Antes. Todo era improbable. El mundo se balanceaba en un movimiento impredecible. Cuentan que no había primavera y que los veranos eran tan cortos que nadie los distinguía del invierno. Cualquier recuerdo no será exagerado, como el frío de aquellos tiempos nunca será lo suficientemente frío.
No hay palabras mágicas. Tampoco acciones al alcance de nuestras manos. Observar no es ningún consuelo. Votar una obligación. Este día de elecciones ya está resuelto. No hay ninguna prisa por conocer quien. El gobierno interino lo sabe y el próximo mes será su mes más largo. Lo mejor es que a España no la presidirá el mismo hombre más de ocho años, a quien lo intente le resultará imposible.
Lo grave es que tampoco hay audacia política. Nadie ha expuesto sin enmascararse las cosas que sabe que tendrá que hacer. Los recortes se producirán inexorablemente sin que nadie se haya dignado a decirnos que se trata de una fatalidad. No se atreven. Lo cierto es que nuestras sospechas se confirmarán en los próximos días. Para entonces el votante-pez se habrá separado tanto de su papeleta que todo aquello le parecerá inaudito. Protestará. Este país es muy dado a dar y quitar según el número de manifestantes.
El escepticismo propio de los minoritarios me da tranquilidad. Además, tampoco es el primer cambio y la alternancia constituye la esencia de este sistema. Lo extraño del caso es que este estaba escrito desde hace, al menos, tres años. Todo el mundo lo sabía, nunca un gabinete, casi al completo, trabajó con tanto entusiasmo para lograrlo.
Sin embargo, hay personas que todavía disimulan y se hacen las distraídas. Por militancia, por contumacia o por lo que sea, se empeñan en minusvalorar el viejo y elemental principio según el cual, la buena política solo la pueden hacer buenos políticos.
Después. Las cosas nunca son exactamente iguales, pero algunas tienden a parecerse. De la similitud nadie extraerá sus últimas consecuencias. Los tópicos siempre acaban por apuñalarnos. Por más vidas que tengamos, ninguna será lo suficientemente larga para aprender lo que de veras cuenta.

Casi es 21. Ya hemos cumplido. Que lo solucionen otros. Pero saldremos de esta. Nos queda la esperanza y algo de optimismo ¿O no?