Máquinas

He ido de aquí para allá muchas veces en Alvia, siempre con seguridad. Inspirado porque la máquina, ayudada por los raíles, podía con el margen humano. Parece que el error queda acotado a la velocidad y en las líneas más sofisticadas ni eso. He visto en algún sitio que el metro de una gran ciudad, que no recuerdo, se conduce sin tripulación, como los mini-trenes de los aeropuertos. Una especie de gran trenecito eléctrico en el que el maquinista no va de viaje. Así es la técnica, también se opera a distancia. La desconfianza que el hombre tiene al hombre se intensifica en estos casos. Nos gusta que en las cosas más arriesgadas, que voluntariamente hacemos, la intervención directa del otro sea la mínima posible. Los coches cada vez hacen más cosas por nosotros y seguro que llegarán a conducir. He leído que el 90 por ciento del conocimiento que tendremos en 2022, se habrá producido en la última década, es decir, que aun no tenemos ni idea. Los fallos terribles seguirán ocurriendo fatalmente, o quizá no, no tenemos ni idea. A todos los supervivientes, incluidos los que no íbamos en ese tren, las leyes de la probabilidad nos alejan de un accidente así. Pero el miedo es libre.