Cartas babianas (LXXXIII)

Queridos veraneantes:

La carta de ayer no pude enviártela por culpa de la mala conexión. El desorden es consustancial al verano. Sé que no causa ningún quebranto, pero me gusta ser fiel a la costumbre de parar y escribir. Así que si hoy puedo recuperaré al carta perdida.

Por fin el cielo se abrió de par en par y, por la tarde llovió como si fuera otoño. Antes, un calor húmedo y plúmbeo producía dolor de cabeza. La insalubre humedad. Me gusta ver cómo llueve, sobre todo cuando a la lluvia no se le acaba el fuelle, y dicta sobre las ventanas un telegrama inacabable.

El ambiente solo era propicio para la contemplación. Intenté leer pero fue en vano. Así que he dado muchas vueltas, y he cocinado un guiso de carne. Hoy se verán los resultados. Por el momento, puedo decir que se trata de carne de ternera, que doro en la sartén. Luego un sofrito de cebolla, al que añado ajo y perejil machacado en el mortero y lo ligo. Después, añado la carne con su jugo y dejo que se haga. Este plato, hecho por mí, tiene dos riesgos, que la carne se quede seca y se acartone y segundo, la insipidez. Este último parece un riesgo obvio, pero no lo es tanto, porque es forzoso reconocer que tiene mérito privar de sabor a una carne con salsa, pero en ocasiones lo consigo.

Ayer perfectamente guiado descubrí un texto en el que se glosa un discurso de David Foster Wallace, titulado ‘Esto es agua’, en el que subraya la importancia de cómo se contempla el mundo. La realidad nunca puede sepultar a quien mira, el sujeto debe sobreponerse al predicado, lo que sintácticamente no es fácil. El razonamiento desemboca en que «la verdad con V mayúscula (…) tiene que ver con llegar a los treinta años, o incluso a los cincuenta, sin querer pegarte un tiro en la cabeza». Lo cierto es que esta cruda apreciación no impide que haya múltiples y pequeños detalles que te alejan del hastío y de cualquier género de indolencia. Y no solo por la forma entusiasta con que miras a la realidad, sino por quienes te proporcionan puntos de vista distintos y muy atractivos. Sobrevivir, debidamente ayudado, no es difícil por fortuna.

Me gustaría ser capaz de escribirte una carta sobre la rutina, cómo la observo, y cuáles son las herramientas que me ayudan a verla con buenos ojos. Ahora disponemos de muchos medios que nos ayudan, en cualquier momento y desde cualquier lugar. El hallazgo del texto de Wallace ha sido un ejemplo.

Cuídense.