El misterio continúa

No han regresado. El viento de la semana pasada ha abierto otra puerta del armario. Hay más zapatos, supongo que en los armarios no hay otra cosa. El cenicero ha caído y en el suelo hay varias colillas, en esta proporción: cuatro de tabaco negro por una de rubio. Él fumará ducados y ella le acompañará fumando de vez en cuando un marlboro. Estoy seguro de que cuando abra la puerta de la terraza, lo que le preocupará es que sus zapatos hayan estado expuestos al calor de estos días. Me gustaría verla descalza ante el armario, en el trance de decidir qué par calzarse. Si me lo permitiera le daría consejo. La alejaría de la tentación de ponerse esa especie de sandalias-botín con plataforma. Y le preguntaría si la colocación en el armario obedece a alguna razón. Así tendríamos un tema de conversación para suplir los silencios del ascensor. Pero, como comprenderán, no puedo sacarle el tema sin explicarme. Y la explicación suena rara. Según avanzo creo que no exagero si digo que ella es sus zapatos.

No sé dónde estarán. ¿Unas vacaciones largas? Un paréntesis para reencontrase. Demasiado tópico, pero alguien tiene que hacer los tópicos. Para no abandonarlos, anoto que en septiembre u octubre sabremos las estadísticas sobre divorcios veraniegos. En este caso, parecen estar bien avenidos. Nunca se sabe.

Queda dicho que cuando vuelvan, los observaré con más cuidado. Sin que ellos lo sepan, ni lo sabrán nunca, se han convertido en personajes de este diario. En un lugar como este no se estilan las relaciones de vecindad. Para que el experimento tuviera algún interés debería tratarlos con superficialidad, pero a una distancia que me permita contarles exactamente cómo son. Les tengo simpatía.

Mientras me duchaba Cohen cantaba ‘Take this waltz’. Soy tan mal bailarín como patinador, pero a mi imaginación no le importa. Solo ocurren las cosas que se piensan y solo la imaginación puede con los recuerdos.