Bilbao, 2011

Bilbao. Antonio López. Un día, un almuerzo infinito: foie con reducción de cebolla caramelizada, ensalada templada, salteado de verduras y sepia, como entrantes. Un segundo: arroz con bacalao y zamburiñas. Para acabar sorbete de limón y una degustación de dulces. Al final, un café americano.

Antonio López es la línea recta. Su punto de partida es un horizonte que divide lo posible y lo intrascendente. El detalle, como la realidad, nos absorbe. Siempre queda incompleto, la luz de un minuto es distinta a la del siguiente. El genio de López es pintar ese instante. Al ver la reunión de esos fragmentos, me conjuro contra el presagio de que casi todo es perecedero, incluso el brillo de la cubierta del Guggenheim bajo la perezosa claridad de un noviembre tan despintado como este.

La oscuridad del norte, la imagen del retrato de Unamuno por Sorolla, hacen que esta ciudad bien pudiera ser la mía.

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Un comentario a “Bilbao, 2011”

  1. Rosa García dice:

    Tu post es genial, ya tienes una nueva seguidora, enhorabuena.