Nueces

Cicely ha quedado lejos. Solo han pasado seis meses. El tiempo suficiente para pensar que nunca has estado en otra parte.

Aquí, si no fuera por las camisas, los días no se acabarían nunca. Razón por la que este diario debía comenzar de nuevo. Reducido a la mínima expresión y con la única finalidad de seguir emitiendo para ustedes. Con las mismas urgencias de siempre pero hecho de forma más inteligible (si fuera posible).

En diez años esta ciudad se ha hecho más pequeña, por más que se empleen siete u ocho minutos de reloj, para cruzar a paso ligero la Castellana, aliados al clemente parpadeo de los semáforos para peatones.

En estos mismos diez años he vivido en tres lugares distintos y en cinco casas diferentes.

Con independencia de ello, debo hacer esfuerzos para que mi escepticismo no me envenene, ni tampoco me envalentone. Marco Aurelio, a quien debería traducirse en el Bachillerato, dice “que ‘no hay que ser como hijos de los padres’, es decir, aceptar las cosas de forma simple, como las has heredado.” La ventura de esa máxima es cuando menos dudosa, por muy necesaria que resulte.

No obstante sigo alistado a la realidad, y me temo que esta es la prueba.