Bárbara confusión

Puedo estar tranquilo. Sólo se accede a la ciudadanía por la lectura. Aquí mis dos motivos de tranquilidad: primero y segundo.

Distinguir es muy enojoso, pero siempre conveniente. Sobre todo ante extraños sucesos: la confusión de la huelga de hambre de la activista Haidar con el asunto del Sáhara Occidental; y todo ello con cómo se las gastan nuestros vecinos, que descubren que para respetar las más elementales leyes sólo disponen de inconfesables razones. No pienso desenredar esta madeja, ni conjeturar sobre si la situación fue sobrevenida o tramada.

El momento en que se descolonizó el Sáhara no justifica la posterior actuación de la España democrática. A paso sosegado, todos nuestros gobiernos han pasado de defender la autodeterminación (caso en el que este derecho resulta verdaderamente aplicable), a un régimen de autonomía dentro de Marruecos o a extrañas y oscuras soluciones que acaban por arrinconar a nuestros antiguos súbditos. Sin problemas.

La huelga de hambre es un método impropio para alcanzar objetivos en una democracia (el fin no justifica los medios) e inútil para conmover a regímenes autárquicos. A pesar de ello, está sirviendo para que los grupos de presión que legítimamente defienden —se supone— la autonomía o independencia del Sáhara,  alcancen un estéril protagonismo. Ineficaz porque no logran su fin y no aciertan con el medio para alcanzarlo. Y no es difícil. Bastaría con que hiciesen campaña por el partido político español que apoya la causa. Se me objetará que ante la urna hay más prioridades. Responderé que no lo creo cuando se está en disposición de dejar morir libremente a una mujer. Recapitulo: la gravedad de una muerte consentida y justificada es incompatible con el mantenimiento de cualquier otra posición que les impida, aparte o aleje de su evitación.

Cuando un país admite que cumple las leyes bajo condición de que le favorezcan. El otro debe retirar el favor… y por supuesto, hacer que se cumplan.

2 comentarios a “Bárbara confusión”

  1. teresita dice:

    Ya estaba pensando que no leería tus reflexiones. Otra buena noticia para hoy. Estoy en racha. Tú p´alante siempre.

  2. Jesús Prieto Sabugo dice:

    Comparto contigo que las huelgas de hambre no son un medio aceptable para hacer política en una democracia –aunque no tengo claro que sean siempre inútiles en un régimen autoritario-.

    Ahora bien, resulta asombrosa -en España incluso revolucionaria- la existencia de activistas dispuestos a promover reivindicaciones políticas a precio de hambre, cuando lo habitual es que el activista sacie su gula con las rentas procuradas por sus reclamaciones.

    En cuanto a lo de Cataluña, referéndum, consulta, encuesta…yo lo veo como una novedosa forma de celebrar una manifestación: el acto se realiza por los participantes de forma sucesiva y en varios lugares en vez de concurrir simultáneamente en uno sólo. Prescindiendo de la calificación, sí, resulta inquietante.

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