Insider or outsider, that’s the question

El pasado domingo, ‘Negocios’ el suplemento sepia de ‘El País’ publicaba un interesantísimo artículo firmado por Ramón Muñoz sobre el fin de la clase media. Es como leer la propia esquela, o al menos, la esquela de un pasado que recuerdo apacible y estable. La prosperidad, siempre exclusiva y excluyente, ha venido a lomos de la ficción de que las clases han desaparecido, o al menos, que la clase trabajadora, asalariada o proletaria ha promocionado, ya son propietarios. La crisis revela que no es cierto, pero mucho antes, había mileuristas y salarios tan exiguos que no permitían alimentar a una familia.

El panorama que se nos ofrece es desalentador:

«(…) Con bastante aceleración se irá formando un grupo de personas necesarias que contribuirán a la generación de un PIB cuyo volumen total decrecerá en relación al momento actual, personas con una muy alta productividad y una elevada remuneración (razón por la cual su PIB per cápita será mucho más elevado que el actual), y el resto, un resto bastante homogéneo, con empleos temporales cuando sean necesarios, dotados de un subsidio de subsistencia (el nombre poco importa) que cubra sus necesidades mínimas a fin de complementar sus ingresos laborales. La recuperación vendrá por el lado de la productividad, de la eficiencia, de la tecnología necesaria; pero en ese trinomio muy poco factor trabajo es preciso. Pienso que la sociedad post crash será una sociedad de insiders y outsiders: de quienes son necesarios para generar PIB y de quienes son complementarios o innecesarios.»

El ideal liberal de democracia se desvanece, ya que se trataba de extender la autonomía y la libertad, para que fueran muchos más los que puedan decidir de forma informada y sin estar sojuzgados. Para ello, el principal instrumento era la instrucción, pero la verdaderamente buena, la que anticipa al individuo a los problemas que tendrá que encarar es muy escasa y cara. Los insider dirigirán el mundo, sin vínculo alguno con los outsider. El siglo XXI puede estar regido por un despotismo plutocrático (que bien puede ser ilustrado, aunque no necesariamente).

Los frívolos discursos políticos con que nos cuecen, son signo inequívoco de que cuentan más la anécdota, las astracanadas que el mismo gobierno.

«Puede que no sea muy romántico advertir de que, tampoco esta vez, seremos testigos de una revolución, pero es muy probable que la caída del bienestar se acepte con resignación, sin grades algaradas, ante la indiferencia del poder político, que llevará sus pasos hacia la política-espectáculo, muy en la línea de algunas apariciones de Silvio Berlusconi o Nicolas Sarkozy, cuya vida social tiene más protagonismo en los medios de comunicación que las medidas que adoptan como responsables de Gobierno»

También hay ejemplos patrios, que ilustran perfectamente cómo el show ha comenzado.

El bienestar es inviable si se hace a costa de subsidios, de subvenciones, pero es insostenible si se pretende articular como una misión individual, en la que el sujeto debe luchar contra los demás aun cuando esa lucha sea a muerte.

Amén de que los sistemas puramente privados no son siempre eficientes. Un clamoroso ejemplo es el sistema sanitario norteamericano, vinculado a la actividad laboral (con trabajo hay seguro médico y sin él la familia queda desprotegida). El gasto público sanitario per capita en EEUU es el más alto del mundo (6.347 dólares por alma frente al español de 2.260 dólares), pero sólo cubre a un 52% del gasto de los ancianos, un 7% de la población definida como indigente médico y un 100% del personal militar. Esta última cobertura universal, se explica porque el programa sanitario de los Veteranos (militares en situación activa y pasiva), es enteramente público (tanto su financiación como la provisión de los servicios son federales). [Información tomada de Vincenç Navarro, Crisis sanitaria y crisis económica en EEUU: ¿cómo están relacionadas?, Temas para el debate, núm. 174].

Esta es la realidad que seguimos mirando desde trincheras metafísicas, donde las personas y su bienestar quedan al albur de grandes teorías que ocultan perfectamente la falta de valor para enfrentarse a los problemas y liderar soluciones.

La transversalidad es la única esperanza posible que nos queda, antes, de tomar parte, sin consideración alguna, en la encarnizada lucha por ser un insider.

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Un comentario a “Insider or outsider, that’s the question”

  1. Pelayo dice:

    Gracias, Pablo. El artículo me había pasado desapercibido.

    A ver cuántos votan hoy al PS(oe) para que salvaguarde el Estado de Bienestar, cuando nada se ha hecho contra él (y se está haciendo) equiparable a la LOGSE.

    Un abrazo y feliz paella (beati voi!)