Tarde de viernes-mañana de sábado

Ayer por fin he salido a correr. En el parque: gente caminando, chicos desperdigados en la pradera, niños jugando de un lado para otro, jóvenes que se prometen cosas inverosímiles y un conjunto de conversaciones silenciosas, que apenas puedo oír a mi paso. Se trata de una sucesión de cuadros teatrales, a la que merece la pena asistir. Es el parque de la ciudad. Pero hay más que deben ser descubiertos en el momento exacto. Acaso un instante irrepetible en el que el parque sea la metáfora de una fuga, o de un refugio.

La rodilla izquierda ha protestado levemente.

Tomo un libro nuevo (!) y leo esta crónica de Eugenio Suárez:

«Budapest continuaba divirtiéndose. En un teatro de variedades triunfaba la voz de oro de Catalina Kárady; en el Moulin Rouge, la ciudad admiraba la genial gracia de un payaso español: Charlie Rivel. El Danuvio no se había helado y los tziganes se sacaban de la cabeza nuevas melodías para acunar amores. El 18 de marzo almorcé con unos amigos, cené con otros: buena gente, gente alegre, inofensiva, entregada a su trabajo, contenta con su suerte. Cuarenta y ocho horas más tarde, dos de ellos habían sido ahorcados. Algún otro llevaba sobre el pecho la infamante estrella amarilla; una de las mujeres, de exquisita educación, con treinta siglos de refinamientos talmúdicos sobre las leves espaldas, profundos ojos negros y airoso talle, era enviada a un burdel del frente del Este. Los alemanes entraban en Hungría».

(Sacado de Arcadi Espada, En nombre de Franco, Espasa, Barcelona, 2013).

Esta pieza nos habla de las distancias en la vida. Solo cuarenta y ocho horas y todo cambia. El mundo se mueve a base de imprevistos. Eso nos hace hombres, es decir, frágiles. Nadie quiere ser vulnerable, buscamos seguros a todo evento y un programa vital que aleje de nosotros cualquier incertidumbre dañina.

Volvamos a la carrera. Mientras corro, pienso concienzudamente. Es inevitable concentrarse en todo aquello que no es urgente. Tengo la seguridad de que hacen lo mismo los corredores con los que me cruzo. Junto a la nube de conversaciones del parque, hay otra nube aun más nebulosa de pensamientos difíciles de enterrar.