Cartas babianas (XCV)

Queridos veraneantes:

Todos sabemos quienes somos o quienes podíamos haber sido. Conocemos nuestras circunstancias y podríamos señalar las veces que nos equivocamos. Es posible que si se dieran idénticas circunstancias nuestro curso de acción sería otro. Aunque estos análisis no pueden hacerse a la vista de las consecuencias, sino a la vista de las causas, para evitar caer en la red de la falacia retrospectiva. Pero puestos a teorizar, si viviéramos dos veces con la información que ahora disponemos, buscaríamos los mismos resultados con otros medios o directamente, trataríamos de alcanzar otros objetivos. Fin del cuento. No es posible.

Lo que sí es posible es pensar qué le ocurrirá a él, cuando todo empiece en serio. La responsabilidad del consejero es mucho mayor de lo que comúnmente se piensa. Creo que lo mejor es dar pocos consejos y pensarlos muy bien para que sean buenos. El primer esfuerzo será descartar que la experiencia propia es universal, lo que obliga a retirar, en la medida de lo posible, nuestro propio cedazo. La experiencia sirve, pero no soluciona todo. No hay divisa peor que aceptar sin más, el siempre se hizo así. Sobre esto habla nuestro Oakeshott, al que todavía debo dar el tiento definitivo. Quizá lo primero sea advertir que un consejo solo es eso, un consejo.

Sentarse en una playa frente al mar siempre es alucinante. El ruido de las olas y el murmullo de la gente –hormiguillas frente al océano– intercalan perfectamente a la civilización y a la naturaleza. El hombre casi desnudo al lado del agua, regresando, por unas horas de nada, a un mundo escondido en las bibliotecas. Su cara viendo el mar por primera vez es difícil de describir. Sus ojos se abrían de par en par, y miraba al mar y a la arena, a un lado y a otro. No sabía dónde estaba, ni qué pintaba allí. Tocaba la arena y se echaba a la boca una piedra. Pero no podía dejar de mirar a uno y otro lado, cómo para comprobar si la sorpresa era generalizada o no. Supongo que creyó que sí, a juzgar por nuestra reacción de antropólogos en medio de un experimento. Durante un tiempo pensará que sentarse frente al mar en una playa es algo normal, pero pronto descubrirá que siempre es algo alucinante.

El tiempo se ha separado de la predicción, hace sol y calor. No es frecuente, teniendo en cuenta que en nuestros bolsillos llevamos a un meteorólogo, y consultamos una docena de veces lo que nos deparará el tiempo en las próximas horas. Así son los veranos en el norte, pura improvisación; pero no tanta como se cree.

Hoy es fiesta en todas partes. Disfruten y cuídense.