Cartas babianas (XCIII)

Queridos veraneantes:

En el campamento no es fácil encontrar un minuto de tranquilidad para escribir. El ritmo del campamento es incompatible con cualquier otra circunstancia que no sea la rutina y los continuos imprevistos del campamento. Esta clase de vacaciones resultan inolvidables, como aquellos veranos de bocadillo y playa en San José o en Malgrat, donde éramos más tropa que familia. Así se escriben las historias heroicas que nunca podrán ocurrir en los inviernos solitarios. Como aquella ocasión en la que después de presentarnos a las hermanas de la terraza del apartamento de enfrente, antes de que pudieran reaccionar, literalmente nos tiramos cuerpo a tierra. Es fácil imaginar que ellas no lo habrán olvidado. Nosotros tampoco, entre otras cosas, porque aquel suelo ardía. Ahora la perspectiva cambia, y basta la alegría de ver cómo se va tupiendo, paso a paso, una de esas invencibles historias que pertenecen a la infancia, de la que no me cansaré de repetir que es la verdadera patria.

El tiempo ha acompañado. Un cielo azul inigualable, al fondo las calizas grises que forman la divisoria entre allí y aquí.Una frontera que hace mucho tiempo que se ha borrado.

Ha muerto Gustavo Bueno. Ninguna de las necrológicas da cuenta de quién fue realmente. Es una pena que en vida no haya tenido todo el reconocimiento que merece. Yo lo leí y seguí a través de mi hermano, y gracias a él he aprendido muchas cosas. A él, y a algunos de sus discípulos. Su lectura no es fácil pero merece la pena, porque apunta directamente a los asuntos que, aquí y ahora, nos importan a todos. La Filosofía está asediada y ha desaparecido prácticamente de la enseñanza secundaria. Incluso ahora, se planea suprimir directamente alguna Facultad de Filosofía. Es un signo, nada halagüeño, de una época en la que la sociedad parece haber desistido del ideal ilustrado de aumentar el conocimiento y extender la razón. La perseverancia de Gustavo Bueno hace que no debamos perder la esperanza y que podamos confiar en que la filosofía se restaurará como saber de primer grado. Quienes en su despedida ponen el acento en su lado polémico –como si un filósofo pudiera permitirse no serlo–, vuelven a destapar ese sectarismo rancio y dogmático que distingue a parte de nuestra academia. Su obra permanecerá y su sistema, el materialismo filosófico, se desarrollará. Un buen ejemplo es el magnífico libro ‘La idea de ciencia en el Derecho’ en el que su autor, Jesús Vega, interpreta desde el materialismo filosófico el debate de la cientificidad del Derecho.

Al otro lado de las calizas hace calor pero el día está oscuro, según las predicciones es posible que hoy y mañana llueva. Aprovechando la tranquilidad retomaré la correspondencia, e iré dando novedades.

Mientras tanto, España empieza a convertirse en un país sin gobierno, al borde de las terceras elecciones. Parece que todos esperan que el cuerpo electoral les dé la razón, cueste lo que cueste. Así, mientras nuestro sistema constitucional es un monarquía parlamentaria, en la práctica se comporta como un sistema mayoritario, en el que solo una amplía mayoría puede gobernar. Si es así, conviene corregir cuanto antes las normas y adaptarlas a lo posible. Déjame que termine con una paráfrasis libre: este país de todos los demonios donde media España gobierna sobre la otra media.

Cuídense.