Cerrar

Durante un paseo después de cenar me he percatado que han cerrado dos negocios en el barrio. La crisis se mide también de esta forma. Convendría saber la historia de esas tiendas, los esfuerzos por aguantar un mes más esperando que las cosas cambien y finalmente, el repliegue o la asfixia. Nadie es inmune. No puedo imaginar calles sin bajos comerciales, sin comercios en los que nunca entraré pero que atienden a la clientela de siempre. ¿Quién ocupará los bajos? Hay muchas hipótesis, pero todas nos remiten a ciudades sin jugo. Sin embargo, triunfa el determinismo circular, volverán los buenos tiempos. En realidad nadie quiere ponerse en otra circunstancia, porque es inimaginable. A mí cuando era niño, aquellos mayores que habían superado de calle a sus padres, me advertían que nuestra generación no viviría tan bien. No entraré en el reparto de responsabilidades, pero lo cierto es que las hay. La pregunta que deberíamos hacernos es ¿qué será de quien todavía no ha nacido? ¿Les podremos decir que tendrán derecho a tener aspiraciones?

He vuelto a correr. No he dejado de pensar en el momento en que la mañana me ha dejado ser feliz.

Escribo la anotación de hoy, echo las cortinas, dejo que la noche de viernes avance discretamente y me duermo.