regir el debate, así, no hay la menor posibilidad de convencer y por supuesto de ser convencido. Estado íntimo y personalísimo, tan infrecuente como los accesos o trances místicos.

Por supuesto Pablín. Pero date cuenta que son muchos años midiendo el valor por el tamaño de los atributos masculinos y depositando el honor en la entrepierna de las féminas de la casa. Todavía nos faltan años luz de conversaciones tranquilas alrededor de una mesa(solo para apoyarse). Tampoco será cuestión de mezclar fabes con disquisicines metafísicas.
PABLO ACTUALIZACIÓN YA
a saco.
muaac
Recuerdo cuando en un debate de aquéllos que se organizaban en la Séptima uno de los ponentes dijo: “tú fíjate qué mierda de país es España que va a tener un presidente que se llama Mariano, ¿cómo vamos a ir así por el Mundo?”. En aquél momento llamé a casa para pedir que se deshicieran de un par de obras de Larra que teníamos. Afortunadamente no me quedaba saldo en el móvil.
También pensé en aconsejar a un amigo que comenzaba a enredar por los asuntos de la cosa política que cambiara su nombre por el de Cojoncio; si no llegaba a la Presidencia del Gobierno, el Ministerio de Exteriores no se lo quitaba nadie o, al menos, el de Defensa. Y, ahora que lo pienso, si lo traduce al inglés, la Secretaría General de la OTAN hubiera sido ciruela madura para él. Con un par.
En cuanto a lo de los autobuses…Señor qué Cruz. En cualquier caso no deja de hacerme gracia –con minúscula- ese “probablemente”. Imaginemos a Marx iniciando un discurso con un “proletarios del Mundo, probablemente tengáis que uniros” o a Julio Cesar arengando a sus tropas con un “Legionarios, probablemente venzamos esta batalla, así que lanzaos con arrojo sobre esos bárbaros”; si oyen eso, se vuelven todos a labrar el fundo Capenate. ¿Y Jesucristo predicando? “Bienaventurados los limpios de corazón porque ellos, probablemente, verán a Dios. Como para convertirse.