Olvidos imposibles

El libro trata del olvido. También de la imposibilidad de que lo importante se olvide. Cabe pensar que hay más cosas olvidadas, pero no podemos afirmar con rotundidad que no serán recordadas. Estoy completamente seguro que no te olvidaré nunca. Nunca es el reverso de siempre. Dos palabras indescifrables. Estas son mis conclusiones del magnífico ‘En nombre de Franco. Los héroes de la embajada de España en el Budapest nazi’ de Arcadi Espada. Hay otras muchas, pero al fin y al cabo este es mi diario, y esta es la circunstancia en que lo he leído. Los hechos, a pesar de lo que digan, dan tranquilidad. Lo triste es que hayan desaparecido de su lugar habitual: los periódicos. El libro habla de las contradicciones de la política: Franco con su guardia mora y sus amigos árabes salvando judíos en Hungría, mientras pasaba revista con el mismísimo Hitler.

El día ha sido muy ajetreado, uno de esos días en los que te van poniendo el trabajo a cucharadas (soperas). En realidad, así es siempre, pero solo eres consciente cuando los últimos calores del día te sorprenden en el tajo.

Estas noches de verano, que nunca se me han parecido tanto a las de otoño, permiten observar al vecindario. Sin indiscreción. Ellos han dejado de lado el pudor con el que se comportaban hasta ahora. O eso pienso yo. Por ejemplo, una pareja acaba de llevarse el televisor, bajo el hombro, del salón al dormitorio. Y tenemos dudas razonables de que los vecinos estén en la casa, a pesar de que el armario de la terraza, atiborrado de zapatos de mujer, está abierto de par en par. No hay ruido y las luces parecen reflejos. Mientras, más abajo cenan en una pequeña terraza, se escucha el ruido de los cubiertos y un murmullo de conversación aburrida. En el vecindario, que se sepa, hay un adivino que juega a la primitiva. La superstición no pierde ocasión para desprestigiarse.

Frente al olvido siempre estará la voluntad de que algo no se pierda, aunque haya que evocarlo en cada inspiración. Y no me olvido: hoy es 3 de julio y mañana será 4.