Cartas babianas (XXXIX)

Queridos veraneantes:

Aquí amanece con una cierta tranquilidad. A las nubes les cuesta abandonar la costa, y aunque se sabe que van a irse, acecha la sospecha. Mucho más si en el periódico el gurú de moda vuelve a dudar ya no del euro, que es demasiado poco, sino de la misma Europa. Como cualquier análisis sectorial no puede ser definitivo, sin embargo, engrasa la maquinaria de “la psicología de los mercados” y Dios sabrá lo que está pasando por las cabezas de los inversores que además habrán leído al gurú con un día de ventaja. Como digo, el desastre total, que nunca será completo, no creo que llegue. Basta leer a Judt en su magnífica ‘Posguerra’ para concluir que el invento de Europa no es pan para hoy. En términos históricos los pasos pequeños, inconexos y a veces inconstantes no pueden desestimarse con esa alegría, ni siquiera en tiempos de penuria.

Ayer comprobamos que la capital de la zona está en un promontorio, un pequeño San Francisco de calles estrechas y casas blancas. Una azotea mirando a África, en la que el calor no se queda quieto sino que corre empujado por una brisa fresca, la mayoría de las veces. Se respira tranquilidad esencial, los torpes movimientos del turista desorientado no provocan que el natural aporree el claxon. El valor de la espera eterna, siempre se puede esperar y eso es mejor que cualquier cosa. De donde vengo la espera ha sido abrogada y los niños ni siquiera saben qué significa.

La única máquina que se escucha, tapada por ladridos y otros sonidos irreconocibles para mi basto oído, es una cortadora de césped que debe estar a unos 500 metros. De vez en cuando se detiene y puedo imaginar como su conductor apura una Cruzcampo. Si puede trabará conversación con alguien y se enredará hablando de las cosas que ocurren.

Muy cerca de aquí emerge el tópico de la crisis pesquera de nuestro país. Un pueblo unido a un destino. Como en el caso del carbón es un drama atrasado que han dejado que se arrastre. Una carga que hunde a un territorio para la que, ahora, no hay brazos. En este tipo de amputaciones a las protestas le sigue la resignación. Aquí ya se ha llegado a ese punto.

El suroeste empieza a despejarse de nubes, escrito estaba.

Cuídense.