Cartas babianas (LXXII)

Queridos veraneantes:

Estas cartas que echo aquí para general conocimiento, significan el comienzo de las vacaciones. Ese episodio breve al que siempre confiamos más de lo que nos puede dar. Tranquilidad, descanso y lectura. Además de otras aspiraciones inducidas que no siempre contribuyen al bienestar. El descanso importante es el de diario, o el finisemanal. Sin estos, las vacaciones podrían ser una excepción graciosa a la esclavitud.

Hace sol y está fresco. Los agostos aquí nunca son sudorosos, se agradece cuando se dejan atrás las noches largas, calurosas e insomnes. El silencio lo envuelve todo y hace que cualquier ruido cotidiano, un silla que se arrastra o el agua circulando por el fregadero adquiera un protagonismo extraño, que no sofoca el ruido exterior y constante de la ciudad. Como el ruido, el silencio absoluto puede conducir a la locura. Aunque también al ensimismamiento que no siempre es malo.

Después de este verano vendrán otros en los que volverá a ser un espacio infinito de libertad. Tan grande que acabará lindando con la impaciencia de que el curso empiece. Cuando llegue ese momento, estas cartas describirán un mundo más ruidoso, poblado de juegos y risas. Durante un tiempo, ni muy largo ni muy corto, todos los veranos son un único verano. Los esperamos con tanta ilusión como impaciencia.

Al otro lado de la montaña sopla el viento Nordés y brilla el sol. Una combinación extraña para el veraneante común, es decir, para mí. Ya se sabe que aquí el tiempo es variable y nos somete a permanente amenaza. Algunos, los más atrevidos, dicen que se trata precisamente de lo que somos. Convierten, con naturalidad ontológica, la fatalidad en esencia, tal y como si dijeran «somos mortales». Nunca nos ha quedado otro remedio.

Espero poder ir dando cuenta de todas las previsiones. Me he traído varias lecturas empezadas para rematarlas. Tal vez sea buena ocasión para comprobar si las hechas han dejado algún poso que merezca la pena. En el baúl he metido también un gran libro sobre la interpretación económica del Derecho, al que atenderé como pueda. Y en medio de todo eso un ensayo de cómo funciona el Tribunal Supremo americano. Muchas cosas, como si pudiera hacerlas todas. Tampoco estoy muy seguro de que sirvan para algo, lo diré en claro, no sé si todas pasan por mí sin dejar el menor rastro.

Estas cartas me ayudan a ponerme en orden y siguen siendo un esforzado ensayo para hacerme entender.

Cuídense.