Cartas babianas (XC)

Queridos veraneantes:

Los países con democracias poco consolidadas pueden ser pasto de intentos de golpe de Estado. Nosotros lo sabemos bien y aunque no fue el único, si fue el más llamativo, aquel 23 de febrero en el que los golpistas tomaron el Palacio del Congreso en medio de la investidura de un nuevo presidente. Todos los golpes de Estado presentan sus motivos, y todos, sin ninguna excepción, pretenden establecer un orden que creen conculcado. La mayoría de los golpes instauran un régimen autocrático, una dictadura militar o religiosa, o las dos cosas juntas. Muy pocos hacen lo que hizo Cincinatus, restablecer el orden y volver a arar la tierra. Roma es el ejemplo universal, los demócratas en la piel de Ciceron y su vigilancia de los valores republicanos, y los golpistas en el dictator romano.

Casi nunca se repara en los golpes que se frustran, y si se hacen en medio de un régimen democrático el post-golpe es definitivo. Si tomamos el ejemplo de nuestro 23-F, nos encontramos con un juicio y una sentencia: el Estado de derecho. Sabemos que nunca es definitivo, pero también que es lo más definitivo del mundo. Un juicio es una buena forma de zanjar un asunto complejo y delicado, piénsese en Nuremberg. Y póngase en relación con Guantánamo. Todo está inventado.

Las noticias que llegan de Turquía parece que apuntan a otra cosa distinta. Después del golpe se abre paso una retorsión no reglada, y que alcanza a estamentos del país que en principio no parece que hayan intervenido en el golpe, como los jueces. Sabemos por la Historia que el fin del Estado (de derecho) suele empezar por las purgas de los jueces. Observemos, porque hubo quien dijo que el partido en el gobierno de Turquía era una especia de democraciacristiana (islámica).

Por acabar con Hamilton, sabes de sobra que murió en un confuso duelo con el vicepresidente Aaron Burr. No se sabe bien, si fue por motivos personales o causas políticas. Pero, conociendo el final poco importa. Déjame que te apunte una interpretación psicologista que tiene que ver con un antecedente. Uno de los hijos de Alexander Hamilton murió en un duelo años antes, se dice que fue por defender el honor de su padre. Y que su padre le pidió que no disparara al cuerpo del contendiente, esperando que él hiciera lo mismo y las balas se perdieran, dando por despachado un duelo incruento. Él hizo lo mismo, pero el vicepresidente Burr tiró a matar.

Pero está bien, que el gran Alexander Hamilton escriba las últimas letras de la carta de hoy. Primero los motivos que él mismo se dio para no acudir al duelo y segundo la razón para acudir.

1)porque era acto inmoral; 2) porque podía destruir a su familia; 3) porque podía dejar deudas sin pagar; 4) porque no había ninguna razón personal contra Burr, sino únicamente razones políticas.

A aquellos que, aborreciendo como yo la práctica del duelo, pueden pensar que no debería aumentar el número de los malos ejemplos, les contesto que mi relativa situación, tanto en público como en privado, al reforzar todas las consideraciones que constituyen lo que los hombre de mundo denominan honor, me impone, o así lo pienso yo, la necesidad de no declinar la citación.

Cuídense.