Cartas babianas (XLIX)

Queridos veraneantes:

Hoy es un día triste. El olvido orea aquellas cosas de las que nos queremos despojar. El tiempo nos da la distancia crítica como para que no podamos volver, incluso para que ni nos apetezca el regreso. El proceso consiste en resistir los primeros fogonazos, luego ir separando uno del siguiente y finalmente cavar y enterrarlos. Así somos. No obstante, las cosas realmente importantes, aquellas que son únicas, las conservamos (tenemos que hacerlo) y cuidamos que de una u otra manera no se deformen. Esto último, a la larga supongo que es imposible, pero al principio nos esforzamos para que el recuerdo nos lo devuelva intacto. Por eso yo quiero que este día siempre sea un día triste, me empeñaré en verlo así para no olvidar que hubo días en que era, sin más, el día de la fiesta de un lugar en el que, gracias a varias casualidades, aprendí a andar, precisamente junto a ti. Te escribo estas cartas como señal de que eres propietario de las cosas más importantes que sin darme cuento llamo mías. Tu respuesta nos tranquilizaría a todos, sé y ya te lo adelanto, que no te gusta este primer párrafo. Pero te repito que aun no puedo volverme con facilidad e insisto en que todo aquello que me importa lo he puesto a buen recaudo y muy lejos de lo que comúnmente se llama olvido terapéutico.

El día ha amanecido encapotado. Ayer al final del recorrido ya estaba nublado. Nunca pensé que podían perderse tantas bolas, y mira que yo juego mal. Acostumbrado a un campo fácil, blandito y donde desde el tee puede verse con facilidad la bandera, el de ayer me ha parecido una gymkhana imposible. Al principio el contexto puede con la dificultad, al fondo el mar y el verdadero límite del campo es un acantilado de unos cuantos metros. Pequeños barcos pesqueros faenan, mientras uso las maderas donde cualquier jugador que merezca este título tira de hierros. No hay rough sino hierba lo suficientemente alta como para comerse, una a una, todas las bolas del mundo. Al final el partido acabó siendo un duro entrenamiento. Ningún hoyo era lo que parecía y un green cuesta abajo y muy regado debería estar señalizado como precipicio. Este deporte, como casi todos, invita a superarse, es decir, a comprar más bolas.

En estos primeros capítulos de Newsroom, Sorkin debe de estar planteando el resto de la serie. Ha abierto muchos frentes, y está poniendo énfasis en las relaciones personales. En total tres parejas: el jefe y su productora que ya tienen un pasado turbulento en común y luego, entre cuatro periodistas que comenzaron desparejados. No puede ser que el guión ordene sus vidas, porque eso no ocurre en los guiones de Sorkin. Pondré toda mi atención en el personaje de Sloan, del que sabemos por ella misma que ha estado enamorada de un compañero de trabajo que a su vez salía con otra compañera a la que le gustaba un tercer chico, también compañero. Es evidente que esto no lo puede arreglar ni la televisión, por eso será interesante como lo resuelve. Al fondo, y eso tiene que solucionarse, el papel del periodismo en una democracia.

Justifico mis lecturas con esta cita de Chaves Nogales:

Hasta ahora no se ha descubierto una fórmula de convivencia humana superior al diálogo, ni se ha encontrado un sistema de gobierno más perfecto que el de una asamblea deliberante, ni hay otro régimen de selección mejor que el de la libre concurrencia. Es decir, el liberalismo, la democracia.

Para mí es una obviedad, pero sería ingenuo pensar que las obviedades se sostienen por sí mismas. Basta salir por ahí, por internet, para comprobar que las sirenas existen o al menos cantan.

Cuídense.