El otoño lo ha traído el viento sur. En este apartado lugar parece que los meteoros se empeñan en contestar a los tratados sobre el tiempo. En este ambiente es difícil encontrarse. Aunque nadie lo confiese, en todas las conversaciones adivino un cierto aire de melancolía, es decir, de insatisfacción. Posiblemente no haya justicia en ello, pero lo cierto es que existe.
No parece que el próximo fin de semana el gobierno vaya a cambiar. Será el único cambio que no haya que atribuir a los mercados. En este caso la predicción se cumplirá y los días desvelarán las expectativas (nunca ha habido tantas).
Grecia e Italia han puesto al mando a los técnicos. El mito del técnico o del sabio. Cualquiera que haya estado ayudando en la maniobra política sabe que el criterio técnico solo es un apoyo. En otras palabras, no puede buscarse la clarividencia en el funcionario partiendo de que el político no la tiene. Es extraño y antidemocrático. Al funcionario no le eligen, se le selecciona en un procedimiento de concurrencia competitiva basado en su mérito y capacidad. Con todo, debe prevalecer la decisión que el cuerpo electoral establezca.
La rareza del mito viene por la falta de consideración que tenemos socialmente los funcionarios. El tópico nos sitúa en un cafetería dejando pasar nuestra jornada laboral o leyendo periódicos por internet. Sin embargo, si se aúpa a esos hombres al gobierno sabrán acertar en todas las decisiones que tomen (!).
El desconcierto reina nuestros días. ¿Será así siempre? Nadie lo sabe y tendremos que acostumbrarnos a vivir con esa incertidumbre. Los plazos que los arúspices nos dan son demasiado lejanos como para confiar en cierta tranquilidad.

Será que la técnica anda tranquilamente absorbiendo el prestigio que la política ha ido perdiendo en la crisis (y antes de ella). En cualquier momento el sentido puede invertirse.
De todos modos tengo mi propia receta general: elevación del nivel técnico en la administración (reducción del ámbito político); en correspondencia, mayor transparencia/explicación de los fundamentos técnicos de decisiones administrativas o políticas; por último, mecanismos más eficaces de responsabilidad política. Suele pasar: me pongo un poquito a ello y arreglo el mundo.
No hay de qué.
P.S.: se agradece que no abandone a sus lectores.