Cartas babianas I

Queridos veraneantes,

En los veranos habita el recuerdo, si hubiera que ser más preciso, reside en estas mañanas luminosas y frescas que anticipaban un día fantástico. En altura, el frío y el calor se intercalan y la presencia de uno no descarta la visita del otro. Un matrimonio bien avenido que aturde al turista despistado. No es mi caso, aprendí a andar y a balbucear aquí, por eso, si tuviera que inventariar los sitios a los que pertenezco éste, sin duda, estaría entre ellos. Aunque siempre es preferible hacer inventario de las personas a las que perteneces, y dejar la tierra para pisarla.

La categoría de veraneante, te otorga la suficiente ajenidad como para observar (también ser observado) y no intervenir. En su momento, la imposibilidad de actuar y la marginación que ello suponía, me irritaba. Ahora, me divierte comprobar todo lo que me ha ahorrado la vecindad civil de veraneante.

La palpable constatación de que el mundo ha cambiado, es que yo pueda escribir esta carta. Aunque hay otras evidencias menos halagüeñas, apenas hay ganaderos. La verdadera depauperación del medio rural, de la que no se habla porque su crisis, suele reportar ventajas para el consumidor (lecha más barata). Sin embargo, no encuentro  el menor resquicio de indignación. El destino de este lugar, inextricablemente unido a su nombre, acaso perseguido por él, es la placidez, la resignación y la resistencia.

Juran haber avistado a un oso, y hace tiempo que los jabalíes bajan a hocicar en los contenedores de basura. La civilización los había alejado, a medida de que esta se aparta y se hace invisible (como esta conexión gprs), regresa lo salvaje, nimbado por la romántica (y tan urbana) idea del conservacionismo.

Son las once y media, una bóveda azul rasgada por los reactores nos auspicia, está fresco, y el sol ya es imponente. Todo sigue igual. Aquí, como en ninguna otra parte, un panteísta vería a Dios por doquier.

El que ha cambiado soy yo.

Inauguro esta serie epistolar, aprovechando que pronto empezaré mis primeras vacaciones remuneradas.

Cuidénse.

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