Cartas babianas (LXXX)

Queridos veraneantes:

La bondad meteorológica ha hecho que altere los horarios en los que escribo esta carta. Hace buen tiempo y salimos a trotar mundo y a reposar el trotado en un arenal.

Una semana de esparcimiento que ha cundido, supongo que por la urgencia de su necesidad. El mérito debe de estar en encontrar momentos de descanso dentro de la rutina. Es una tarea difícil porque el tiempo, tanto en Greenland como en West Wing se escapa sin que apenas uno se dé cuenta. He aprendido a hacer cosas muy rápido, me río yo de las urgencias ordinarias, y sumamente breves. Supongo que cuando vuelva a mi actividad de siempre agradeceré esta habilidad. Aunque en el mundo jurídico las cosas siguen considerándose al peso. Con frecuencia, la idea que puede resumirse cabalmente en un párrafo se repite las veces que sea necesario para que acabe cubriendo las páginas que el auditorio espera. En la práctica forense se amontonan los folios a los que el juez no puede prestar la atención suficiente, por no tener tiempo físico para ello. Aunque esto sea una verdad conocida, las demandas y contestaciones siguen siendo extensas. Supongo que proporcionan una coartada convincente para la también abultada minuta que se girará al cliente, por lo general lego. Puede ocurrir que como se trata de una práctica ampliamente seguida, ningún abogado se atreva a contestar a 120 folios con cuatro caras bien fundadas, por temor de que el juez, con prejuicio, las desestime directamente porque el asunto merecía más espacio.

En este tiempo, he descubierto la necesidad de que las normas sean útiles. Puede que el amable lector masculle, «elemental querido Watson», el caso es que no siempre es tan elemental. Cuando se redactan desde la perspectiva utilitaria suele objetarse que adolecen de relativismo, el tan manido fin que justifica los medios. Para que esto no ocurra, una herramienta útil es la interpretación económica del derecho. Por ejemplo, para dar preferencia a un uso frente a otro, en caso de que haya conflicto entre ambos, quizá resulte conveniente ver qué uso es el más valioso. Y no conformarse con que el más antiguo se imponga. Resulta muy interesante aplicar el teorema de Coase al derecho y extraer consecuencias, sobre todo, desde la perspectiva del legislador.

Para explorar esta vía, estoy leyendo a Richard Posner y su manual ‘El análisis económico del derecho’. Muchas veces, estos razonamientos se utilizan intuitivamente, supongo que si se conocen bien, serán más eficaces. Al menos, creo que esta referencia me podrá ayudar, aunque en muchos casos no sea pertinente aplicarla.

Tengo la necesidad de entrenarme para estar lo mejor preparado cuando regrese a mis tareas de siempre. De momento, a partir de mañana empezaré a repasar cosas serias, como quien rellenaba un cuadernillo de vacaciones, solo para no perder el paso.

Cuídense.