El nacionalismo perdido

Los análisis electorales rigurosos nunca llegan, se invoca el argumento pro domo sua y finalmente todos ganan. Claro que unos más que otros.

Han perdido los nacionalistas.

En el País Vasco se rompe ese fingido fifty-fifty, son más los constitucionalistas. Una vez desalojados los fascistas de la eta, se ve mejor la importancia de la resistencia de la mayoría de la sociedad vasca.

En Galicia se probó el experimento catalán. Puede que estos resultados sean el índice de algo más importante, el cuerpo electoral comienza a penalizar los perfiles borrosos. En política comparada hay casos inquietantes: Israel, Francia o Italia; donde la izquierda moderada ha perdido un referente claro, bien por asimilar ideas ajenas o bien por querer abarcar discursos incompatibles (sostener uno y lo contrario). Seguiremos observando.

Es fácil pensar que tras esta alegría, llegarán los nubarrones. La investidura de un Lehendakari no nacionalista deberá ser secundada por los tres partidos constitucionalistas, incluso por la soledad de nuestro diputado al que sólo aritméticamente se puede dejar de lado. Tal fuerza simbólica no sé a dónde nos llevará. En Madrid el gobierno pierde a su aliado, y no tiene ninguno a mano sin que se descomponga la componenda catalana. El partido de la oposición alucinado por la victoria acosará al asalto de elecciones anticipadas. Sin presupuesto no se gobierna y octubre está, como quien dice, a la vuelta de la esquina. Al tiempo que la crisis digerirá a gobiernos enteros. Y en este ambiente alguien querrá acabar con el expediente de la financiación autonómica; todos sabemos de sobra, donde reside geográficamente la diligencia, los demás, holgazanes más o  menos disimulados.

A pesar de la complicación, se daría un hecho histórico, a saber, un gobierno de concentración o unidad nacional. No hace falta repartir carteras, para saber que hay algo, incluso más importante, por lo que merece la pena el riesgo de la asimilación. Los puristas de la democracia (que los hay a patadas), opinarán que es anómalo (anti-natura) este tipo de apoyos; pero mucho más lo es la comprensión al terrorismo cuya última muestra ha sido escandalizarse por los mazazos de impotencia y resignación colmada.

  La derrota no sería completa, si la lógica de las rencillas vecinales hace inviable el gobierno vasco. El nacionalismo se funda en la idea mesiánica de la necesidad, a sensu contrario, en la mortal contingencia de los otros; por tanto, si los tres partidos constitucionalistas no son capaces de ir votando al mayoritario, aunque para ello en algunos casos tengan que taparse la nariz; habrán hecho el ridículo. Un País Vasco normal jamás sería posible.

El logro de UPyD diputado a diputado, al margen de que en la suma vasca no seamos indispensables, recuerda mucho a la soledad del diputado Iglesias Posse, que ocupó en 1910 un escaño, en un lugar que no estaba pensado para él. Por eso antes del menosprecio de urgencia, al que recibimos con elegancia y simpatía, a todos conviene observar el asunto con perspectiva. Se sabía que tras aquel tipógrafo había un gran movimiento; ignorar que UPyD concita a quienes aspiran a un mensaje político claro, y no son pocos, es una ilusión. Habrá que probarla, y el momento son las elecciones europeas. A ellas nos remitimos.

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