La grave cogida de José Tomás estaba fatalmente pronosticada. En su toreo no hay alivio posible. Mientras que los detractores se indignan con el sufrimiento y tortura del animal, consienten que un hombre esté dispuesto a morir en público. Se admite la disposición de la propia vida y aun la colaboración en ello. No es la única exposición a la muerte pública, pero su tolerancia podría chocar con la oposición social y jurídica al suicidio. Con todo, reprochar al torero temeridad es tanto como negar su propia existencia. La valentía está estrechamente vinculada a la posibilidad de desaparecer. Sólo se aplaude a los valientes y esperamos volver a hacerlo pronto con el último de ellos. Admirando a quien sabe correr su suerte.
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La crisis no era una alucinación. Tampoco un presagio electoral de mal agüero. Ni una circunstancia efímera y exógena. Pero ésta, como todas las demás no tiene responsables. No vale la pena buscarlos. Sin embargo, todas las crisis del mundo acaban por atribuirse, con toda lógica, a quien está al mando. La pertinacia con que ese patrón se cumple («es la economía, estúpido»), nos permite aventurar lo que vendrá.
Como el determinismo es un suero muy conveniente, nos agarramos con toda fuerza al pecio de los ciclos. De las vacas flacas que con el tiempo engordan. Vendrán tiempos mejores, en los que adheridos al lujo de la melancolía pensaremos que cualquier tiempo pasado fue mejor.
Por el momento sólo nos suministran suero.

Me quedo con el sufrimiento de los pobres toros, mientras ellos no tienen otra opción que saltar a un albero por imposición, José Tomás salta de forma voluntaria no se si por el arte o por un enorme, olé, puñado de euros. Va por udes.!! Un abrazo maestro. Prometida la visita, Alejandro.
Para ponerse delante de un toro hay que tener mucho valor y el hecho de que José Tomás o cualquier otro torero de verdad( véase Morante de la Puebla) cobre por ejercer su profesión no le quita, desde mi punto de vista, ningún mérito puesto que hay maneras más fáciles y menos peligrosas de hacerse rico.
En cuanto a los toros, al decir que no tienen otra “opción que saltar al albero por imposición” ¿no crees que les estás atribuyendo facultades de las que carecen? ¿pueden los toros optar? incluso si así fuera y su vida tuviera un final impuesto, me atrevería a afirmar que tampoco el incio de la misma depende de su voluntad sino de la de un ganadero que decide criarlos con el fin de que puedan ser toreados.
Un saludo
Prohibición a la corrida de toros y festejos populares, ya!!! Por cierto Itziar, la tortura no es arte ni cultura. “QUE HARIA MI ANIMAL SI COMPRENDIERA QUE ES GENIAL”, en este caso me quedo con ese fragmento de Antonio Vega y no con mi admirado Sabina, por cierto íntimo de José Tomás. Alejandro B.C.
La apreciación del arte, Alejandro, es algo completamente subjetivo y para mí existe en algunas corridas de toros. Es cierto que su esencia radica en el dramatismo que conlleva el enfrentamiento del hombre con el animal pero sinceramente ¿crees que prohibiéndolas vas a proteger al toro de lidia? como ya dije el toro nace para ser toreado y dudo mucho que sin corridas se mantenga su existencia.