Cartas babianas (XIII)

Queridos veraneantes:

Este es un verano de viajes. Pero sin moverse. El siguiente será profesional, me iré con los pleitos a otra parte, que llamaremos Cicely.

Aquí al otro lado de la montaña hace calor, un calor seco y sano que se puede combatir con facilidad. Vuelvo a la casa y disfruto del primer día de desorden, del equipaje excesivo por deshacer, de los cajones y ventanas abiertas. El principio de todo buen verano se ha de parecer a un campamento. Y en los campamentos las primeras horas son fundamentales, se tantea a los extraños y uno se tiene que colocar con la mayor rapidez posible. Volvería a ir a aquellos campamentos y quizá, me quedaría en ellos.

No hay ruido, sólo sonidos que no puedo identificar que hacen descansar la cabeza. E insisto, son las ocho y media y hace un calor seco, aunque pronto refrescará.

Este será un verano distinto, y sin repasar lo que escribí al comienzo del anterior, diré que muchas cosas han de cambiar. Supongo que por conveniencia al capitalismo, las vidas siguen su curso de septiembre a septiembre. Por eso en su antesala deben formularse todos los propósitos. El año nuevo sólo es una fiesta pagana, fugaz y fría, en la que nadie puede pararse a pensar. Los iré anotando poco a poco.

Este invierno ha sido largo y duro, pero sobre todo largo. El tiempo puede a todo. Lo sabemos bien. No obstante, por muy frágiles que nos haga el tiempo, aún podemos caminar en pantalones cortos e ir de un sitio a otro sin gobierno de ninguna clase. Un verano es una parcela mínima de acracia, incluso cuando las cosas estén en su lugar: la mesa puesta, todos de nuevo juntos, y envalentonados en las apacibles sobremesas. También es nostalgia y restos que me empujan a abrazar las piedras de la casa antes de irme a dormir.

Cuídense.

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2 comentarios a “Cartas babianas (XIII)”

  1. Jesús Prieto Sabugo dice:

    Cuídese de anotar los compromisos en lugares donde los extraños puedan leerlos, no vaya a salirle algún censor de mala baba que se los recuerde cuando menos convenga.
    En cuanto al calor, no se apure; en pocos días estará buscando algo de tapijo para el atardecer.

  2. El Uno y yo acabamos de leer todas las cartas babianas en orden inverso. ¡Olé!