Cartas babianas (XVIII)

Queridos veraneantes:

He vuelto a cruzar el paso para asistir a la boda de una amiga. Aprovecharé para hacer otras cosas y demoraré mi regreso a Babia. Circunstancia que hizo que me interrogara sobre la idoneidad de continuar escribiendo bajo este adjetivo, es decir, si debía o no interrumpir la serie. Finalmente, tomando en consideración que Babia es además de una comarca un espacio imaginario, al modo de Transilvania; he decidido que estas cartas pueden franquearse en cualquier lugar del mundo.

Solventado. Allí es víspera de fiesta grande (advocación de San Salvador), en el pueblo se nota, aumenta el tráfico y se multiplica la población que si bien, no viene por Navidad, lo hace ahora por costumbre. Se trata de una fiesta de prao con las sofisticaciones del momento, orquestas con pretensiones y una discoteca móvil. Sin faltar una barra bien pertrechada. Se bebe mucho, pero como no tengo datos la comparación es imposible, luego también el exacto conocimiento. Algunos bailan, pero los lugareños de edades no proclives a este tipo de fiestas son expulsados de su propia celebración por desconocidos deseosos de privar. Supongo que la finalidad originaria de estas fiestas, en su vertiente pagana, está en procurar el contacto de los vecinos de los alrededores y evitar con tal rozamiento una indeseable endogamia, o si se quiere mejorar la especie. No siempre se conseguía. Nada que ver con el papel que cumplen estos días, en los que ya no producen rumores sobre posibles matrimonios de la mano izquierda. A estas fiestas confiaban los pueblos sus posibilidades de multiplicación. Al margen de esta finalidad de regulación demográfica, de pura supervivencia de las poblaciones, eran el escenario propicio para solventar viejas y nuevas cuitas entre pueblos vecinos. No obstante, este rasgo tiene vinculación (¿estrecha?) con el anterior. El cortejo reducido a la exhibición del gran macho.

Como sabes bien, me he distanciado de esta fecha por una superposición de acontecimientos el seis de agosto. Fecha de fundación para nuestra raza.

La sucesión de veranos forma un ciclo y en los ciclos suceden las mismas cosas con ligeras variantes. También cierta monotonía, tan necesaria como el aire. Incluso, a un conservador como yo le sigue abrumando la perspectiva de saber a ciencia cierta lo que va a ocurrir. Apenas sin desviación, los mismos actores representarán la misma obra que por etiqueta impone la predisposición a la bulla.

Soy partidario de las fiestas improvisadas, como aquellas aventuras en Torrestío,  lamentablemente nunca estuvo en el calendario oficial y sólo acudían los insensatos que no querían darse el menor alivio.

Muchas (casi todas) de mis amigas están casadas, algunas empiezan a reproducirse, por el pueblo danzan los pequeñuelos de padres que no hace tanto tiempo disputaban las carreras de sacos, y yo me dedico a escribir cartas, como si no fuera un comediante más (perdón por el tópico).

Cuídense y procuren excederse, el telón aún no cae.

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Un comentario a “Cartas babianas (XVIII)”

  1. Jesús Prieto Sabugo dice:

    En mi pueblo este fin de semana no conformes con una, dos jornadas de fiesta -que no se respire miseria- con comida de hermanadad ¿? incluida. Orquesta con pretensiones, bailes regionales…y los pelos como escarpias. Dan ganas de huir, o de reproducirse, yo qué sé.
    Un saludo.