Otoño

El otoño ha irrumpido y la ciudad es otra. Encharcada y ligeramente desapacible se prepara para borrar el pasado. El trabajo de limpieza de cada año. La incógnita de cuánto durará y si será muy duro. Llega un momento en que esta estación, sin acabarse, pierde su perfil y todo el mundo creerá que es invierno. Sobrevive en el matiz cromático de los ocres y los bosques a medio deshojar. Aquí es imposible verlo u olerlo. En el norte, después del Rosario, se desatará “el viento de las castañas” y luego vendrán las provisiones del sanmartín.

Representa una metáfora de lo que se acaba pero no muere. Una resistencia íntima y dolorosa frente al silencioso paso del tiempo. No consigo concentrarme del todo y recaigo en la peripecia del nunca y siempre. Así sobrevivo.

Ayer he salido a correr, y como si nunca lo hubiera hecho antes, he quedado sin fuerzas. No he podido acabar y ni siquiera esto pudo ponerme en marcha.