Series políticas

Las series son uno de nuestros principales entretenimientos. Una trama dividida en capítulos sucesivos, que sin embargo puede consumirse de golpe. La televisión convertida en una novela que se puede llevar a cualquier sitio. Socialmente cumplen una misión formativa (ejemplarizante) que ningún otro agente podría hacer. El fin principal de toda ficción es tomar la realidad. Por eso nunca he entendido que el dicho: «la realidad supera a la ficción», se presente como una paradoja. La verdadera vocación de la ficción es alcanzar a la realidad, en otras palabras, la ficción siempre va por detrás. Solo cuando triunfa el modelo que propone, cuando ese es su objeto, podría decirse que adelanta a la realidad.

Todo esto para tratar de explicar que las series de médicos acaban por crear más médicos, las de abogados más abogados… Si una sociedad quiere tener mejores abogados, una buena forma de conseguirlo es proponiendo un modelo atractivo, ¿cómo? a través de una serie de televisión. Creo haber leído en algún sitio una correlación entre las vocaciones jurídicas de los años 80 y la famosa ‘Ley de Los Ángeles’.

Últimamente han ido apareciendo series políticas. ¿Será un intento de mejorar nuestra clase política? Buscamos a un Presidente como Barlet, o la vacuna contra la falta de escrúpulos de Underwood. La idea, por necesaria, no parece descabellada. Mientras que ‘West Wing’ nos ofrece un modelo (el deber ser), ‘House of Cards’ nos describe, pensemos que hiperbólicamente, el ejercicio político real (el ser). El éxito de estas dos series demuestra que existe un interés real por la política. Se ven los intereses que mueven a los políticos, que podrían reducirse al de su supervivencia, pero también, los dilemas que les salen a su paso.

En un sistema democrático el instinto de mantenerse en el poder, en principio no es malo, equivale a conseguir la mayor adhesión del cuerpo electoral. Sin embargo, cuando esa es la única preocupación del político diremos, peyorativamente, que son populistas. En consecuencia aceptamos que las decisiones políticas son complejas y que en ocasiones, las mejores no dan lugar a un aplauso general e inmediato. Siguiendo el argumento, el votante racional está dispuesto a admitir como óptimas, decisiones que no le beneficien; de lo contrario, el populista sería el gobernante deseado. Apurando la conclusión, el político ideal debe estar dispuesto a perder, es decir, debe actuar contrainstintivamente. Churchill ganó la Guerra y perdió las elecciones, pero un tiempo después volvió a ganarlas.

Ningún problema tiene una solución fácil, llegados a un punto, el político solo trata con dilemas, con soluciones que siempre son difíciles. El argumento de estas series siempre se arma sobre un dilema. Los espectadores vemos la justificación que sirve para desmontarlo, y las contradicciones que forman el irreductible núcleo de la decisión política.

Los políticos deberían darse cuenta de que los ciudadanos conocen estas circunstancias y actuar de acuerdo con ello.

‘Borgen’ es la serie europea que muestra el interior de la política parlamentaria de Dinamarca, con el interés añadido de que el poder está diseminado en varios partidos y el pacto es imprescindible. Con los tiempos que corren será bueno que todos la veamos aquí.