Cartas babianas (XLII)

Queridos veraneantes:

Hacía mucho tiempo que aquí no era verano. No extrañaba a los lugareños ni tampoco a los veraneantes, aunque como se sabe, la opinión de estos últimos no cuenta, ni siquiera en aquellos casos en que está empíricamente contrastada. He agradecido que hiciera calor y que ese calor seco e intenso fuera soportable. La manga larga en agosto es aborrecible. No podría vivir en un país caribeño donde las estaciones se confunden con el estampado de las camisas. Pero hoy ha llovido levemente, el día gris, sin embargo, mantiene el carácter veraniego y ahuyenta el temor de un prematuro advenimiento del otoño. El tiempo pasa. He demorado tanto la rendición de cuentas que he dejado de escribir las cosas que han ido pasando. Aunque en estas cartas, y en este blog, lo real es simplemente un telón de fondo.

Recomiendo encarecidamente la lectura de Postguerra, de Tony Judt. Un ensayo que habla del origen de nuestra Europa. Y de su extensión. Aquellos que no querían que Polonia, Eslovaquia, la República Checa, Hungría o Rumanía se incorporaran a la UE-16, daban por buena una división artificial de Europa y carta de naturaleza al autoritarismo soviético, desde la vida muelle de una democracia liberal. Es un libro para el verano o para un largo invierno en el que capítulo a capítulo el lector desemboque en la primavera, dondequiera que esta esté.

También se han asaltado supermercados, ¡y nadie habla del delito ni de sus autores!

Alimento a una cachorra que pastorea a unos caballos. Lo suficiente como para mantener la necesaria despreocupación. Se trata de tiempos artificiales, de los que desconfío.

Cuídense.