Washington

Pongamos que estoy en Washington. Una ciudad que realmente no es una ciudad, es simplemente un lugar. Nadie puede encontrarme, aunque dudo que alguien ande buscándome. Hay cosas que no logro explicar bien. Ni aquí, ni en ninguna parte.

Antes de dormirme intento hacer un inventario de las cosas imperecederas. El listado de las cosas “para siempre”. No son muchas, y quizá empiecen con la sonrisa de mi madre, la voz de mi padre, la luz de aquella linterna que venía a socorrerme por las noches, el vermú de los domingos después de misa, o la alegría de los tres en cualquier parte. No olviden que estoy en Washington, y no es fácil dormirse. No importa el tiempo que haya podido pasar, pero sigue siendo siempre. Estoy totalmente seguro.

El sol siempre se pone, también aquí. Pero hay dos cosas que debo recordar: mañana volverá a salir, y el mejor lugar es siempre.

20130712-010114.jpg