Archivo de febrero de 2010

Contra tanta cháchara, ppl

Domingo, 28 de febrero de 2010

Ayer Muñoz Molina se quejaba de la palabrería en su oficio. En el mío es moneda corriente. El gremio suele medir la potencia del argumento por la longitud de la frase. El amable y paciente lector sabe mi opinión sobre la cháchara que nos gastamos. Un ejemplo de ello puede ser este blog.

La cuestión es crear un estilo propio, preciso y limpio (ppl). Y el trabajo será ímprobo.

Borrador para una nota de San Valentín

Domingo, 14 de febrero de 2010

Amanece entre la reticencia venal o la cursilería pagana. Detractores y partidarios. No nos importan. Dan tumbos por las calles y festejan encantados sus convicciones. No los escuchamos. La indiferencia de los contrarios apenas puede ocultar su resquemor por no participar. El júbilo de los otros, impostado o no, trae la apariencia hueca del protocolo. Y a ti y a mí, ¿qué nos importa? Hace tiempo que nos hemos rendido al mundo para quitárnoslo de encima; y ahora en la intersección de nuestras miradas, sabemos que es la libertad.

Siempre escribo aturdido, pero hoy pretendo que mis palabras sean tan pesadas que sólo podamos arrastrarlas juntos. No dejas de proporcionarme razones, y aun así no las esperas; por el día o por el tácito pacto de silencio, que sin saber cuándo, nos hemos impuesto.

Sin arrepentirme por este acceso, me sorprendo firmándote esta nota y retando a quien quiera que sea el que dude de nosotros dos.

Mi amor busca lo que ya ha encontrado como si aún no fuera suyo (L.B.)

Reforma

Sábado, 13 de febrero de 2010

Es carnaval. Los caminos están nevados a pesar de los últimos diagnósticos. Sólo la fiereza de la prisa infantil justifica el continuo anuncio de la salida de la crisis. Las profecías han perdido crédito, cuando haya menos paro la crisis habrá desaparecido y no será necesario dictamen que lo advere. Mientras tanto, perdemos el tiempo.

No hemos conseguido sostener el modelo. La fuerza de los hechos consumados nos empuja a imitar a la otra orilla, donde la recuperación tras la debacle es más rápida y donde por cierto, se hipotecan propiedades para costear una simple operación de apendicitis.

La profundidad de la crisis española no se mide sólo en enteros. La generación que gobierna, la primera pagada de sí misma, se basa en la negación de la realidad en sus formas más amargas. El error de la crítica interesada es la demonización individual. Un reduccionismo que vuelve, como si de una fatalidad se tratara a condenarnos. Sin expiación posible.

Antes que cualquier otra reforma, es necesaria la electoral. Los representantes tienen que aprender a sostener la mirada a los electores o en caso contrario, a hociquear humillados.

Pax socialis

Lunes, 8 de febrero de 2010

La paz social ha concluido. La paciencia está colmada. La rendición ha sido amortizada. La contestación sindical siempre fue más virulenta con los compañeros de la izquierda. Por oportunidad o por miedo, los sindicatos suelen avenirse rápido y bien con los partidos de la derecha. Su renuencia a derribar a gobiernos despiadadamente liberales o conservadores es directamente proporcional a la alegría con que hacen lo propio y sin esfuerzo con los camaradas. Hay cambios que sólo puede hacerlos la izquierda. Sólo este gobierno (o cualquier otro de su mismo género) puede hacer que trabajemos hasta los 67 o exigir más años cotizados. Cosas que nunca, por miedo o por interés, hará la derecha.

La paz social se asienta sobre esta clase de tópicos. No es descabellado defender la vigencia de alguno de ellos. Y sobre todo, no es posible negar que funcionan bien electoralmente. El elector, por miedo o por conveniencia, necesita justificar su voto, ya sea con el espejo, con su pareja o con los compañeros de trabajo. El voto nunca es secreto.

La paz social ha soportado los primeros, y nada leves, embates de esta crisis. Puede que extrañara el papel de las fuerzas sindicales, su silencio. El gobierno cumplía sus propios designios y achicaba el espacio del reproche. La brecha entre el trabajador y el sindicato amenaza a la paz social. Las bases transmiten su descontento a los cuadros y éstos comienzan a maniobrar.

Queda preguntarse, y es desazonador hacerlo, si en tiempos de crisis es posible la paz social. ¿Es la paz social un lujo propio de los buenos tiempos?

En este caso, sólo ha sido una prórroga.

El lector de periódicos

Viernes, 5 de febrero de 2010

Factual ha sido desmantelado. El dinero, la prensa y la libertad. Era un artefacto complejo, pura potencia. Basta ver en lo que se ha convertido para comprobar los límites del lector de periódicos. Siempre al albur de la propiedad, como un colono cualquiera, arando tierra ajena.