El llorado siglo XX

Los papeles siguen dando vueltas a la crisis, al bail out y al cambio de perspectiva. Como aquí hace calor, que es lo propio, tiendo a pensar que lo hace en todas partes. Con esa misma tranquilidad prescindimos de averiguar qué han hecho o están haciendo aquellos que no están en crisis, en otras palabras, cerramos los ojos al mundo y a la realidad. Prueba de todo ello es que a pesar de los cambios globales, se reproducen los mismos conflictos. El inacabable siglo XX. El coste de la pérdida de oportunidad es una fatalidad, que como un huracán solo puede arreglarse tras la desolación. Nuestras voces, nuestros gritos, nuestros llantos ya nadie los puede oír. Apenan los ecos de las alegrías desbocadas y de aquellas narcóticas soluciones con las que tiramos un par de décadas.

Ahora habitamos una leyenda desgarradora confinada en nuestra genealogía. Aquellos tiempos no volverán como tampoco lo hará el remedio de última hora. Resulta imposible no estar con el estrangulado, pero es insoportable ver la indiferencia con la que los aludidos se muestran indiferentes, cuando no beligerantes.

En mi tierra, doce años después, posiblemente esté acabando el siglo XX.