Engaños

La temperatura de la mañana engaña. Y en las ciudades del interior, como esta, la luz ligeramente claudicante de la tarde también lo hace. La distancia quebrada tecnológicamente es igual de engañosa, tanto como la que miden los minutos en que a pie, se llega a alguna parte.

Resulta fácil sucumbir al engaño, sentirse embaucado por su verdad medio torcida. No abrigarse cuando realmente hace frío o pensar que es pronto todavía o que mis diez minutos de paseo podrían servir de medida a alguien más que no sea yo.

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El embotellamiento del viernes visto desde la acera. El inconfundible nerviosismo de los conductores. Los peatones rebosando entre los coches que ocupan los pasos de cebra. El congénito incivismo del claxon asordante. Los insultos, los acelerones intemperantes. Todo reducido a un tranquilo espectáculo. Como si las semanas fueran las rachas de un jugador empedernido, y su desdicha un simple amago.

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La insistente ocultación con que el mundo se nos revela.

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Un comentario a “Engaños”

  1. María dice:

    Pués siendo los días tan largos bien podías actualizar :)