La vida iba en serio

La primera línea debe ser: «No crean nada de lo que sigue». Lo escribo porque ya he dicho muchas veces, demasiadas, que iba a ser constante. Mi vida no lo es y tampoco pueden serlo estas anotaciones. Sin embargo no diré lo que ocurrirá mañana.

Solo escribo en defensa propia, y no siempre en las noches de luna llena. Esta primavera que ha sido excepcional deja un verano raro, incluso, una vida rara. Solo puedo ser críptico o ponerme a leer libros de ‘El barco de vapor’, que ya no tengo a mano. En cambio, mientras estas anotaciones buscan el lector exacto, como el náufrago a su isla, me tranquiliza pensar que puedo volver aquí sin prisa.

Leo en un artículo del día que «Algunos sueños se cumplen y resultan ser mucho mejores que las promesas de la imaginación». Podría acabar así.

Me resisto. Hace un sol que necesito y si mi catarro me lo permitiera habría ido a correr. Me conformaré con las cosas que tengo que hacer y que quiero leer. Y pensaré como puedo dar aire a estas anotaciones, antes de que llegue la obligada correspondencia babiana. Si algún amable lector quiere sugerir el tono o hacer un encargo sobre asuntos a tratar, estaré encantado.

Esta ciudad, durante la noche y como nunca antes he conocido, está siendo tomada por las polillas. Esta invasión oscura y discreta permite acostarse cansado. Hay que cazar. Manotazos al aire y tropezones con los escasos trastos que hay. Luego, el silencio que toda muerte deja. Sin arrepentimiento. En la conciencia influye el tamaño del cuerpo, una mariposa no tiene alma, quizá porque no le quepa.