(Mi) casa

Aquí el calor es húmedo. El verano en el norte tiene esta particularidad. Sudar no es malo. Esta casa se ha ido transformando, algunas estancias han cambiado de uso y casi todas han cambiado de aspecto. Por ejemplo mi cuarto ahora hace las veces de despacho, aunque conserva un armario ropero. Después de ser mi habitación fue la de mi abuelo, con el que la compartía, yo la usaba para estudiar y él para dormir. Ya no quedan rastro de las horas de estudio y de sufrimiento. El salón ha rejuvenecido, el suelo vuelve a brillar. El nuevo mobiliario no tiene la nobleza que aquella madera daba al anterior. La portería otorga un aire distinguido a la casa. En esta casa se nota que no hay niños correteando. Es cierto, pero todavía veo en el pasillo las ventajas de una pista de carreras o de una cancha apta para cualquier deporte inventado sobre la marcha. El baño no se parece en nada al de antes. Y las ventanas de madera han sido sustituidas por la robustez del plástico y el doble acristalamiento. Mi último cuarto es ahora un lugar de paso en el que se acumulan rastros de mis últimas vidas. La casa se ha vaciado. Antes y a todas horas los huecos estaban ocupados, en las tardes de domingo se respiraba un cierto jolgorio a la hora del café con pasteles.

Estoy escribiendo sobre una moderna mesa de cristal. Miro a mi alrededor y me pregunto si las paredes hablarán algún día.