Cartas babianas (y LIX)

Queridos veraneantes:

Con esta carta cierro la correspondencia babiana. El verano ya ha pasado, y es para ponerse nostálgico. Las cosas van tan deprisa que me veo envuelto en los desvelos ordinarios. Pero como bien sabes, no puedo dejar de echar un ojo a lo que me rodea, sobre todo si me asusta. Es el fin del verano, pero los veranos ya han cambiado para siempre.

Internet sirve, además de para franquearte estas cartas, para que quepa la alegría por el mal ajeno. En realidad esta emoción es moneda corriente y está por todos los lados, ¿por qué internet y sus redes sociales iban a ser una excepción? Pues porque se supone que hay cosas que por su miseria, si no ocultarlas, conviene disimularlas. Internet tiene mucho de masa —también de minoría— y la masa se confunde con el anonimato, esa puede ser la explicación de esos tuits indigestos que se ufanan por el accidente grave que ha sufrido la delegada del Gobierno de Madrid. La explicación entomológica, claro. El que la gente corriente espute por tuits no merecería dos líneas de esta última carta. El caso es que algún político y personas públicas, después de un apretado ‘recupérese de sus heridas’ han venido a censurar su gestión. Es patético que un hombre público de ideas no pueda simplemente compadecerse y punto. Pero resulta muy grave que la excusa para afear la gestión, en el caso del señor concernido —el diputado Llamazares— ‘la vulneración de derechos’ no esté soportada por una resolución judicial. En este país (de todos los demonios) las vulneraciones de derechos las fijan los jueces, y atribuir a una autoridad una cosa así, sin fundamento es de una gravedad tal que no debe de ser capaz de concebir el tal tuitero. No obstante, me consta que no a todos los tuiteros les caben todas sus ideas en un tuit.

Me he entretenido con esto porque me parece especialmente repulsivo. Una persona grave en el hospital, y fuera se usa la cortesía protocolaria, fría y banal para hacer baja política.

Por lo demás la capital sigue en su sitio y las tareas en el suyo. En estos trabajos en las vacaciones uno para de trabajar pero el trabajo no se detiene. El principio de curso es un corto andén que ha de servir para subir a un tren en marcha. Estoy en ello.

Siempre es siempre, o un columpio a primera hora moviéndose en el parque, como si nunca se hubiera detenido.

Me despido, pensando en que los días volverán a traerte mis cartas. Un ejercicio desesperado que me alivia. Los alivios de este mundo son más simples de lo que parece, tú ya lo decías. Estoy seguro de que por interés, seguirás las demás anotaciones de este blog que suelen ser más discontinuas. Durante el año no es que no haya tiempo, es que nunca encuentro una rutina como en el verano. Para eso no soy nada metódico. Sabrás disculparme.

Cuídense.