Politics & Penguins

Los pingüinos serán la referencia etic, los impasibles observadores. Hecha esta aclaración puedo comenzar, al fin y al cabo, la primavera ya se ha desatado. Los pingüinos nunca deberían escribir las biografías de los políticos. Lo he aprendido al pasar la última hoja del magnífico libro de Roy Jenkins sobre Churchill. Después de más de mil páginas cualquier pingüino podrá imaginarse cabalmente lo que significa gobernar, hacer política y el eco que reverbera en cada uno de los dilemas que hay que afrontar. Al lado de cada gran tema hay un detalle que la Historia considerará banal, pero que sin embargo, habrá definido el acontecimiento. Una carta o un comentario crítico al último discurso, un desplante, o no haber sido invitado a una cena. El poso amargo que a veces dejan los días. El pingüino nunca lo verá y si lo hace lo deformará en la exageración del hallazgo. Pronto veremos como se publica la colección de correos, mensajes o whatsapps de los políticos eminentes. Nunca la conversación escrita se ha parecido tanto a la hablada, pregunta y respuesta. Pero solo alguien que haya estado en política podrá colocarla en sus justos términos.

Churchill es un personaje tan transparente que era necesario descubrirlo, es decir, desvelarlo a través de sus decisiones, sus tácticas, sus silencios, sus cambios de humor e incluso de partido. Se confirma que a sus discursos les prestó sus mejores horas, y se nota.

Puede que llegue el día en que el juego limpio, el amor a los otros hombres, el respeto por la justicia y la libertad, permitan a generaciones atormentadas marchar hacia delante serenas y triunfantes después de la espantosa época en la que tenemos que vivir. Entretanto, jamás hay que acobardarse, jamás que cansarse, jamás hay que desesperarse.

Un buen político conoce siempre a quien se dirige, por eso usa las palabras precisas y por eso nunca se detiene ante el futuro ni se vuelve constantemente atrás en busca de un pretexto, una explicación o un dato técnico, ni siquiera en su última intervención.

A los pingüinos cada vez les interesa más lo que hacen los políticos. Los políticos se han dado cuenta y han comenzado a dejar que vean lo que antes no parecía importarle a casi nadie. Por mucho que las normas constitucionales y de representación sean las mismas, los términos de la delegación están cambiando por momentos. La confianza ya no se presume y la responsabilidad ha pasado de ser un concepto vago asimilado a la revisión cuatrienal a una responsabilidad del caso concreto.

Me he decidido a hablar de los pingüinos y de la política, así que continuará.

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Ha sido el primer gran éxodo de este año. Hay mucho sitio para aparcar y el barrio se queda vacío, salvo por algún distraído visitante. Desaparecen las distancias y disminuyen los ruidos. El vecindario también se ha ido y el largo pasillo está más desalmado que de costumbre. Este es un edificio de paso, una especie de gran colegio mayor en el que solo permanecen los recalcitrantes. En cada puerta hay una historia de viajes y aventuras. También de huidas precipitadas en las que los inquilinos abandonan todos sus enseres, porque la fuga lo merece. Fantaseo con que nunca regresen a su lugar de origen. Pero se van con pesadas maletas y eso me hace sospechar en que solo quieren aligerar su equipaje, se van donde los esperan.

Otros en cambio vienen contando grandes historias. Se mudan para alejarse de un amor fallido, y se aferran a la idea de que en casa nueva, vida nueva. Son esas personas que necesitan cambiar de lugar los muebles, al menos, una vez al año. Acaban descubriendo que nada de lo que tienen es realmente nuevo. Con el tiempo se irán, puede que encuentren un vecindario más distinguido que no los conozca y mientras dure su anonimato durará su felicidad.