Cartas babianas (LXI)

Queridos veraneantes:

Aquí amanece muy lentamente y el sol solo se abre paso a partir de las diez, momento en que los gallos empiezan a cantar. En el barrio no se oye nada hasta las once de la mañana. Por la noche la brisa se detiene pero el ambiente refresca. Solo silencio. Las leyes que gobiernan este lugar son las propias de un centro comercial, donde la soledad de la noche solo puede compararse a un cementerio.

Como siempre me ocurre, quiera o no, acabo por madrugar. Desayuno un café largo, leo la prensa, atiendo el correo y mientras el mundo se activa me pondré a leer. Interrumpiré la lectura para darme un baño y continuaré hasta el almuerzo. La rutina es maravillosa. Sobre todo porque en Greenland solo hay sitio para el sobresalto perpetuo.

En un día como hoy me gustaría ocultarme o prolongar aquellas tardes que parecían ciertas y observar la facilidad con que hacías tuya, nuestra felicidad. Siempre será un día agónico y extraño tupido por la doble y causal coincidencia.

La prensa lleva meses haciendo especulaciones con el papel político que tendrá ‘Podemos’. No estoy seguro de si creen o quieren creer que algo nuevo, radicalmente distinto va a suceder. Sin embargo, no encuentro datos para tanta emoción. Lo que ha ocurrido esencialmente es que el principal partido de la oposición ha perdido su capacidad de ser alternativa. Digámoslo con toda prudencia, pero su último periodo de gobierno ha producido desafección. Tampoco puede olvidarse que su base tradicional está desapareciendo, sus votantes se hacen mayores.

En una democracia, un espacio libre tiende a ser cubierto. Al tiempo que el desplazado intenta resistir. Hasta ahora con muy poco éxito, pero no ha pasado el tiempo suficiente, por eso muchas de las conclusiones que pueden leerse me parecen excesivas. De momento.

‘Podemos’ es un discurso utópico con ramalazos demagógicos, que pretende introducir un lenguaje ventajista (por ejemplo determinando quien es ‘casta’ y quién no lo es), que haga imposible la discusión racional. Su resultado electoral se debe más a las causas que a sus promesas. Tienen el mérito de haber convertido el diagnóstico de la situación en un programa electoral. La política exige poner el énfasis en el tratamiento y en las propuestas de cambio. En esto todos los demás partidos gozan de la ventaja práctica, pero fallan en su ilimitada autoconfianza.

Al lado, aparece el asunto catalán, justamente enturbiado por los desmanes de sus timoneles. La ancestral y vernácula laboriosidad convertida en lucrativo fraude y cinismo político. Esta circunstancia puede ayudar a poner las cosas en su sitio, aunque no era necesario para saber de las intenciones nacionalistas.

Precisamente ayer he acabado de leer el magnífico libro de Juan Pablo Fusi, ‘Identidades proscritas’. Si repasamos todos los nacionalismos que nos acompañan (Escocia, País Vasco, Quebec…) ninguno ha tenido un respaldo mayoritario acorde con la representación que se han arrogado. En otras palabras, ha habido otros actores por los que ha optado ‘el pueblo elegido’. Rompiendo la idea metafísica del monopolio político y espiritual.

No me resisto a la cita:

(…) las mismas nacionalidades y regiones nacionalistas (País Vasco, Escocia, Québec, Irlanda…) se forjaron en la historia como sociedades plurales. Eso explica que el nacionalismo haya sido en ellas, y sea, factor de división política y de polarización interna.

Cuídense.