Cartas babianas (LXXV)

Queridos veraneantes:

La previsión meteorológica se cumplió. A las 16 hs. el cielo comenzó a encapotarse y a partir de ese momento las cosas empeoraron hasta que acabó lloviendo. De la forma que en verano lo hace en esta apartada región, es decir, lluvia persistente y muy fina. Ha amanecido un día gris y tristón, que no tiene nada que ver con el verano de los escaparates.

Antes de que el tiempo se chafara, una cosa es que esté nublado y otra que llueva sin descanso, hubo ocasión para unas horas en la playa y el primer baño en el Cantábrico. Arena pizarrosa y la temperatura del agua fría pero aceptable.

El resto del día, como imaginarás, en casa refugiado en la lectura del libro de memorias europeas de Francisco Sosa Wagner. Un libro estupendo que resulta difícil dejar, una narración ágil e irónica sobre las peripecias que como eurodiputado ha vivido el autor. Al fondo de la narración sus comentarios políticos, sus comidas, la descripción de ciudades, viajes, la música y sus lecturas. No quiero repetirme, pero sin ninguna duda ha sido el autor de Derecho Público que más he leído y que más me ha hecho pensar. Junto a él, Alejandro Nieto, ninguno de sus libros o escritos tiene desperdicio. Cuando acabe el libro te contaré con más tranquilidad.

Me he traído también un libro sobre la polémica entre Schmitt y Kelsen a propósito de la defensa de la Constitución. Lo había comenzado hace tiempo, pero creo que es un buen momento para retomarlo. Al hablar de la defensa de la Constitución hablamos de defender los principios básicos de nuestra forma de vida política. No solo de cómo nos organizamos, sino también qué valores nos inspiran. Está claro que cuando uno de esos valores es la libertad, se necesitan arbitrar mecanismos de protección y defensa. Los golpes de Estado no solo se hacen a través de pronunciamientos militares, el caso alemán con la crisis prusiana de fondo es un buen ejemplo de cómo puede laminarse el orden constitucional de otras formas más subrepticias. Los romanos, en tiempos de la República idearon la dictadura como sistema excepcional para restablecer el orden en caso de que este fuera desafiado. Cincinatus ejerció en dos ocasiones la dictadura por el tiempo estrictamente necesario para que las aguas volvieran a su cauce. Por tanto, es muy antigua la idea de defensa del sistema de gobierno establecido. Al menos, prometo dar cuenta del estudio preliminar que lleva el libro.

Por no abandonar las lecturas, también me he traído para acabarlo, un libro sobre el conflicto palestino-israelí que resulta interesante por su visión equilibrada.

El día será tranquilo y habrá que moverse. Al fin y al cabo el orbayo es la salsa en la nos tenemos que cocer los asturianos. La humedad no tiene fácil antídoto, es dueña de una indomable sensación térmica que llega hasta los huesos y no es fácilmente expulsable. Te diré que el método que se emplea aquí, es estar de fiesta un mes entero. Se dificulta el motín de los visitantes, y a los lugareños les complace tener una excusa para no estar encerrados en casa. Aunque sabes bien, que en el Norte se vive fundamentalmente de puertas a dentro, incluso en el verano.

Lo contaré, mientras tanto déjame que anote que cada año tengo la impresión de que el curso político se alarga más. Ayer, Obama presentaba su paquete de medidas para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, y no tenía cara ni cuerpo de vacaciones. No puede pasarnos desapercibido que al cambio climático le haya declarado la guerra Estados Unidos, es una gran noticia.

En las citas de la biografía de Torcuato Fernández-Miranda, de la anterior carta, se me olvidó anotar quizá la más importante: el prólogo que había escrito para anteponer al articulado de su Ley de Reforma Política. La ley se publicó sin preámbulo porque era demasiado explícito, te lo transcribo porque creo que es la prueba irrefutable que pone fin a todas las suspicacias sobre la voluntad real de ese gran hombre.

La Democracia no puede ser improvisada; ha de ser el resultado y el trabajo de todo el pueblo español. Nuestra dura historia contemporánea, desde las Cortes de Cádiz, demuestra que las creaciones abstractas, las ilusiones, por nobles que sean, las actitudes extremosas, los pronunciamientos o imposiciones, los partidismos elevados a dogma, no solo no conducen a la Democracia, sino que la destruyen.

Bienaventurados sean los políticos pragmáticos, si es que de otra clase puede haberlos.

Por favor, cuídense.