¿Y mañana qué?

El día de reflexión terminaba con un concierto en directo de Vetusta Morla. Siempre resultan armónicos, y sus enigmáticas letras huyen a carreras de lo obvio. «Las palabras que no existen nos pueden salvar» es una cáscara en la que pueden viajar grandes ideas, sobre todo en un día como hoy en el que estamos obligados a pensar en mañana. Cosa que no hacemos a menudo y no siempre porque no queramos.

El voto oculto es clave. Se supone que es el voto inconfeso que las encuestas no pueden detectar. A estas horas todo el mundo tiende a pensar que es su voto, la inercia de creer lo que nos conviene. Sorprende que los partidos acepten mansamente que hay personas que no se atreven a decir en público que los votarían. Al fin y al cabo lo que cuenta es que finalmente los voten.

Este fenómeno es una manifestación más de la distancia de la política realmente existente y los ciudadanos. A estos les cuesta confesar su preferencia ideológica y a aquellos no les importa demasiado.

Empíricamente el voto oculto –al menos para las encuestas– en las últimas elecciones nacionales, las europeas, ha ido a parar a Podemos y en menor medida a Ciudadanos. Veremos si esta noche se puede decir otra cosa.

Para los que no hemos vivido la Transición, estas elecciones tienen especial interés. Hasta ahora el esquema político se movía entre dos grandes partidos nacionales que gobernaban en solitario o apoyados por los nacionalistas. IU se mantuvo al margen de la suma de mayorías, en el ámbito nacional. Sin duda, por decisión propia y suponemos que estratégica, pero también, porque la falta de senadores planteaba problemas prácticos a su socio natural, el PSOE. Este esquema se va a romper y posiblemente las muletas serán otros partidos, sin descartar que las mayorías hasta ahora apoyadas se conviertan en minorías de apoyo. El experimento ya se ha producido a escala autonómica, donde el PP ayudó a un gobierno autonómico de CiU, mientras CiU apoyaba al gobierno nacional del PP. Y el PSOE formó coalición con el PNV en el País Vasco, quien también sostuvo al gobierno nacional del PSOE.

Hasta 2004 la lógica de gobierno no obedecía a la lógica izquierda/derecha, puesto que los dos grandes partidos de cada ala se apoyaban en los mismos partidos. A partir de las dos anteriores legislaturas, se gobernó en base al eje izquierda/derecha, los gobiernos del PSOE buscaron la alianza de ERC, nacionalistas pero de izquierdas, con perdón del oxímoron y una mayor complicidad con IU.

En 2015 el panorama político nacional parece que va a cambiar, los nacionalistas dejarán de ser decisivos en el gobierno de España, sin dejar de reinar en sus territorios, mientras que, al mismo tiempo, emerge un partido que quiere la hegemonía de la izquierda española (Podemos) y otro (Ciudadanos), que en el corto plazo, podría ser bisagra para formar mayorías con los dos grandes partidos.

Para continuar habrá que esperar a que se esclarezca el voto oculto. Momento en el que ya no habrá sitio para la especulación y el consuelo.