Cartas babianas (XIX)

Queridos veraneantes:

Una boda vintage perfecta. La excelencia está en el detalle y los novios lo consiguieron en todas las formas que aquellos pudieron revestir. ‘Lo que el viento se llevó’ fue el fondo en la cena, y de acuerdo con su argumento, discurrió nuestra conversación. Las conversaciones de ‘El Club’ son infinitas, un amasijo de lo que fuimos y de lo que seremos. Pero sobre todo son indispensables. Tranquilizadoras en las malas rachas, críticas cuando se hace necesaria la corrección o contención, alegres para curar desastres, pacientes y concienzudas en la escucha. Palabras que circulan con una complicidad difícil de encontrar. A estas alturas, sé que hay cosas que sólo a ellos confiaré.

A los pies de San Pedro los bañistas y a la puerta bastantes curiosos contemplando la entrada y salida de la comitiva nupcial. Un día de verano en agosto. Sin amor no soy nada (…), de la famosa epístola de San Pablo a los Corintios, un texto que a pesar de la repetición no se resiente, salvo declamación inapropiada. No obstante, su exégesis abriría una polémica para la que no estoy preparado, será suficiente con aventurar que su potencia expresiva se debe a que de las cinco palabras, tres tienen un claro carácter negativo (sin, no y nada). Se trata de la consabida hipérbole, en la que las gentes, suelen regodearse.

Cuídense.

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