[La zarzamora]

Estoy en mitad de la ciudad y no oigo nada. Silencio. Desasosiego: el reo que descarta pronunciar la última palabra. Caminar de espaldas a ninguna parte, para no perder de vista el horizonte.

[Ella está apoyada en la encimera, mantiene con las dos manos una taza de café. Mira por la ventana. A su lado hay un paquete de galletas. Está desayunando. Puede que de fondo hable la radio, sin embargo el silencio la aplasta. Más allá, suena la ducha, sin embargo no la oye. Su mirada choca con las montañas.]

[Él está sentado. Lee las noticias de la mañana, como si esperara encontrar algo. Alucina con ver su esquela y proseguir como si nada. El café se enfría pero lo toma a sorbos largos. Solo se oye el ruido del tráfico, que los cristales desajustados dejan pasar de la calle. Mira el reloj con insistencia.]

Me hubiera gustado escribir las acotaciones de escenas teatrales. Describir la situación y dejar para el artista el texto. Las cosas siempre pasan sobre un fondo, y extrañamente olvidamos que aquel día llovía, o que en la esquina había un señor asando castañas. No recordamos el detalle, pero con el tiempo la cabeza diseñará un contexto para el relato. Y donde solo había una oficina de Correos puede que haya una floristería en la que se ofrecían manojos de tulipanes a dos euros.

En los ejemplos, la acción de los personajes es secundaria, resulta más importante lo que digan, cómo lo digan o qué harán. Ellos no ven el fondo, pero el espectador lo necesita. La soledad puede ser la oscuridad del amanecer o un café frío. En ese caso, poco importa lo que suceda en la siguiente escena. Fin.